Carlos Fernández: «No soy un icono de la corrupción, soy una persona normal»

Carlos Fernández atendió por teléfono la llamada de SUR. /D. ALÁNIZ
Carlos Fernández atendió por teléfono la llamada de SUR. / D. ALÁNIZ

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

La justicia argentina considera prescritos todos los casos por los que lo reclama España salvo el ‘caso Saqueo’, en el que le acusaron en su día de delitos que la sentencia ha considerado que no se han producido

–Eso es así, pero la Fiscalía lo sabía. No les ha importado que hayan tenido que trabajar noche y día los juzgados de San Juan para archivar causas que ellos sabían que estaban prescritas. La persecución no ha parado después de 11 años. ¿Por qué tanta saña? ¿Por qué tanto daño contra mí si he cumplido como el que más? Si estando fuera de mi país, ante una responsabilidad civil de un caso que fue lo más injusto que me ha pasado en mi vida, pagué.

Posiblemente se considere que usted se ha reído de la justicia española al no comparecer durante todo este tiempo y lógicamente existe la voluntad de extraditarlo.

–Yo creo otra cosa. Fue tal la chapuza que se hizo, que si se analiza tranquila y objetivamente y dándole la presunción de inocencia a las personas, no había más remedio que tapar esto como fuera. Mi testimonio de hoy vale muchísimo, porque hoy se demuestran muchas cosas que se han hecho mal. A mí se me tenía que tapar la boca, se me tenía que desprestigiar, se me tenía que humillar. Había que hacerlo a cualquier precio, costara lo que costara, porque el señor fiscal sabe que en la ‘operación Malaya’ no están todos los que son ni son todos los que están. No ha imputado nunca a determinadas personas porque le han dado órdenes para que no lo haga. El reconocimiento que tiene, económico y las medallas, no es por haber hecho el trabajo correcto, sino por haber obedecido órdenes.

¿Por qué no se quedó para denunciar esto que denuncia ahora?

–En ese momento no valía, era imposible. Si el me hubiese tenido delante y hubiese conseguido extraditarme por una causa que tenía prescrita tampoco mi testimonio hubiese tenido credibilidad. Yo eso lo puedo decir hoy porque para mí el ‘caso Malaya’ está cerrado, del mismo modo que al fiscal Morales le puedo decir hoy, porque está en política, que hubiese sido honesto que no me hubiese juzgado teniendo, como tenía, intereses políticos. El me juzgó por el ‘caso Jugadores’ siendo simpatizante del Partido Socialista. Hay muchas cosas que no cierran en esta historia. Si yo me hubiese defendido en España hubiese sido el corrupto, el prófugo, el garganta profunda, porque todo esto salido del mismo sitio.

¿De dónde?

–De ahí, de la Fiscalía. La Fiscalía tenía que desprestigiarme a mí. La orden política era clara, sacar del panorama político a Carlos Fernández cueste lo que cueste.

¿Que usted se haya convertido en un icono de la corrupción contribuyó a la desaparición del Partido Andalucista?

–Yo no soy un icono de la corrupción. Yo me considero una persona normal y corriente a la que las circunstancias han llevado de una cosa a otra. Al PA nunca lo quisieron ni el PP ni el PSOE. A unos y a otros les interesaba quitarme de enmedio. Se me quitó y lo asumo.

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