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Francisco Gómez Palma: «Si la sociedad de Marbella no asume el valor real de la Semana Santa no conseguiremos engrandecerla»

Francisco Gómez, tras la entrevista, delante de la capilla del Cautivo y Santa Marta.
Francisco Gómez, tras la entrevista, delante de la capilla del Cautivo y Santa Marta. / Josele-Lanza -
  • Lleva vinculado a la Semana Santa desde niño. Ahora, el conocido empresario deberá pregonarla. Una tarea que le «honra» y para la que, asume, tendrá que tomarse «una tila»

Las fechas bailan en su cabeza, pero su primer recuerdo cofrade es cristalino: en la procesión de la Pollina. Ni siquiera había cumplido los diez años. Desde entonces Francisco Gómez Palma, convertido hoy en un conocido empresario, propietario del Grupo Alfil y promotor de un mercado gourmet que abrirá próximamente en Ricardo Soriano, ha forjado un conocimiento preciso y un cariño sincero hacia la Semana Santa de Marbella. Su compromiso le llevó incluso a ser hermano mayor del Cautivo y Santa Marta, cofradía a la que sigue ligado y cuya junta de gobierno le ha propuesto como pregonero de la Semana Santa 2017. El máximo órgano cofrade de Marbella ha refrendado por unanimidad la elección. Ahora, sólo espera torear este «Miura» con algo más que solvencia.

-Casado y padre de tres hijas. ¿La familia comparte su pasión cofrade?

-Desde luego. Mis niñas salen desde pequeñitas con el Cautivo y Santa Marta. La madre (Begoña Castillo, gerente de CIT Marbella) salía con túnica y capirote, pero desde que se creó el trono de Lázaro, Marta y María sale como mujer de trono.

-¿Desde qué año ha estado vinculado a la Semana Santa marbellí?

-Mi primer recuerdo se remonta a un Domingo de Ramos en la calle Peral, más o menos a la altura del Bar Alaska, junto a Laura Maíz, en la procesión de La Pollina. Ese es el primer recuerdo que tengo de participar en la Semana Santa. No sé el año, supongo que sería en torno a 1977. Después, como estudié fuera, estuve un poco más distanciado hasta que en el año 90 mi padre me llevó a una comida de la Hermandad de Santa Marta, en el Restaurante El Corzo del Hotel Los Monteros. Aquello me atrajo de una forma brutal y me hice hermano. Por tradición familiar, por parte de mi padre, soy hermano también del Nazareno y Santo Sepulcro, y cuando ya me vine a vivir aquí en 1997 me involucré mucho más. El conde Rudi me nombró secretario de la Hermandad de Santa Marta. Seguir sus pasos fue una experiencia maravillosa... Más tarde, en 2005 me cedió el testigo de hermano mayor en un cabildo de elecciones que tuvo lugar en Marbella Club. Siempre dije que iba a estar como mucho dos legislaturas, que entendía que no era positivo estar mucho más tiempo, y así lo cumplí. Ahora Paco Bootello le ha dado un impulso a la hermandad, poniéndola en una posición a la que yo no hubiera sido capaz de llevarla.

-¿Qué recuerdos tiene de su etapa como hermano mayor?

-A mí me tocó hacer la transición de la cofradía. Santa Marta es la única hermandad gremial y antiguamente estaba sustentada única y exclusivamente por los hoteles y restaurantes de Marbella. Y no todos. Poco a poco todo fue cambiando y el vínculo se fue debilitando a causa de la rotación de los directores y propietarios de los hoteles y la inmersión de los establecimientos en grandes cadenas. Así que se hizo necesario abrir la hermandad y cambiar también su forma de financiación de modo que los hermanos empezaran a pagar cuotas. Fue una labor muy bonita, pero no fue fácil. Hubo gente a la que le costó entender que había que hacer ese cambio por el bien y el futuro de la hermandad. El conde Rudi tuvo durante 32 años un papel importantísimo de asentamiento, Paco Bootello está ahora en una fase de crecimiento de la hermandad y a mí me tocó esa transición.

-Casi bailar con la más fea...

-Bueno, también bailé con muchas bonitas... Cuando cogía mi cetro de hermano mayor y me ponía delante del trono con la cara cubierta, un rasgo de identidad que yo no quise perder y que creo que Paco Bootello tampoco querrá perder, vivía un momento de recogimiento muy grande. Ahí no hay feas, ahí sólo hay bonitas.

