Una herencia por cobrar

Los suelos de la Herencia Nadal, con los que Estepona albergó el sueño de una universidad, siguen bloqueados en un laberinto urbanístico

Finca El Ciprés. Ocupa 300.000 metros y su desarrollo está supeditado a un sistema general universitario de cesión obligatoria./SUR
Finca El Ciprés. Ocupa 300.000 metros y su desarrollo está supeditado a un sistema general universitario de cesión obligatoria. / SUR
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Una anciana que murió con la frustración de no haber podido estudiar, un testamento que ardió durante la Guerra Civil, herederos que murieron sin descendencia, una sociedad vinculada a la Iglesia que realiza una administración ruinosa, la promesa de una universidad nunca concretada, un negocio fallido en medio de la euforia que infló la burbuja inmobiliaria, las expectativas frustradas por la crisis económica, absorciones bancarias... La historia de la conocida como Herencia Nadal supone un recorrido por un siglo de historia de España que bien podría alimentar una serie cuyo desenlace es aún una incógnita. En el centro, la frustración de una ciudad por la expectativa nunca satisfecha de que la herencia se convirtiera en la base y el fundamento de una universidad que cambiara el destino de Estepona.

Lo que se conoce popularmente como Herencia Nadal son en realidad tres herencias diferentes que han tenido una suerte dispar. La historia se origina el 9 de abril de 1926 en la localidad valenciana de Onteniente, cuando Antonia Guerrero, una mujer nacida en Estepona 78 años antes, registra ante el notario del pueblo un testamento en el que dejaba sus bienes a sus sobrinos Carmen, José Antonio y María Catalina Nadal Guerrero. El protocolo original de este testamento no sobrevivió a la Guerra Civil. Fue pasto de las llamas durante la contienda.

La parte más importante del patrimonio lo constituían las fincas y terrenos propiedad de la familia, por entonces unas tierras de secano sin apenas valor que sumaban más de 2,5 millones de metros cuadrados y que hoy se encuentran en el área de expansión de la ciudad.

Parroquia Nuestra Señora de Los Remedios, a la que se legó el 30% de la herencia directa de María Nadal.
Parroquia Nuestra Señora de Los Remedios, a la que se legó el 30% de la herencia directa de María Nadal.

Los tres sobrinos fallecieron sin descendencia y la última en morir –María, que falleció en 1978– decidió en su testamento ceder todos sus bienes a la iglesia. Los que procedían del patrimonio de su hermano, José, deberían emplearse en una fundación religioso-benéfica-docente que debería denominarse Fundación José Nadal. Esta entidad –cuya puesta en marcha y administración encomienda al entonces párroco de la Iglesia de Los Remedios, de Estepona, Manuel Sánchez Ariza– debía destinar todo el patrimonio social y religioso en beneficio de personas residentes en Estepona. Asimismo, los bienes radicantes en Estepona que no procedieran del patrimonio de su hermano debían ser vendidos y distribuidos entre diferentes instituciones religiosas. El 30 por ciento correspondería a la parroquia de Los Remedios.

La parte sustancial de esta herencia la constituían los más de dos millones y medio de metros cuadrados repartidos en cinco fincas: Guadalobón, Caniquiqui, El Ángel, Arroyo Vaquero y El Ciprés.

Tres legados

Herencia Guerrero.
Finca Las Mesas (334.000 m2); El Ángel (10.000 m2);La Cala (18.000 m2).
Fundación Nadal.
Parcela Guadalobón (639.899m2); Caniquiqui sur (68.230m2), Caniquiqui norte (72.500m2)
Herencia Nadal.
El Ángel (35.000m2); Arroyo Vaquero (1.495.126m2); El Ciprés (270.000m2

Durante años se creyó que todo este patrimonio se agrupaba en un único fin pero al fallecer el párroco de Los Remedios, Manuel Sánchez Ariza–un estudioso e intelectual de fuste, según quienes lo conocieron–, salió a la luz toda la documentación que pacientemente había recopilado durante años. El sacerdote había localizado en el asiento de inscripción de unas fincas la reproducción del testamento de María Guerrero, cuyo original se había perdido en la Guerra Civil. Este escrito constituye una declaración pionera para su época. En él hay una cláusula a aplicar en caso de que los sobrinos mueran sin descendencia, como finalmente sucedió. «Convencida la testadora que, por falta de estudios, no ha podido cumplir en este mundo la misión que Dios le confiara, por no tener en su tiempo la mujer derecho a cursar una carrera, lo cual ha sido el mayor dolor de su vida, quiere, ahora que se ha reconocido aquel derecho, que no sufra otra mujer lo mismo, para lo cual establece en Estepona una fundación para costear los estudios de mujeres pobres de dicho pueblo, dando preferencia a las carreras de Leyes y Filosofía y Letras».

