Diario Sur

Westley Capper, en los juzgados de Marbella. :: josele-lanza
Westley Capper, en los juzgados de Marbella. :: josele-lanza

24 meses de angustia

  • El juez ha señalado seis indicios que apuntan a los dos británicos como autores de una desaparición forzosa

  • Esta semana se han cumplido dos años de la desaparición de Agnese Klavina Los dos sospechosos están procesados pero siguen en libertad

24 meses sin novedades han sido suficientes para que las últimas esperanzas se hayan evaporado. La confianza en que el misterio de la desaparición de la joven letona Agnese Klavina, vista por última vez el 6 de septiembre de 2014 en una discoteca de Puerto Banús, se resuelva con una buena noticia ya no existe.

Cuando se acaban de cumplir dos años de la desaparición, las expectativas se concentran en despejar las incógnitas y conocer la verdad. Después de dos años de investigaciones, tanto la policía como el juez que instruye el caso en un juzgado de Marbella apuntan a dos británicos vecinos de la ciudad como presuntos autores de una desaparición que no ha sido voluntaria. Se trata de Craig Porter y Westley Capper. Este último acaba de abandonar la prisión de Alhaurín de la Torre tras haber permanecido ingresado como preventivo durante poco más de tres meses no por este asunto, sino por el atropello mortal de una mujer en San Pedro Alcántara en un accidente en el que se comprobó que conducía bebido y a más velocidad de la permitida.

Capper, hijo de un multimillonario y a quien no se le reconoce ocupación alguna, recuperó la libertad tras pagar 50.000 euros de fianza y depositar 321.000 euros como garantía ante una posible responsabilidad civil. Su procesamiento en la causa por la desaparición de Klavina le impide, al igual que a su compañero, abandonar el país.

Cámara de vigilancia

La última imagen de Agnese Klavina la grabó una cámara de seguridad de Aqwa Mist, una de las discotecas de moda de Marbella, la madrugada del 6 de septiembre de 2014. En el vídeo, que inicialmente fue borrado pero que pudo ser recuperado por los técnicos de la policía, se observa a la joven letona salir del local a las seis de la mañana acompañada por un hombre calvo y grueso. No parecía «muy convencida, con movimientos dubitativos», según el juez que investiga el caso. Incluso llegó a pararse, «negándose a seguir caminando» y mostrando «cierto grado de resistencia activa» a ir con aquel hombre, que «la cogió del brazo y tiró de ella hacia su vehículo», un Mercedes AMG S63, un deportivo que cuesta, nuevo, unos 200.000 euros. A unos metros, se ve a otro individuo de complexión más delgada que conversa con el portero de la discoteca antes de subirse en el coche.

Después de las imágenes de la puerta, se esfumó. No usó su móvil ni sus tarjetas, ni tampoco recogió ropa de su apartamento. La policía logró identificar a los dos sospechosos que aparecían en las imágenes. El tipo calvo y orondo era Westley Capper (38 años), hijo del multimillonario británico John Capper, que amasó su fortuna con la compraventa de mansiones de lujo; el más delgado era Craig Porter (34), su compañero habitual de juergas.

Involuntaria

En el vídeo que los delató se aprecia que Agnese logró soltarse de Capper, pero éste «la agarró de nuevo, esta vez de los dos brazos», y la hizo continuar, «llegando a redirigirla al Mercedes». Las imágenes reflejan que la joven intentó apearse del coche, pero no lo consiguió porque el empleado de la discoteca, siguiendo instrucciones de Capper, «le cerró la puerta», dice el juez. La Unidad de Análisis de Conducta de la policía estudió el lenguaje no verbal de Agnese y concluyó que la chica no entró en el vehículo de forma voluntaria al considerar que su comportamiento resultaría compatible con «actos no consentidos y contrarios a su voluntad», propios de una persona que «actúa bajo la respuesta emocional básica del miedo».

El juez que investiga el caso, que ha procesado a Capper y a Porter como presuntos autores de la detención ilegal de Agnese, enumera en el auto, al que ha tenido acceso SUR, otros cinco indicios -aparte del vídeo de la discoteca y el informe de lenguaje no verbal de la chica- acumulados contra ellos. Pese que a los carteles repartidos por Marbella y las noticias publicadas sobre la desaparición, «ninguno de los dos procesados se puso en contacto con la policía ni con la familia ni con nadie» para decir que habían estado con ella.

