Carlos Fernández: «Nadie me ayudó a salir, sólo me dieron información»

Carlos Fernández ha regresado a su vivienda en San Juan tras pasar tres meses en prisión preventiva./Daniel Alániz
Carlos Fernández ha regresado a su vivienda en San Juan tras pasar tres meses en prisión preventiva. / Daniel Alániz
Entrevista exclusiva

Tras once años y medio, el exconcejal prófugo Carlos Fernández expone los motivos que lo llevaron a fugarse en junio de 2006 y revela los pormenores de su huida de la justicia

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

Asus 49 años Carlos Fernández asegura estar en el mismo peso que tenía cuando era concejal en Marbella. Atiende la llamada de este periódico a el pasado viernes, una semana después de recuperar la libertad, a las nueve de la mañana, hora argentina, tras regresar de hacer deporte, un hábito diario, según afirma. Sus once años de residencia en el país austral no se dejan notar tanto en el acento como en algunos modismos y expresiones. Usa repetidamente ‘acá’ en lugar de aquí, ‘auto’ en lugar de ‘coche’ o ‘mi papá’ en lugar de ‘mi padre’. Mantiene, eso sí, la extraordinaria facilidad de palabra y el poder de seducción que lo convirtieron en un político en alza en Marbella hasta que una condena judicial por corrupción lo alejó de la vida pública. Esas dotes, junto que junto a sus habilidades sociales le han permitido relacionarse con la elite social, empresarial y política de la provincia de San Juan, donde reside.

En una conversación telefónica mantenida el día previo, Fernández acepta someterse a las preguntas de este periódico sin condiciones durante más de una hora y media. También permite, por primera vez, que un fotógrafo, enviado por SUR, entre en su chalet, situado en Rivadavia, una de las zonas más acomodadas de San Juan. Asegura estar agradecido por tener la oportunidad de dar su versión después de más de una década.

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¿Cómo tomó la decisión de huir?

–En primer lugar tengo que decir que cuando me voy al Camino de Santiago lo hago muy triste porque estaba viviendo una situación de injusticia total ante la condena que había sufrido, la manipulación a la que se había sometido la denuncia falsa que hizo la alcaldesa Marisol Yagüe contra mi y contra mi equipo, y tomé le decisión de irme porque ya había hecho antes el Camino de Santiago y había sido una experiencia inolvidable. Estaba a la altura de León cuando mi padre me llama y me dice que hay un inspector de policía que quiere hablar conmigo. Me identifico y el policía me pregunta que dónde estoy, le respondo y me dice que el juez Miguel Ángel Torres quiere hablar conmigo y que me persone en sede judicial. Le pregunto que por qué motivo es, porque yo hacía poco que había estado con él, dos semanas antes de irme. Me responde que no me puede informar y me pide que le diga dónde estoy o que a la mayor brevedad posible me persone en la jefatura de policía más cercana. Automáticamente cuelgo el teléfono. Durante mi tiempo como concejal yo he forjado buenas relaciones y buenas amistades con muchísimas personas. Con empresarios, con políticos de otros partidos, con policías, con personas del los servicios de inteligencia de España… Llamo a uno de estos amigos míos, le comento la situación y esta persona me pregunta si tengo orden de detención. Le digo que no, que me han dicho que vaya a una comisaría o a sede judicial, y él me responde que vaya para Marbella. Yo vuelvo al hotel donde estaba, me cambio de ropa y con mi hermano alquilamos un vehículo y vuelvo para Marbella. Durante el trayecto me llama este amigo y me dice que el juez no quiere hablar conmigo, sino que me quiere detener. Que hay una orden de detención contra mí y contra una serie de personas, entre ellas los miembros de mi equipo. A mí me parece muy raro y le pregunto si él puede hacer que yo hable con el juez antes de que me detenga. Él me dice que va a intentarlo, pero que yo vaya para Marbella. Cuando llego a Marbella llamo a esta persona y me dice que me dirija a una cafetería cerca de los juzgados para vernos personalmente y que desconecte el teléfono. Cuando nos encontramos, esta persona me dice que hay una situación límite, que diga lo que diga voy a ir preso. Que es la orden que hay.

«Durante mi etapa como político forjé relaciones con personas que cuando llegó el momento me dijeron que iba a ser detenido»

Cuando su hermano relató la situación comenta que ustedes no llegan a Marbella. Que usted se queda esperando en Granada y él baja a buscar dinero y su pasaporte.

–No, no, no. Él no llega a Marbella y yo sí.