María Nadal. La sobrina de María Guerrero falleció en 1978.
María Nadal. La sobrina de María Guerrero falleció en 1978.

Posiblemente como una de las primeras declaraciones paritarias de la historia de España, la anciana decide que la fundación que se cree para materializar su decisión debe estar integrada por dos hombres y dos mujeres: el alcalde, el juez de Primera Instancia, la maestra nacional más antigua y otra mujer designada por esta.

El descubrimiento de este testamento dio lugar a una partición de la herencia. Por un lado, el patrimonio original de Antonia Guerrero, compuesto por tres fincas que suman 362.000 metros cuadrados, que pasó a ser gestionado por la fundación que lleva su nombre. Esta entidad se creó el 9 de mayo de 1996, siguiendo el espíritu de su inspiradora, para «facilitar el acceso a estudios universitarios de todo orden, especialmente orientado a las mujeres de Estepona, mediante el establecimiento de subvenciones, concursos, premios, becas, ayudas, promoción de centros de estudio y formación».

Esta fundación aún funciona, con mayoría femenina en su patronato ya que el Poder Judicial no permitió la incorporación de un juez, y su patrimonio intacto. Dos parcelas que suman 312.000 metros; viviendas y apartamentos valorados en casi seis millones y medio de euros y un crédito de otros ocho millones resultantes de la enajenación de otras parcelas procedentes de la herencia original. Todo este patrimonio es administrado por la Fundación Antonia Guerrero que destina sus rentas principalmente a la concesión de más de un centenar de becas a estudiantes de Estepona.

Noticia relacionada

El resto de la herencia tuvo una historia más compleja y un final menos feliz. Bajo el control de la Iglesia, el patrimonio fue objeto de una administración ruinosa por parte de la sociedad Copresa, que acabó con gran parte de las tierras en manos de los bancos. En 1998 pasó a manos privadas. El empresario turístico José Hidalgo compró los dos millones y medio de metros al Obispado y a Unicaja en una operación que se cerró por una cantidad cercana a los 200 millones de euros.

Con parte de los ingresos percibidos por la operación, la Iglesia construyó un colegio concertado, el Juan XXIII, administrado actualmente por otra fundación tras la desaparición de la original, denominada Fundación Nadal. Asimismo, los centros formativos ligados a la Iglesia de Los Remedios y de la Iglesia San José también se financiaron con parte de estos fondos. El Orquidiario de Estepona también debe la propiedad del suelo municipal a una operación de canje de suelo realizado a partir de terrenos originales del legado.

Desde entonces la historia de la herencia, o lo que quedó de ella, fue una sucesión de expectativas no satisfechas y de frustraciones. Siguiendo lo que se entendía como el espíritu original de la herencia, el Ayuntamiento de Estepona vinculó el desarrollo urbanístico del suelo, en concreto de la finca El Ciprés, a la creación de un sistema general universitario. Pero ni esa opción ni sendos acuerdos con la Universidad de Málaga y con la Universidad Pontificia de Salamanca prosperaron.

El 2005 la situación de los suelos se complicó aún más. Hidalgo vendió el 51 por ciento de la propiedad a la entidad Urbanizadora XXI, vinculada a un empresario bodeguero riojano, que financió la operación con el Banco Popular. Las dificultades posteriores de esa sociedad dejaron el control de terreno en manos de la entidad financiera, recientemente adquirida por el Banco de Santander.

Desde el punto de vista urbanístico, las tierras de la Herencia Nadal se encuentran en un callejón sin salida. Los suelos están clasificados como urbanizables no sectorizados y para su desarrollo se enfrentan a un problema insoluble. Estepona tiene ya colmatado el límite de crecimiento marcado por el POTA (Plan de Ordenación Territorial de Andalucía), que fija un límite para la planifcación de nuevas viviendas a partir del número de habitantes. En el mediano plazo no hay un horizonte de desarrollo. La universidad propia sigue siendo un sueño lejano.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos