A DIEZ METROS DE LA PLAYA

JOSÉ MANUEL SANJUÁN

LA próxima vez que las visite, procuraré agenciarme una cinta métrica para verificar si, tal como aseguran algunas informaciones que circulan por internet, las ruinas se hallan, efectivamente, a diez metros de la playa; cercanía que despierta cierto interés, según pude comprobar, en algunos bañistas, paseantes o curiosos que dirigían sus miradas sobre el muro lindero tratando de identificar esa extraña construcción, encajada entre un conocido club de playa y una residencia privada, y ubicada, para más señas, entre la desembocadura del río Guadalmina y el Arroyo del Chopo, en San Pedro Alcántara.

Por supuesto me refiero a las termas romanas de Las Bóvedas, fechadas en torno al siglo II d.C., y uno de los tres yacimientos arqueológicos que aún persisten en Marbella y su entorno (los otros dos son la Villa romana de Río Verde y la Basílica paleocristiana de Vega del Mar). Muy deteriorada por el paso del tiempo y por diversos «excesos» urbanísticos, permanece, o más bien, resiste en su olvidada soledad, a la intemperie, ajena a fiestas glamurosas, flashes mediáticos y visitas de famosos o famosillos. Y una vez más (comenzó en mayo de 2016 con la reivindicación de la torre de El Cable), en su empeño incombustible por divulgar y revalorizar el patrimonio histórico de nuestra tierra, el pintor y grabador Pedro Molina ha convocado a 39 artistas residentes en una gran exposición colectiva dedicada en exclusiva a las termas de Las Bóvedas, que se inauguró el pasado 18 de agosto en el Centro Cultural de San Pedro Alcántara y estará abierta al público hasta el 31 del mismo mes.

Como era previsible, la rotunda fisonomía del monumento protagoniza numerosas obras, sobre todo fotografías que, no obstante, y por citar algunos ejemplos, desdeñan la superficialidad topográfica y rememoran sucesos pretéritos, verídicos (Miguelón) o imaginados (Alex Cintrano, Lola Rudolphi). Esta vertiente figurativa presenta, en varios óleos y acrílicos, al ser humano como un agente perturbador en el devenir de las termas, conmovido por fantasías oníricas (José María Llobell), aterrado por responsabilidades pasadas (Luiyo Vázquez) o indolente ante el juicio de la Historia (Agustín Casado). Una presencia, siempre inquietante e imprevisible, que se diluye en una abstracción lírica, sugerente, visible en dos collages y diversas piezas en técnica mixta: formas que remiten a ideas o conceptos primigenios (Liviana Leone, Stella Kamazón), y trazos sueltos, vaporosos, delicados (Karina Zothner), que se pierden en el blanco del papel. Como casi perdida está esa línea negra, fina y temblorosa, del dibujo de Mike Pinter, que esboza la silueta del conjunto arqueológico, como si pidiera perdón por usurpar una cotizada zona inmobiliaria situada -¡¡habrase visto!!- a diez metros de la playa.

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