Carlos Fernández, en el jardín de su casa.
Carlos Fernández, en el jardín de su casa. / Daniel Alániz

Él me cuenta que es al revés.

–No, no. Él recoge el pasaporte y yo voy a reunirme con esta persona. Yo a mi hermano lo he tenido durante todo este tiempo como mi fiel escudero. Ha habido cosas que él no ha podido contar en profundidad y ha querido que yo las cuente en su momento. Yo no lo voy a contradecir, pero voy a contar la verdad, que si no la cuento hoy también voy a seguir cargando mi mochila.

¿La persona que lo ayudó es de las fuerzas de seguridad?

–Son dos personas con las que en este tiempo he tenido la gran suerte de seguir manteniendo una amistad y que en ese momento tenían acceso a todo?

¿Son policías?

–Personas que tienen acceso a todo. A todo. Al 100 por cien de todo lo que se ha movido, de todo lo que ha pasado. Personas que pueden navegar en aguas a las que tú y yo no podemos llegar.

¿Esta gente lo ayudó a cambio de qué?

–Yo no recibí ayuda, recibí una información.

«Me informaron de que había una situación límite, que dijera lo que dijera iba a ir preso»

Una información en ese momento es una ayuda de gran valor.

–Totalmente. Pero no era a cambio de nada. Yo durante el tiempo que fui concejal siempre he estado disponible cuando se me ha requerido ayuda. Siempre en beneficio de mi ciudad. Gracias a ese trabajo he podido tener este tipo de relaciones que todavía tengo. Cuando sé que me van a detener es cuando le digo a mi hermano que tengo el pasaporte en la casa, que había sido registrada por la policía. Efectivamente, mi pasaporte estaba pese a que la policía se había llevado documentación y dinero. Si usted me pregunta cómo es posible que la policía dejara el pasaporte yo no se lo puedo decir. Lo que sí le puedo decir es que destrozaron la casa de mi padre y la mía. De arriba a abajo. Y el pasaporte lo dejaron en la mesita de noche.

¿Además del pasaporte su hermano le lleva dinero? ¿Con qué fondos contaba?

–Muy poco. La policía se había llevado todo el dinero, que todavía tiene confiscado. Mi hermano sacó escasamente 3.500 euros que tenía en una tarjeta y de otro familiar mío otro poco de dinero. Yo me fui escasamente con 3.400 euros. Con esa cantidad me monté en el avión.

¿Qué le pasó la cabeza en el momento en el que decide irse?

–De todo. La persona que me estaba dando la información me dice que no hay manera de que no fuera a la cárcel. La consigna era que yo fuera dentro, dijera lo que dijera. «Pase lo que pase no vas a tener posibilidades de salir», me dice. Me explica además que el nombre de la ‘operación Malaya’ estaba mal puesto. Me dice que hay una orden de que cada persona detenida tiene que ser apretada como una gota malaya, hasta que diga lo que se quiere que diga. Era un procedimiento de tortura. En la primera fase de la operación nadie habla de sobornos, ni de comisiones, ni de nada. Hablan a partir de que se les aprieta, igual que la inquisición.

«Destrozaron la casa de mis padres y se llevaron documentos y dinero, pero dejaron mi pasaporte»

Los sobornos aparecen cuando se encuentran en la contabilidad de Roca, por eso no se habla antes.

–Pero Roca en su primeras declaraciones jamás habla de donativos ni de nada. Él habla cuando le detienen a la mujer y a la hija.

Estábamos en su decisión de marcharse.

–Sí. Yo paso primero una noche en Granada. Después de pensar en decidir qué hacer me voy a Portugal. Ahí me encuentro con un amigo mío, que hoy ya no vive, y le digo que he tomado una decisión importante en mi vida, escucho su consejo y me dice que hiciera lo que mi corazón me dijera y que contara con él para lo que quisiera.

¿Este amigo era Judah Binstock?

–Otro amigo que tengo, que ya no está. Un amigo al que le agradezco eternamente haberlo conocido. En el caso de Judah Binstock es una gran persona a pesar de todo lo que se ha dicho siempre de él. Para mí es uno de los grandes amigos que he tenido en mi vida.

¿Él le ayudó?

–Él me ayudó durante todo el tiempo que lo conocí, no en ese momento puntual. Siempre tuvimos una gran sintonía. Es una persona que me ha permitido relacionarme con la elite mundial.

«Judah Binstock me ha permitido relacionarme con la elite mundial»

Si dice que lo ayudó durante toda su vida entiendo que también lo hizo cuando usted estuvo en una situación más vulnerable.

