Diario Sur

Mari está en paro con 5 hijos y una ayuda de 260 euros. :: josele-lanza
Mari está en paro con 5 hijos y una ayuda de 260 euros. :: josele-lanza

«Marbella no es sólo el lujo que venden»

  • De las villas y coches de alta gama a la pobreza energética y la comida 'prestada'; la ciudad tiene una cara B que se acentúa en estas fechas

  • Las familias con menos recursos cuentan cómo pasan las fiestas navideñas

Marbella es la cara del turismo de lujo en España, un hecho que se constata en estas fechas con la proliferación de fiestas, cenas y eventos accesibles para pocos. Sin embargo, muchos marbellíes viven una realidad completamente diferente. Así están algunos jubilados, como Enrique, que tiene que vivir con 300 euros al mes, o Ángeles y Francisco, que deben hacerse cargo de su nieto recibiendo una cantidad muy por debajo de la mínima dignidad en un país como éste. La mayor parte rechaza hacerse fotografías, y algunos incluso no quieren profundizar en su realidad haciéndola pública.

Ese no es el caso de Yadira, que lleva en Marbella algo más de 10 años y sí explica cómo es su día a día. Nacida en Ecuador, y después de pasar un tiempo en Madrid, llegó a la ciudad alertada por los cantos de sirena que le decían que en la ciudad del lujo siempre habría trabajo para alguien como ella. Entonces comenzó a trabajar en uno de esos lugares que rápidamente se relacionan con la imagen de ostentación: cumpliendo las funciones de limpiadora, realizó estas funciones en La Cañada durante cinco años, hasta que un día le dijeron que ya no seguiría más.

Desde entonces, Yadira -que aún no ha encontrado un trabajo estable- naufraga junto a sus cinco hijos y su nieta entre los Servicios Sociales del Ayuntamiento, el comedor social que dejó de existir, y las viviendas que 'okupa' como único y último recurso. «Cuando me desahuciaron no me quedó más que varias maletas y mis hijos, y la única opción que tuve fue ir a dormir a la playa. Al día siguiente acudí a los Servicios Sociales, y en vez de ayudarme me alertaron de que debía encontrar un techo en 24 horas o me quitaban a mis niños. Esa es la historia de cómo me hice okupa», relata Yadira. Esta ecuatoriana de 45 años explica que la única ayuda que recibe son 266 euros , una cantidad que a todas luces es insuficiente para mantener a su familia.

«En el único sitio que me ayudaron fue en el comedor social de Ana, pero lo cerraron», señala con resignación. No en vano, Marbella no cuenta en la actualidad con ningún comedor social, una realidad tan sorprendente como alarmante. «Pero no somos precisamente pocos los que estamos en mi misma situación», añade Yadira, «y no hace falta ser latina o musulmana, sino que hay marbellíes que están al límite y que se encuentran con la misma falta de apoyo que el resto». Aunque poco le importa que sea Navidad -la cosa no le va mejor estos días-, Yadira afirma entender a aquellos que sorprenden cuando cuenta que en Nochebuena y en la Nochevieja de hoy no cenarán nada. «Es lo que tiene no tener de nada, que podremos comer algo si tenemos, pero en principio no creo que sea así; pero para nosotros no es más duro porque sea un momento concreto del año, es nuestro día a día».

«Dicen que en Marbella hay mucho dinero. ¿Y dónde está?», se pregunta, antes de lanzar un último comentario desgarrador. «Pero esto no es nuevo para nadie. Los pobres comemos poco y mal, los ricos gastan miles de euros en cenar».

Ángel y Mari tienen 38 y 36 años, y son de Marbella «de toda la vida». Tienen cinco hijos y un sexto en camino, y ambos llevan casi dos años sin trabajar. «La realidad es que no tenemos nada», explican. «A veces nos ayuda Cáritas, otras veces vamos a un comedor social y de vez en cuando nos dan un vale de 40 euros para alimentos», añaden. Independientemente de su situación, sí que hay una realidad que les «indigna» por encima de todo. «Marbella no es solo el lujo que nos venden; siempre se cuenta lo bonito como escaparate, pero es todo una mentira que disfrutan unos pocos», afirman. El ejemplo más claro son siempre las fiestas, aseguran. «Mientras vemos cómo se organizan grandes fiestas, hay gente como nosotros que vamos a tener la suerte de comer un pavo relleno porque los dueños de una carnicería lo han donado a una asociación, y ésta a su vez nos lo ha dado a nosotros».

Dando por hecho que no podrán regalar nada a sus hijos, este joven matrimonio sí que pide al 2017 que les den un trabajo. «Yo no quiero que me que subvencione nadie. Yo quiero trabajar, ganarme el pan con el sudor de mi frente, ser un ejemplo para mis hijos y que no les falte de nada», concluye Ángel. Marbella, ciudad del turismo de lujo; de las grandes villas y de los coches de alta gama, también tiene una cara B, a veces tan invisible como real.