-¿Se ha sentado a darle forma al pregón?

-Todavía no. Tengo muy claro lo que me gustaría que fuera el pregón, pero no sé si seré capaz de plasmarlo. Creo que cuando haces el pregón de tu Semana Santa debes transmitir tus sentimientos, tus vivencias, tus creencias e incluso algunas de tus opiniones. Un magnífico ejemplo de ello es el pregón del año pasado de Pedro Narváez. Fue un pregón precioso. Recuerdo también con mucho cariño el que pronunció Antonio Maíz, un pregón extraordinario. Salvando todas las distancias, pienso que compartimos perfiles parecidos: somos del pueblo y hemos vivido la Semana Santa, así que en todas las cofradías tenemos algo que nos pega un pellizco. Un amigo en esa hermandad, algún familiar en esta otra o aquella te ha echado una mano cuando la has necesitado. Porque ésa es otra, las cofradías se ayudan entre sí. Esa buena relación que hay entre todas te hace que con todas tengas algo de cercanía. Reflejar eso en el pregón será uno de los retos.

-Un reto importante es también dar opiniones y hacer reivindicaciones en un pregón. ¿La audiencia debe temerle en ese aspecto?

-Espero no ser incendiario. La gente en Marbella más o menos me conoce y sabe que yo suelo decir las cosas que pienso. Evidentemente el pregón pasará filtros, me autocensuraré. Me sentaré con mi director espiritual, don José (López Solórzano), para que él me dé el visto bueno. No vamos a hacer ninguna locura, pero hay cosas que los cristianos tenemos que reivindicar y si don José lo ve oportuno y le damos la redacción correcta lo haremos en el pregón.

-¿Y qué cosas son? Se lo pregunto por si no pasa el filtro de don José.

-Entonces quizás no debieran publicarse (ríe...)

-¿Habrá sorpresas? Muchos recuerdan todavía el pregón de Juan Carlos García, que regaló la talla de una Virgen de la Victoria a la ciudad.

-Yo no soy artista, así que no voy a poder regalar ninguna imagen. ¿Sorpresa? Pues no lo sé. Las personas de Ciencias somos más espartanas. No sé si adornaremos mucho o poco el pregón pero desde luego no llegaremos a extremos a los que han llegado otros pregoneros con multimedia y ese tipo de cosas. Yo creo que el mensaje no se debe diluir entre los fuegos artificiales.

-¿Tiene experiencia en estas lides?

-No. Y que el primer toro sea un Miura es complicado.

-¿El pregón de su ciudad es un Miura?

-Es el pregón de los pregones. Yo no he pregonado a una cofradía, tampoco ninguna fiesta. Lo más que he hecho, hace años, es escribir un artículo para la revista 'Hosanna' de la Hermandad de la Pollinica por encargo de Federico Vallés.

-¿Sorpresa por la designación?

-Sorpresa sí. Ahora bien, puedo dar la sorpresa o el petardazo...

-¿Se dejará aconsejar?

-La estructura del pregón la tengo bastante clara, aunque en matices lógicamente sí me dejaré aconsejar. Una gran consejera para mí es mi mujer y ella me aconsejará y estoy seguro de que lo hará muy bien. Entiendo que el pregón es algo personal así que tampoco voy a pedirle consejo a mucha gente. Ya que me han honrado con este honor tremendo me gustaría que fuera un pregón que transmita mi forma de ver la Semana Santa y lo que la Semana Santa me transmite a mí.

-¿Qué sensaciones le embargan?

-Ilusión y responsabilidad. Me siento honradísimo, pero el miedo escénico está ahí y espero solventarlo: me tomaré una tila.

-¿Qué necesita la Semana Santa para convertirse en un referente?

-Primero que el Ayuntamiento cumpla con sus compromisos. Si se comprometió a pagar una subvención para 2016 que la pague más o menos en fechas cercanas a la Semana Santa de 2016, porque las hermandades han tenido que pagar flores, cirios, bandas de músicas... Y han pasado ya nueve meses y las hermandades siguen sin cobrar. Si realmente todos los que componemos la sociedad de Marbella no asumimos el valor real de la Semana Santa no conseguiremos engrandecerla. A mí me duele en el alma pasar por algunas calles donde los comerciantes te miran con mala cara porque estás molestando a sus clientes. Y yo pienso: si no hubiera Semana Santa igual no tenía clientes.