El magistrado también observa «contradicciones» en las declaraciones policiales y judiciales de los sospechosos. Capper dijo en comisaría que durante el trayecto en el coche, en el que él y su amigo siguieron consumiendo cocaína, Agnese le pidió que parara el coche para apearse, ya que no quería ir a casa con ellos. Según Capper, la dejó en una rotonda de la carretera de Ronda, aunque más tarde, durante una reconstrucción, afirmó haberla dejado algo más arriba, en una zona sin acerado ni iluminación. Para el juez, es «increíble e inverosímil» que quisiera bajarse allí, a dos kilómetros de su casa, en una oscura cuneta, «con la vestimenta y el calzado que llevaba», y encima bajo los efectos del alcohol u otras sustancias «que probablemente aprovecharían los procesados para doblegar su voluntad», refleja en su auto.

El hijo del millonario inglés declaró que había conocido a Agnese esa misma noche en la discoteca y le propuso «continuar la fiesta en su casa», a lo que ella accedió. «Entendí que era una prostituta, aunque no llegamos a hablar de dinero», dijo. Antes de llegar esa noche a Aqwa Mist, él y Porter ya habían estado en un club de alterne y en varios bares de Marbella. Consumieron alcohol y cocaína. Al juez tampoco le parece verosímil que, al día siguiente de la desaparición, Capper se dirigiera en el Mercedes -fue grabado por una cámara- a la urbanización Los Arqueros Golf de Benahavís, donde vivía Agnese. Alegó que había ido a comprar droga a un tal Steve, que ha sido identificado por la policía y que, según el último informe remitido al juez, no vive allí.

Pero lo más llamativo para el instructor fue el «intensísimo» tráfico de llamadas que se registra a partir de la 6.33 horas desde el móvil de Capper, que llamó (o intentó hacerlo) a una misma persona. El magistrado entiende que esa cantidad de llamadas, un sábado y tan temprano, debían haberse producido por algo «grave y trascendente» y los procesados buscaban la ayuda de sus amigos para resolver el problema. Capper contó que estuvo llamando a un amigo para que se uniera a la fiesta.

Puerto de Estepona

El último de los indicios que el juez utiliza contra ellos son unas imágenes captadas por la videovigilancia del puerto deportivo de La Duquesa, en Estepona, que filmó a Capper junto a dos personas más entrando en el pantalán «de forma escalonada». El instuctor asegura que se veía cómo alguno «agachaba la cabeza para que la cámara no lo grabara» y a otro «portando una maleta grande color rojo». Aquel día, el británico y sus amigos zarparon en su embarcación Giofill III rumbo a Ibiza, aunque una avería en los motores les obligó a atracar en Cartagena, según declararía más tarde el procesado.

La policía intervino allí el barco, que estaba extremadamente limpio. Sólo encontraron unos restos orgánicos y un pelo, que se unieron al cabello rubio hallado en el Mercedes de Capper. La principal hipótesis que manejaba la policía es que Agnese está muerta, por eso los investigadores tenían la esperanza de que el ADN confirmara que esos restos eran de la letona. No fue así. El perfil genético de esos cabellos se cotejó con muestras recogidas del peine y el cepillo de dientes de Agnese, y también de la hermana y la madre. «Todo ha sido negativo. Hemos recurrido el auto de procesamiento y hemos rebatido cada indicio. Creo que no hay pruebas para ir a juicio, y me sigo preguntando por qué no se investiga la posibilidad de que a Agnese le ocurriera algo cuando Capper y Porter la dejaron en aquella rotonda», explica el abogado Jorge Hoz, que defiende al hijo del acaudalado inglés.

La familia, que está convencida de la participación de los británicos, ha contratado para la acusación a dos de los letrados más prestigiosos del país, Fernando Scornik y Enrique Bacigalupo, este último exjuez del Supremo que tiene entre sus clientes al futbolista Lionel Messi. Scornik declaró durante la fase de instrucción que la única explicación a que el cuerpo de Agnese no haya aparecido es que «hay que buscarlo en el fondo del mar».