La época gloriosa del hotel Don Miguel de Marbella: la novedad del 'Todo incluido' y los artistas en la plantilla

Clientes en la piscina del hotel. /SUR
Clientes en la piscina del hotel. / SUR

Durante lustros contó con el mayor teatro equipado de la provincia de Málaga con más de 1.000 butacas. Sus trabajadores realizaban todo tipo de espectáculos

Mónica Pérez
MÓNICA PÉREZMarbella

Con la renovación del hotel «renovamos también nuestra historia con Marbella y España», afirmaba esta semana el presidente del grupo francés Club Med, Henri Giscard d'Estaing, en el acto de colocación simbólica de la primera piedra de la obra que transformará el antiguo Hotel Don Miguel de Marbella en un establecimiento moderno y de lujo. Las palabras del responsable de la empresa hacían rememorar que fue esta misma firma la que hace más de 40 años (en 1975) abrió el Don Miguel y lo mantuvo en gestión hasta el año 2000. Ya entonces la fórmula que exportaron a Marbella era de por sí novedosa en tiempos de consolidación de un turismo con establecimientos de alto nivel, cuarteles generales de famosos y familias con título nobiliario de todo el mundo. Lejos de todo aquello, el hotel, construcción en forma de estrella y levantado en la falda de la sierra más reconocible del municipio, La Concha, presentaba la fórmula del 'Todo incluido' destinado a familias.

¿Encajó aquel estilo en la Marbella del glamour? Rafael de la Fuente, una de las más prestigiosas referencias del sector turístico de la Costa del Sol (fue director de Los Monteros y Don Carlos y de la Escuela de Hostelería de La Cónsula, además de ejercer de asesor de organismos internacionales) no duda la respuesta: «Se pensaba que era un mercado este del 'Todo incluido' que no interesaba en la Marbella de entonces, pero sí que encajó y aquella primera etapa del Don Miguel fue brillantísima. Era un turismo más familiar y desenfadado, lo más opuesto a la jet set y por eso fue bueno para la ciudad, porque Marbella varió su oferta hotelera», explica.

No fue, por tanto, cobijo de las conocidas figuras de la época en sus fiestas interminables y largas estancias, pero sí lideró el turismo de grandes grupos e incentivos. Supo dar a su clientela, a la que el establecimiento se refería como 'Gentiles Miembros', un servicio óptimo no sólo en comodidades, espacios, y entorno natural, sino en entretenimiento que, para bien (del hotel) o para mal (de la ciudad) hizo del hotel un espacio lleno de comodidades del que los huéspedes apenas salían durante sus vacaciones. De hecho, en aquellos años el Club Med basó su prestigio internacional en ofrecer una completa y variada oferta lúdica en la que los clientes lo mismo podían aprender a jugar al golf que convertirse en estrellas del trapecio. Los animadores, los 'Gentiles Organizadores', según la marca, a la sazón empleados del hotel en otras tareas, eran el alma mater de aquella forma de entender el turismo.

Flamenco, actividades con niños y un espectáculo de trapecistas en el hotel. / Josele-Lanza -

Diseñado por el arquitecto Jesús Santos Rein, el hotel con tres cuerpos y unos jardines y áreas comunes imponentes, llegó a contar con un salón de actos con capacidad para más de 1.000 personas. Fue durante lustros, cuentan las crónicas de entonces, el teatro de mayores dimensiones de toda la provincia de Málaga. Allí, los 'Gentiles Miembros' intercambiaban sus papeles de la mañana a la noche: empleados de oficinas encargados de las actividades de golf convertidos en bailarines, recepcionistas haciendo de contorsionistas, y cuidadores de niños ejerciendo de trapecistas. «El ambiente familiar se respiraba desde que se entraba allí. No sólo porque iban muchas familias, sino porqu todos los que trabajábamos formábamos una familia», explica un exempleado, quien subraya el «continuo contacto entre los 'Gentiles Organizadores' con los 'Gentiles Miembros' que hizo estrechar lazos de amistad. «En los días de llegada o salida de grupos, los trabajadores nos reuníamos en el hall para dar la bienvenida o despedirnos de los clientes», rememora.

Riachuelo, cascadas y estanque

Teatro, flamenco, payasos, trapecistas, fiestas temáticas... espectáculos de todo tipo. «Era una gente muy respetuosa y en torno al hotel se generó una especie de respeto a la naturaleza», recuerda Rafael de la Fuente. El Don Miguel llegó a ser un 'rara avis' en Marbella no sólo por la forma de negocio, también por sus propias características. Cuando se terminó de construir en 1974 contaba con más de 500 habitaciones repartidas en los tres edificios de 9 plantas. El espacio exterior, con más de 50.000 metros cuadrados de jardines subtropicales, contaba con caminos, riachuelo, cascadas, estanque con patos, 1.000 metros cuadrados de zona de piscina y dos campos de golf. Dentro, disponía de 28 salas conferencias, piscina interior, gimnasio y galería comercial. Eran los años en los que la plantilla la formaban casi 600 trabajadores.

La época dorada del hotel llegó a su fin en el año 2000 cuando el Club Med dejó su gestión. Sólo cuatro años después, tras pasar de manos varias veces y con un procedimiento judicial que se prolongó más de lo deseado para la plantilla, se cerraba la historia del Don Miguel, no sin antes quedar inmortalizado en el cine, en el año 2000, de la mano de Santiago Segura en la segunda entrega de Torrente, 'Misión en Marbella'.

Gabino Diego y Santiago Segura, en 'Torrente 2'.
Gabino Diego y Santiago Segura, en 'Torrente 2'.

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