Diario Sur

Vigil de Quiñones, un marbellí entre 'Los últimos de Filipinas'

José Ignacio Bidón y Vigil de Quiñones y el alcalde José Bernal sostienen la corona del homenaje.
José Ignacio Bidón y Vigil de Quiñones y el alcalde José Bernal sostienen la corona del homenaje. / Josele-Lanza -
  • Marbella homenajea a uno de los héroes del 'asedio de Baler', el médico militar nacido en la ciudad que acabó con la fiebre amarilla

«Nunca quiso que se le hablara de Filipinas. Era una persona reservada, callada y nunca quiso contar nada de lo que allí vivió». Fue uno de los 33 supervivientes del 'asedio de Baler', uno de los protagonistas de uno de los episodios más interesantes de la historia militar del país, el que puso fin al Imperio Español. Quienes lograron salir de aquella gesta -después de 337 días encerrados en una pequeña iglesia luchando contra el ataque de 400 soldados de la etnia indígena Tagalo y sin querer creer durante meses que la guerra había terminado- fueron bautizados como 'Los últimos de Filipinas'. En la nómina de soldados figuraba un marbellí, Rogelio Vigil de Quiñones, médico militar. Su figura sigue muy presente en la ciudad donde se le recuerda con una placa en su casa natal (en calle Nueva), un busto y un campamento juvenil que recibe su nombre y donde languidece en estado ruinoso una pequeña capilla levantada a modo de réplica de aquel templo (San Luis de Tolosa) en el que Rogelio y sus compañeros resistieron atrincheraros entre junio de 1898 y junio de 1899. Entraron 54 soldados. Sobrevivieron 33. Durante meses se negaron a creer lo que les decía el enemigo: que España había cedido sus derechos sobre el archipiélago a EEUU en el llamado tratado de París del 10 de diciembre de 1898. En ese tiempo pasaron un calvario marcado por el hambre y la enfermedad, de ahí que tras abandonar la isla filipina y regresar a España, poco o nada de lo ocurrido saliera de la boca de quienes pasaron por aquel trance. Al menos de la de Rogelio Vigil de Quiñones, como explica a SUR uno de sus nietos, el abogado José Ignacio Bidón y Vigil de Quiñones, quien ostenta a día de hoy, además, el cargo de Cónsul General Honorario de Filipinas en Sevilla, Huelva, Córdoba, Jaén, Jerez y Badajoz. «Recuerdo que mi madre comentaba que el abuelo nunca quiso que se le preguntara por aquello, supongo que por el horror que vivieron allí, independientemente de que estuvieran orgullosos de lo que habían defendido», indica.

El largometraje dirigido por Salvador Calvo, '1898. Los últimos de Filipinas', que se estrenará el 2 de diciembre, devuelve a la actualidad unos hechos cuanto menos curiosos, y los nombres y apellidos de quienes protagonizaron aquella hazaña.

La celebración en Marbella del II Foro Iberoamericano de Andalucía arrancaba ayer con el homenaje del Ayuntamiento marbellí al conocido médico militar. A las puertas de la casa natal, José Ignacio Bidón y Vigil de Quiñones y el alcalde, José Bernal, recordaban su figura e intercambiaban regalos.

Rogelio Vigil de Quiñones.

Rogelio Vigil de Quiñones. / SUR

El cónsul aprovechó la presencia del regidor para reclamarle la rehabilitacion de la iglesia del Parque Vigil de Quiñones a la vez que animaba a la ciudad a que «aproveche» la figura del médico. José Bernal no sólo recogió el guante, sino que anunció que el presupuesto de 2017 incluirá una partida para recuperar la réplica de la ermita de Baler. «Tenemos este compromiso presupuestario, y entre las cuestiones que estudiemos estará que ese sea espacio para el encuentro entre los dos pueblos, el español y el filipino».

Pertenencias

Los descendientes de Rogelo Vigil de Quiñones han querido mantener viva su historia y de hecho desde hace mucho tiempo ha sido la familia la «fuente» más importante de la que han bebido escritores, historiadores y cineastas. No solo en cuanto a testimonios sino y, sobre todo, a material. Pertenencias del abuelo Rogelio que sus descendientes guardan como oro en paño. Desde uniformes militares a armas o aquel reloj que el médico llevó durante el asedio y que «se supone que fue el que marcó los últimos segundos del imperialismo español», recuerdos que, según explica su nieto, la familia estaría dispuesta a ceder a Marbella para que ocupen un museo dedicado a la figura del insigne médico militar. «Mi tío Rogelio hizo mucho por dar a conocer no solo la historia de su padre, sino de los 33 supervivientes. Después también me ha tocado a mi, en calidad de Cónsul General de Filipinas, mantener esa llama. Que sepan los marbellíes que en Filipinas, su paisano Vigil de Quiñones es considerado un héroe y que la historia de 'Los últimos de Filipinas' se estudia con interés», indica el nieto del médico.

Ese trabajo de difusión e investigación ha conducido a los descendientes en más de una ocasión hasta Marbella donde diversa documentación remonta a los primeros Vigil de Quiñones en la ciudad a mediados del siglo XVI. Más allá de sus valores militares, a Rogelio se le considera por su gran aportación a la medicina, al descubrir en pleno asedio y sin apenas medios, un remedio para acabar con el beriberi o fiebre amarilla, que se llevó por delante a muchos de sus compañeros. Él mismo contrajo la enfermedad y gracias a su antídoto elaborado con «hierbas y otros potingues, por llamarlo así», como señalan con admiración sus descendientes, logró salvar su vida y la de otros muchos.