–Cuando estuve en la situación más vulnerable fue cuando menos contacto tuve con él. No quita que mi padre y mi hermano sí tuviesen contacto con él. Pero yo no he podido. Tomé una decisión, pacté unas condiciones cuando decidí irme y esas condiciones las cumplí al pie de la letra, dejando en el camino afectos, amigos, trabajo, todo.

¿Con quién pactó esas condiciones?

–Conmigo mismo, porque sabía que una sola filtración me llevaría a cometer un error.

Usted se va entonces a Portugal y coge un vuelo.

–Sí, el primer vuelo que había, a Río de Janeiro. Ahí enganché otro vuelo a Buenos Aires. Ahí entré con mi pasaporte en regla, en ese momento no había una orden de busca y captura. Me marché sabiendo que no iba a ser detenido.

¿Qué contactos tenía en Argentina? ¿La gente que lo ayudó le da alguno?

–A mí ayudarme a salir no me ayudó nadie. A mí me dan la información de lo que iba a pasar. Yo me fui con la idea de pensar, de ganar tiempo y no estar sometido a una situación de ansiedad. Yo no conocía a nadie en Buenos Aires.

El exedil, el pasado viernes.
El exedil, el pasado viernes. / Daniel Alániz

Fernández asegura que llegó al aeropuerto de Ezeiza, en la capital de Argentina, sin apenas dinero y sin contacto alguno.

¿Que tenía cuando llegó a Buenos Aires?

–Nada. Llegué con una pequeña maletita donde tenía dos camisas, dos mudas de ropa interior y un par de zapatos. A partir de ahí empieza mi periplo. Arranco a tomar contacto con una ciudad que es muy parecida a Madrid, a la cual conozco perfectamente y empieza mi vida nueva en un país distinto.

¿Cómo son esos primeros tiempos sin conocer a nadie y sin recursos?

–Es complicado, porque tengo que empezar a imaginar cómo va a ser mi vida y cómo generar recursos porque mis cuentas estaban bloqueadas, mis padres estaban vigilados por la policía y yo no podía mantener contacto con España. He hecho de todo, sinceramente. Desde trabajar en cosas que jamás había trabajado y de las que no me avergüenzo, desde cortar el pasto de casas, trabajar con compañeros en la calle para ayudarlos a recoger todo tipo de materiales… he hecho de todo con idea de sobrevivir. No es fácil estar en un país sabiendo que no tienes afectos, que no tienes amigos. Luego poco a poco pensé en hacer algo que estuviera acorde a lo que creía que tenía que tener, que era un estatus y un nivel de vida. Ahí empecé a trabajar en conceptos como el coaching, la ayuda y la autoayuda.

¿Cómo se preparó para eso?

–Yo tuve la gran facilidad de que cuando estuve en política asistí a muchos de cursos de hablar en público, de capacitación, de formación, de liderazgo, de equipo. Todos los compañeros que han trabajado conmigo en el partido saben las veces que les he impartido esas charlas, cómo trabajar la cámara, como expresarte, como transmitir conceptos. Toda esa capacitación que yo tenía empecé a darle forma. En aquel momento el coaching era algo que estaba emergiendo. Ahí decidí matricularme y estudiar coaching. Primero lo hice de manera presencial en Buenos Aires, luego me he matriculado en distintos cursos on-line en universidades, incluso de España. Todo eso lo fui perfeccionando y trabajando, y poco a poco la gente me ha reconocido mi trabajo y mi esfuerzo. Todo ha sido a partir de las vivencias que he tenido en Marbella, que lo he volcado en conocimiento y en ayuda a los demás. Al tercer mes de estar en Buenos Aires tuve la suerte de conocer a un empresario que me dio la posibilidad de trabajar en la capacitación de sus empleados. Él me ofrece la posibilidad de quedarme en un apartamento en el barrio de Recoleta a cambio de mis servicios. Luego viví en un apartamento de Puerto Madero, también de este empresario.

Ha vivido en las dos zonas más caras de Buenos Aires.

–He tenido esa suerte. Y posteriormente con ese empresario hemos hecho muchísimas colaboraciones. Hoy es uno de los amigos que tengo en este país. Él se ha enterado de toda mi vida y de estas circunstancias con posterioridad.

El martes 2, segunda parte: «No soy un icono de la corrupción»

En la segunda parte de la entrevista, Fernández se refiere a los casos judiciales en los que está implicado, responde a las versiones que lo situaban como el garganta profunda del ‘caso Malaya’, asegura que no abandonó a sus compañeros de partido que acabaron en la cárcel y afirma que no descarta volver a Marbella.

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