Aramburu: «Yo también podía haber caído en el abismo del ejercicio de la violencia»

Aramburu, el escritor del año, durante el acto en Marbella.
Aramburu, el escritor del año, durante el acto en Marbella. / Josele-Lanza -

El autor de 'Patria' no tiene empacho en situarse al lado de las víctimas de ETA y apremia a «no pasar página tan rápidamente como algunos pretenden»

NIEVES CASTRO MARBELLA.

Era un día desapacible de febrero, lloviznaba y estaba oscuro. Corría el año 1984. Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) no puede borrar de su cabeza la estampa del féretro enfilando la Casa del Pueblo con el cadáver del senador socialista Enrique Casas, que había sido asesinado por dos pistoleros de ETA en su propio domicilio y en presencia de su hijo mayor. Eran los años de plomo. «Esa escena me pegó muy fuerte. Era la primera vez que moría alguien a quien conocía físicamente y sentí la inmediatez de la muerte y del dolor. En ese momento me dije a mí mismo algún día escribirás sobre esto, sobre las amenazas, sobre las agresiones...». Ese día llegó el pasado 6 de septiembre cuando salió a la venta 'Patria' (Tusquets), la sensación editorial del año. El escritor más buscado del momento respondió a la llamada de la Fundación Banús para clausurar en Marbella el ciclo literario La Ficción en la Historia, que arrancó el pasado mes de abril bajo la coordinación de la profesora Carmen Díaz, y donde el autor presentó su novela sobre la realidad social en los años más duros de ETA en el País Vasco.

La novela ha batido todos los récords de ventas, más de 300.000 ejemplares hasta primeros de junio, y ha cosechado el aplauso casi unánime de los lectores. El Premio de la Crítica y el Premio Francisco Umbral avalan por el momento esta historia cosida con personajes ficticios, pero a través de los cuales el autor rescata para la memoria colectiva, futura y contemporánea, al ser humano concreto en medio de la historia atroz y sangrienta labrada por ETA.

«Creo que mi novela ha pegado tan fuerte porque interpela directamente al núcleo humano de la persona que está leyendo. Y porque muchos españoles tienen alguna vinculación de algún tipo con el terrorismo, porque han conocido a alguien o estuvieron en un sitio determinado cuando algo ocurrió», explicó el autor, que tardó tres años en perfilar este éxito editorial. Para ello, ha pagado un duro peaje: «evocaciones muy dolorosas», reconoce el vasco.

«En ningún momento me plantee que pudiera entrar en conflicto con la historia, con el relato basado en datos verificables, lo que yo he querido es mostrar la vivencia íntima de este asunto. La pregunta que yo me plantee cuando concebí esta novela y que, en cierto modo es también la que se plantean los lectores, es cómo se vivió todo esto más allá de la noticia diaria. ¿Cómo fue el día anterior, cómo lo vivió la mujer, el hijo o el vecino?».

Aramburu dijo que si por alguna razón la novela también ha sido bastante aceptada en su tierra natal, más de lo que él preveía, es precisamente porque ha contado lo que «ellos» llaman la otra parte: las torturas y los problemas que generan que los presos cumplan las condenas en cárceles fuera del País Vasco, lejos de sus familias.

El autor de 'Los peces de la amargura' (2006) y 'Años lentos' (2012), títulos que abordan, respectivamente, el dolor causado por el terrorismo de ETA y el nacimiento de la banda visto a través de las vivencias de un niño, estuvo muy hablador en Marbella. Y no dudó en referirse también a las críticas que ha recibido por escribir 'Patria' teniendo su residencia fijada en Alemania. Una distancia geográfica que aseguró ha intentando compensar con una cercanía emocional a las víctimas del terrorismo.

El público se agolpó de pie en los pasillos del salón de actos del Instituto Río Verde, que con 130 butacas se quedó pequeño para escuchar al autor del momento. Ante tan repleto auditorio, confesó que antes de entregar el manuscrito a su editor, pidió consejo a Florencio Domínguez, director del Memorial de Víctimas del Terrorismo, para no herir sentimientos. «Para mí hubiera sido muy doloroso que un sólo pasaje de mi libro hubiese ofendido o hubiera causado dolor a alguna víctima del terrorismo», subrayó Aramburu. El vasco no tuvo empacho en situarse una vez más junto a ellas, y expresó su voluntad de que «no se pase página tan rápidamente como algunos pretenden», echando un velo de olvido y haciendo como que no hubiera ocurrido nada. «Pienso que en este sentido la literatura puede cumplir una gran función», añadió.

Tres respuestas

El escritor ahondó en cómo el nacionalismo extremo ha impuesto su pensamiento único a través del miedo, sobre todo en los caseríos, «donde ha dictado conductas y ha determinado de una manera muy negativa la vida de muchas personas en el País Vasco». «Todavía ahora -dijo con preocupación- poner una bandera de España en un balcón en un pueblo de Guipúzcoa comporta serios riesgos para la salud del dueño del balcón, y esto en un Estado de derecho no debería ocurrir». En este sentido, confesó que él mismo estuvo expuesto «a la doctrina, a la presión grupal y al atractivo estético» de ETA. «Y podía haber caído en el abismo del ejercicio de la violencia como hicieron otros». ¿Por qué no lo hizo? El escritor señaló que tiene algunas respuestas a la pregunta. Aseguró que el hecho de criarse en una ciudad y no en un pueblo fue determinante para no seguir la senda del terrorismo, que el fondo moral de su cristianismo de infancia le alejó igualmente de la tentación de las armas, pero que, sobre todo, los libros, abrieron en él «un deseo de despliegue y no de repliegue como profesa el nacionalismo».

Y para terminar, una última confesión dirigida a los que todavía no han leído el libro: el asesinato del senador Enrique Casas no aparece reflejado en las páginas de 'Patria'. Sin embargo, contó que en un acto en Valladolid muy parecido al celebrado en Marbella aquel niño que presenció el crimen de su padre, convertido ya en un adulto, se le acercó para darle las gracias por la novela.

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