AQUELLAS CARTAS AÑORADAS

Este año ya he recibido la primera carta. Es de una empresa que utiliza un dibujo de un célebre pintor y que felicita la fiesta con el mensaje impreso y también la firma de un directivo

JOSÉ MANUEL BERMUDO

AUNQUE el tiempo no acompañe, como está ocurriendo este año, nos empeñamos en adelantar cada vez más la Navidad, sobre todo por el interés de contar con un período amplio de ventas que tienen los comerciantes, principalmente las grandes superficies, que son las que manejan las grandes campañas publicitarias. Las luces ya están puestas en las calles céntricas de los municipios, pendientes de que los representantes municipales aprieten el botón correspondiente y se hagan la foto en el momento de la inauguración. Polvorones, turrones y mazapanes hace tiempo que se encuentran expuestos en lugares preferentes de los supermercados y en DisneyLand París ya es Navidad estos días y se proponen ofertas especiales para no perdérselo.

Pronto comenzaremos a instalar en los hogares los árboles de Navidad y, en algunos casos, los belenes, que todavía son tradicionales en muchos hogares y en determinadas instituciones públicas, porque en otras, y depende de en qué lugar, se han eliminado por aquello de que vayan a romper la igualdad de religión entre los ciudadanos, que para eso somos más correctos (?) que nadie en algunos asuntos, que no en los realmente importantes.

Una de las cosas que más ha cambiado en estas fechas es la comunicación escrita. La tradicional felicitación navideña ha quedado absolutamente relegada por los mensajes que realizamos a través de las nuevas tecologías, que a veces son fríos y generalizados para todos: un mismo texto para una lista de conocidos apretando un solo botón. Ni sobres, ni sellos, ni desplazamientos a un buzón y, sobre todo, nada de sentarse un rato a escribir a cada uno de los nuestros, que eso es demasiado tiempo del que podemos disponer para otras cosas como, por ejemplo, dedicar varias horas a ver que pasa por el facebook, donde tampoco vamos a extendernos en la transmisión de nuestros sentimientos personales.

Este año ya he recibido la primera carta, de una empresa que utiliza un dibujo de un célebre pintor y que felicita la fiesta con el mensaje impreso y también la firma de un directivo. Seguramente no será la única, porque creo que un conocido centro comercial sigue teniendo la costumbre de enviar a sus clientes otra parecida, aunque habitualmente con la imagen de un cuadro que ha contribuido a restaurar en plan mecenazgo y que se encuentra en un importante museo. No sé si los recortes económicos habrán llegado a eliminar la tradición.

Me imagino que entre la gran mayoría de los jóvenes no habrá añoranza de este modo de comunicación, pero entre quienes hemos vivido otros tiempos sin redes sociales, recordamos las estanterías de nuestras casas con los christmas expuestos y la satisfacción de haber comprobado que habían aumentado en número con los años. Después llegó el proceso inverso y la desaparición de la costumbre, para lamento de aquellas asociaciones benéficas que tenían una buena parte de sus ingresos en la venta de las tarjetas navideñas. Y para descanso de los carteros, que han visto disminuido su trabajo en los últimos años.

El poeta y ensayista Wystan Hugh Auden hablaba en sus escritos de la importancia de las cartas en las que el que las escribe vuelca todo aquello que siente y a menudo reflejan una alegría infantil, mientras que el que las recibe ve acelerado su corazón. Fueron escritas en otro tiempo, pero serían válidas en todo momento si se continuara escribiendo a mano lo que es más difícil explicar por whatsapp.

Postdata: hace unos pocos años, un ministro de Cultura español pidió a los alumnos de una clase que en los días navideños escribieran una carta a sus familiares. Los escolares aún no salen de su asombro. Se desconoce si alguno la escribió.

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