FINAL DE TRAYECTO

FRANCISCO MOYANO

EL próximo día treinta de noviembre, festividad de San Andrés, cerrará sus puertas en Marbella la Librería Mata, poniendo el punto y final a un recorrido de ochenta años. Para unas cuantas generaciones de marbellíes de nacimiento, de adopción y de residencia pasajera, ha sido un punto de referencia y su despedida dejará un vacío difícil de sustituir. Siempre fue conocida como la «librería de Matita», aludiendo al apelativo vecinal con el que se conocía a su fundador, Andrés Mata Mata, de baja estatura, pero grande en su talante emprendedor (muchas décadas antes de que el concepto adquiriese carta de naturaleza) y en la firme voluntad de abrir un desconocido camino empresarial y cultural en Marbella. Sus inicios laborales tuvieron como escenario un estanco que su madre, viuda, había obtenido y situado al norte de la calle Peral, esquina con calle Ancha. Pero sus inquietudes iban más allá de la venta de tabaco y timbres del Estado. Tenía una viva inteligencia que se reflejaba en sus logros escolares; pero los tiempos no estaban para emprender estudios superiores y urgía trabajar. Siempre con la idea de acercar a la ciudad la venta de prensa y de libros, en los primeros meses de 1937, cuando España se encontraba en plena Guerra Civil, alquila un local en la calle Enrique del Castillo donde abre una papelería, destinada a transformarse en librería. Para hacerlo posible contó con un préstamo que le concedió el concesionario del surtidor de gasolina, situado en la carretera general, cerca del Teatro Cine Principal de don José Otal, apellidado Moré. Realizó un intento de vender el diario ABC, de la familia Luca de Tena, pero le pedían una fianza a la que no podía hacer frente, de forma que el primer periódico que vendió fue el 'España', de Tánger, que no exigía ningún aval, quizás porque necesitaba toda difusión, puesto que la mítica cabecera se crea en 1938. Antes de llegar a la venta de libros, puso en marcha el préstamo de novelas populares en los primeros años cuarenta: 'El Coyote', de José Mallorquí, las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y los relatos sentimentales de Corín Tellado. Junto a Andrés Mata, su mujer, Rafaela Lara Marcelo. Muchos marbellíes, que éramos niños en los últimos años sesenta, tenemos en mente la imagen de «Matita», con sus inseparables tirantes y posiblemente con algún atisbo de mal humor; el «librero gruñón» fue denominado por su hija, la historiadora y novelista, Ana María Mata Lara, que creció entre periódicos y libros, sucumbiendo a las vocaciones de lectora empedernida y escritora prolífica. Con el privilegio de haber conocido a ilustres personajes que visitaban la librería, como Edgar Neville, quien le recomendó que leyese 'El árbol de la Ciencia', o Jean Cocteau, que se comprometió a comprar todos los libros franceses que llegasen a la librería. Antonio Mingote, Deborah Kerr, Peter Viertel, los bailarines José Greco y Antonio, Ricardo Soriano, la familia Hohenlohe y muchos más fueron clientes habituales de la familia Mata Lara y, lo más importante, verdaderos amigos. Unos años antes del fallecimiento de 'Matita', ocurrido el ocho de agosto de 1972, se hizo cargo del negocio su hijo Andrés Mata Lara, profundo conocedor del oficio, con la sabiduría, la entrega y el asesoramiento del librero clásico. Junto a él, su mujer, Leonor Tomé. Ochenta años de trayectoria es un auténtico triunfo para cualquier empresa humana. Casi a título póstumo, pero afortunadamente con sus artífices pletóricos de vitalidad, la Librería Mata tendrá su reconocimiento oficial con la concesión de la medalla de la ciudad. Como referencia de ubicación urbana, para muchos no existe la calle Enrique del Castillo sino la de 'la librería Mata'. Seguramente un sector de autores se sentirán huérfanos: los locales, que han visto durante años la promoción que Andrés y Leonor hacían de sus libros, exponiéndolos, en sus escaparates, en sitio privilegiado. Tampoco la feria del libro, en cuyos orígenes estuvieron, será lo mismo tras el cierre de la librería de 'Matita'. Los descendientes de la familia Mata Tomé no están por la labor de la continuidad. Seguramente acierten en la decisión porque, tal como van las cosas, el mundo de las librerías y venta de prensa va quedando para románticos y, sabido es que del romanticismo no se come. Gracias por la labor cultural desarrollada, por la cercanía y la generosidad demostrada. Una vieja canción, en clave de sevillanas, afirmaba que «algo se muere en el alma cuando un amigo se va». La despedida de la Librería Mata vuelve a demostrar que es verdad.

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