Los cementerios de los famosos, intelectuales y 'bons vivants' de Marbella

Panteón de la familia Hohenlohe./
Panteón de la familia Hohenlohe.

El príncipe Alfonso de Hohenlohe, el duque de Medinaceli más efímero de la historia o el guionista del Hollywood dorado Peter Viertel descansan en la ciudad

Nieves Castro
NIEVES CASTROMarbella

La provincia de Málaga cuenta con un atrayente legado funerario que abarca cementerios singulares. Enclaves que destacan por su valor artístico, las leyendas fraguadas a su sombra o el calado histórico de los personajes que yacen en ellos. Poco se ha hablado de los camposantos de Marbella, pese a que en ellos descansan los restos mortales de príncipes, aristócratas o prestigiosos artífices turísticos de la Costa del Sol que eligieron vivir y descansar eternamente en la ciudad.

El escritor de 'Cazador blanco, corazón negro', convertido a la postre en uno de los guionistas más famosos del Hollywood dorado, Peter Viertel, yace en Marbella, ciudad en la que residía desde 1965 junto a su mujer, la actriz británica Deborah Kerr. El guionista que imprimió su talento a títulos como 'Sabotaje', de Alfred Hitchcock, o 'La reina de África', de John Huston, falleció en una clínica privada de Marbella en noviembre de 2007, a los 86 años, sólo 19 días después de que lo hiciera su mujer, que llevaba varios años en un centro para enfermos de Parkinson en Reino Unido.

Viertel, que cuenta con una calle con su nombre en la zona de Río Real, donde finalmente fijaría su residencia junto a la protagonista de 'Quo Vadis', fue incinerado en el Cementerio Virgen del Carmen tras un acto íntimo y emotivo. Sus allegados le recordaron con la lectura de poemas de su madre, pasajes de su infancia y fragmentos de sus creaciones literarias. Dos oficiales del ejército de Estados Unidos, en el que Viertel sirvió como marine, montaron guardia durante el sepelio como sentido gesto de la embajada americana hacia el desaparecido escritor.

Vista general del camposanto en pie más antiguo de Marbella, San Bernabé.
Vista general del camposanto en pie más antiguo de Marbella, San Bernabé.

No muy lejos de allí, se sitúa el cementerio más antiguo en pie de Marbella: San Bernabé. En este camposanto yacen importantes artífices de la industria turística. Entre ellos, el arquitecto más premiado de la Costa del Sol: Melvin Villarroel, fallecido en 2010. Cuando este boliviano llegó a Marbella en la década de los 70 ya traía consigo un equipaje de prestigio. Una fama que se afianzaría cuando realizó el hotel Puente Romano. El príncipe Alfonso Hohenlohe le encargó los planos del establecimiento que no tardaría en convertirse en uno de los buques insignes del turismo de calidad. Un sello que imprimiría desde entonces a cada una de sus creaciones. Y la lista es larga. En la Costa del Sol firmó, entre otras, las obras de Alcazaba Beach, La Alzambra, la remodelación del Marbella Club o el hotel Kempinski Bahía de Estepona. Fuera también rubricó proyectos claves como Marina del Este en la costa granadina o El Jardín Tropical de Tenerife, y así un largo etcétera al que hay que unir su premiado proyecto de urbanización Fair Lakes en Shanghai, que le abrió las puertas del continente asiático.

Tras las paredes de su gabinete, Villarroel desarrolló plenamente el concepto del 'vacío'. Defendía que la arquitectura no termina con el cerramiento de los edificios, sino que incluye los espacios abiertos. En Puente Romano, consiguió convencer al promotor de incluir, por primera vez en la Costa del Sol, el 8% del coste total de la obra para el desarrollo del 'vacío', creando uno de los jardines más premiados de toda la zona.

Se mantuvo fiel siempre a una unión indisoluble entre arquitectura y naturaleza, una idea con la que forjó un estilo propio y que queda reflejado en el panteón donde descansan sus restos. En este monumento funerario la madera juega un papel protagonista, junto a los vanos y el tragaluz por los que penetra la luz natural que llega a las plantas situadas en el interior de la edificación.

