EL AÑO POR DELANTE

Nos gustaría conocer qué nos deparará el año nuevo, en una esfera personal y privada, pero también en cuanto comunidad ciudadana

FRANCISCO MOYANO

TODAVÍA es buen momento para expresar un deseo de feliz Año Nuevo; siempre tan convencional al tiempo que renovado mensaje. Hay quien sigue felicitando el año hasta bien avanzado febrero. Este periodo, al que tradicionalmente denominamos «las fiestas», puede resultar agotador, a menos que diseñemos una cuidadosa estrategia de actuación que nos facilite salir indemnes de mariscos, polvorones, cavas, maltratos varios del aparato digestivo y terribles visitas a los centros comerciales. No hay manera fiable para sustraerse a la marabunta; aquello de apartarse del mundanal ruido termina siendo una empresa fallida. Antes de que nos habituemos a la nueva criatura que se llama 2018, estaremos escuchando cómo Agustín Casado pregona el Carnaval de Marbella; don Carnal nos llevará aceleradamente a los dominios de doña Cuaresma y estaremos en Semana Santa, que este año es tempranera en el mes de marzo, pregonada por Bárbara de Cárcer. Muy poco después, los rocieros emprenderán el camino del Rocío; regresarán justo para San Bernabé, que dará el relevo a la Virgen del Carmen y, casi sin darnos cuenta, estaremos en el corazón del verano y volveremos a darnos tortas por conseguir un taxi en las noches de Marbella. En otoño San Pedro de Alcántara volverá a ser objeto de procesión y de feria y volveremos a preparar la Navidad. El año acostumbra a pasar casi en un destello. Pero es solamente una percepción porque los doce meses dan para mucho. Como cuenta la tradición, al tratarse de un «recién nacido», dos mil dieciocho debería venir con un pan debajo del brazo y así parece ser a juzgar por el triunfalismo en materia económica del Gobierno del presidente Rajoy y los holgados presupuestos, aprobados dentro de plazo, por el Ayuntamiento de Marbella presidido por la alcaldesa-senadora María de los Ángeles Muñoz. Sería interesante conocer, puede que un insano ejercicio de curiosidad, qué piden nuestros políticos en sus cartas a los Reyes Magos, aunque sea en sentido figurado. En tiempos como los actuales en los que las cartas -incluso las de amor- han desaparecido, se siguen redactando las misivas infantiles a sus majestades de Oriente y el cartero real siguen teniendo trabajo, cuando ya ni los bancos apenas si mandan cartas. Para algo está Internet, la tecnología a la que estamos sometidos, hasta el punto de que, cuando se produce una avería, caso del pasado día 27 de diciembre, nos sumimos en el más desolador desvalimiento, casi nos produce sudores fríos y nos sentimos prácticamente desnudos y conscientes de la fragilidad de nuestra condición. Nos gustaría conocer qué nos deparará el año nuevo, en una esfera personal y privada, pero también en cuanto comunidad ciudadana. Tal como va la cosa no sería extraño que nuestro Ayuntamiento crease un nuevo negociado que podría denominarse «de Externalizaciones Varias», naturalmente con su director general al frente y dotado de muchos administrativos. Los conserjes y mantenedores de cuatro instalaciones deportivas; el suministro y mantenimiento del alumbrado público y el mantenimiento de jardines y zonas verdes, son algunos de los servicios «externalizados»; se esgrime la falta de personal como argumento justificativo. Creíamos que existían bolsas de trabajo. Eso de «externalizar», antes se llamaba privatizar, pero ya se sabe que no hay nada que guste más a los políticos y administradores de la cosa pública, que poner de moda palabras y expresiones, a veces con un cierto carácter eufemístico. Habrá que estar muy atentos al tipo de contratos laborales que las empresas que se hagan con los servicios privatizados establecen con sus trabajadores; no son estos tiempos para fiarse de nadie ni poner en práctica ningún tipo de ingenuo «buenismo». Como siempre ocurre en enero, ciudadanos y administraciones hacen una pormenorizada lista de buenos propósitos que, de entrada puede servir para superar de una manera esperanzada lo que, desde siempre, se ha llamado la cuesta de enero. Habrá que desarrollar algunos de los proyectos que se gestaron en el año finiquitado, como la apertura de un centro para personas sin hogar, que será el fruto de la colaboración entre Consistorio y Cruz Roja. Es una de las asignaturas pendientes. En cuanto a cuál será el grado de realización de lo previsto, como en la canción de Manuel Alejandro, podemos decir «qué sabe nadie».

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