Casareños con morriña

El nutrido grupo de los emigrantes que ayer recibieron el homenaje de su pueblo ./Ch. M.
El nutrido grupo de los emigrantes que ayer recibieron el homenaje de su pueblo . / Ch. M.

El Ayuntamiento rinde homenaje, por el Día de Andalucía, a los vecinos que se marcharon del pueblo

Charo Márquez
CHARO MÁRQUEZ

La canción del anuncio dice ‘vuelve a casa por Navidad’, pero en Casares vuelven a casa por el Día de Andalucía. El Ayuntamiento del municipio ha querido celebrar este año el día de la comunidad rindiendo homenaje a los casareños que, por distintas circunstancias, tuvieron que marcharse del pueblo.

Este homenaje, bajo el título ‘Volver’, comenzó con una recogida de solicitudes para que los familiares, que sí continúan en el pueblo, inscribieran a estos emigrantes. El único requisito era haber nacido o vivido una etapa de sus vidas en Casares y llevarlo en el corazón.

Más de medio centenar asistieron al acto y todos ellos recibieron el abrazo institucional y personal de su ayuntamiento y sus vecinos. La gran mayoría personas mayores, una de ellas procedente de Guatemala, la hija de unos casareños que ya fallecieron pero que quiso conocer el pueblo de sus padres.

María Rojas ‘la catalana’ tiene 66 años y se marchó de Casares, por obligación, a los 13. Su tío, que vivía en Tarragona le buscó un trabajo a su padre y toda la familia, sus padres y los cuatro hijos, se marcharon para tierras catalanas. «Entonces los padres no preguntaban a los hijos y te tenías que ir. Los inicios fueron muy duros porque nos sacaron de aquí para llevarnos a un sitio desconocido. Yo estuve un año sin salir de mi casa, sólo me acordaba de Casares», narraba ayer. Pero María añoraba tanto Casares que siempre que había oportunidad regresaba. Una de estas oportunidades fue el viaje de novios. Le dijo a su marido que el mejor sitio para ir de luna de miel era su pueblo natal, y allí se plantaron durante un mes. Desde entonces siempre que ha tenido tiempo ha regresado, a pesar de que sus hijos y sus nietos viven en Tarragona. Esta casareña catalana asegura que no es independentista y aclara que «la gente de a pie no es como la pintan en la tele, la mayoría está en contra de la independencia de Cataluña».

María no podía perderse esta celebración por nada en el mundo. Para estar ayer en este acto renunció a un crucero, «porque yo soy de Casares por los siete costados, este es mi pueblo, que es precioso y prefiero estar aquí mejor que en ningún sitio», sentenció.

Emigrante en Francia

Diego Morera representa al típico emigrante andaluz que salió de su pueblo para seguir trabajando en el campo, pero en unas condiciones, algo mejores y con un sueldo más holgado. Se marchó el 3 de agosto de 1960 a Francia «porque aquí tenía trabajo, pero el dinero no nos llegaba y pensé:mis hijos no van a guardar cochinos como yo», relataba durante su intervención en el acto que se celebró en el Centro Blas Infante.

«Yo no quería que mis hijos guardaran cochinos como yo y nos fuimos a Francia» Diego Morera

«Los inicios fueron muy duros. Estuve un año entero sin salir de casa. Sólo me acordaba de Casares» María Rojas

Cuatro años estuvo solo en los campos galos con el idioma como principal enemigo, sin poder venir a casa a ver a la familia, porque el dinero no le llegaba. Al quinto año regresó por sus seres queridos:su mujer y dos hijos, un tercero nació en Francia, donde estuvo 40 años. Volvió a Casares a principios del 2000 gracias a sus bronquios. La humedad de Francia resultaba peligrosa para su salud. «El médico me preguntó de dónde era y me dijo:usted se va para allá si quiere que sus hijos sigan teniendo padre y sus nietos abuelo», y fue así como volvió al pueblo. Casares sanó sus pulmones y su corazón.

Lo de ser emigrante lo llevan los hijos de Diego en la sangre, sobre todo una de sus hijas que ha recorrido por el trabajo de su marido medio mundo. «Es como el culo de un columpio. Ha estado en Chile, Brasil, República Checa y ahora está en Portugal», comentaba ayer durante su intervención ante el nutrido grupo de homenajeados. «Estos días azules y este sol de la infancia», el último poema de Antonio Machado, reza en la placa que el Ayuntamiento ha diseñado para recordar este día, junto con la leyenda «A todos los casareños que un día tuvieron que abandonar su pueblo pero siempre lo llevan en el corazón». Aún no se ha decidido en qué lugar se ubicará. Lo que está claro es que Casares deja huella en sus nativos y los que se van siempre tratan de volver. Algunos regresan y ya no se van, como Diego, otros, como María, vienen y van con su pueblo siempre en el corazón.

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