Escudo de armas

En la calle que conduce a la capilla del cementerio, a mano izquierda, se sitúa un desvencijado panteón coronado con un escudo de armas. En su interior yacen los restos mortales de los promotores turísticos más famosos de Marbella: el príncipe Alfonso de Hohenlohe y Ricardo Soriano. El primero de ellos falleció en 2003, a los 79 años, en su residencia marbellí 'La Casita del Príncipe'. En su tumba figuran las distinciones otorgadas: por el Estado, la Medalla de Oro al Mérito Turístico; por el Ayuntamiento, la de Hijo Adoptivo de Marbella. Hohenlohe fue uno de los grandes promotores de la Costa del Sol y entre sus proyectos destaca la fundación en 1954 del Marbella Club, primer establecimiento de alto nivel de la costa, y la construcción en 1945 del primer telesquí en España. El príncipe Alfonso nació el 28 de mayo de 1924 en Madrid. Fue bautizado en el Palacio Real, apadrinado por Alfonso XIII y la reina María Victoria. Su padre era el príncipe Maximiliano de Hohenlohe-Langenburg y su madre la princesa Piedad Iturbe, que, igualmente, descansan en este panteón familiar.

Esta construcción funeraria alberga asimismo a otro Hijo Adoptivo de Marbella, el citado Ricardo Soriano. De su mano recalaron por estas tierras artistas de la talla de Mingote, Edgar Neville o Antonio El Bailarín, además de su sobrino, el príncipe Alfonso. Soriano, que le da nombre a la principal vía de Marbella, ha pasado a la historia como uno de los más eficaces promotores y relaciones públicas de la industria turística de Marbella en la década de los 50, pero entre sus éxitos también figuran otras conquistas menos conocidas. Fundó la primera fábrica de motos de España, ostentó premios mundiales de velocidad con lanchas proyectadas por el mismo y hasta el ejército de EEUU adaptó sus famosos motores Soriano.

Tras una vida de excesos, éxitos y aventuras, Ricardo Soriano murió solo en Marbella en 1973, a la edad de 89 años. Con el transcurso del tiempo fue perdiendo la inmensa fortuna heredada, estimada por algunas fuentes en 90 millones de pesetas. Tuvo una gran cantidad de amantes, pero sólo contrajo matrimonio una vez, y fue un casamiento de altura con una rica heredera, la estadounidense Italia Blair, hija del presidente del Banco Nacional de Chicago, que también descansa en el panteón.

En el mismo monumento funerario está enterrado desde 2016 Marco de Hohenlohe, el duque de Medinaceli más efímero de la historia, puesto que sólo ostentó el título durante dos años. El entierro del aristócrata, que falleció a los 54 años, se celebró en Marbella en la más estricta intimidad por deseo de la familia. Se sucedieron distintas misas funerales por su alma, acudiendo el Rey Felipe VI a la celebrada en la madrileña Basílica de Jesús de Medinaceli días después del sepelio.

Vista de la calle principal del cementerio de San Bernabé.
Vista de la calle principal del cementerio de San Bernabé.

Canción de despedida

Mucho más discreta resulta la lápida que custodia los restos de Jaime de Mora y Aragón, fallecido en julio de 1995. Los restos del símbolo de la jet marbellí fueron incinerados en Málaga y depositados en el cementerio de San Bernabé, muy cerca de la puerta de acceso, en un nicho que muestra su foto. Unas 500 personas acudieron a la misa celebrada en la Iglesia de Nueva Andalucía, donde por expreso deseo del finado se interpretó el tema 'Cuando un amigo se va'. Su hermana, la reina Fabiola no llegó a tiempo de asistir a la ceremonia religiosa, por lo que se desconoce si se le hizo llegar el recordatorio entregado tras el responso con el epitafio. 'Fui lo que quise y quise lo que fui'.

Alejado de este punto, descansan en una tumba de mármol negro los restos del actor y playboy Espartaco Santoni, fallecido en septiembre de 1998, el mismo año en el que se estrenó la taquillera 'Torrente, el brazo tonto de la ley', donde tenía un cameo, su última aparición cinematográfica. Su lápida, engalanada con plantas naturales, luce una imagen grabada en piedra de este 'bon vivant' y una inscripción que deja clara la forma que tuvo de vivir, 'A mi manera'.

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