Diario Sur

«Desde pequeño me fui mentalizando en que lo mejor para mi futuro sería salir del país»

Guillermo Ortuño, junto a la capilla de la Universidad de Duke.
Guillermo Ortuño, junto a la capilla de la Universidad de Duke. / Sur
  • Guillermo Ortuño Estudiante de doctorado en Durham (Carolina del Norte)

  • Este biólogo marino de 23 años llegó hace uno a Durham persiguiendo un sueño: zambullirse en la investigación. Un reto al que está dando forma con respaldo del gobierno alemán y empresas como Google

España es pionera en muchas disciplinas, «por desgracia» para Guillermo Ortuño, la biología marina no es una de ellas. Este amante del submarinismo quiere hacer de su pasión por los ecosistemas profundos su medio de vida. En su búsqueda ha recalado en la ciudad de Durham, en Carolina del Norte, para realizar su doctorado. No duda cuando se le pregunta por el motivo de su elección: «La Universidad de Duke está ahí. Es la única universidad que solicité y la única a la que quería entrar».

La precocidad de Guillermo para decidir su futuro le llevó desde muy joven a otear el horizonte en busca de la mejor formación. Pronto descubrió que las grandes universidades para el estudio de lo que ansiaba están fuera de España. «Desde pequeño me fui mentalizando en que lo mejor para mi futuro sería salir del país», afirma. «Con ello –prosigue– no quiero decir que en España no haya buenos programas de biología marina, ni mucho menos, pero en EEUU, Australia o Reino Unido son mucho más completos y te ofrecen más medios para avanzar con tu investigación».

El coste de sus estudios no es un asunto baladí para el marbellí. Aunque sus padres no paran de repetirle que se centre en aprender y que se olvide de esos temas, Guillermo es muy consciente del esfuerzo familiar, que se hizo especialmente patente durante los últimos años de carrera –cursados en el laboratorio marino de Duke, en un pueblo llamado Beaufort– y durante su periplo escocés para realizar un máster. Por ello, da gracias por haber entrado en este programa de doctorado con todos los gastos pagados. «Ha sido un regalo inmenso que me ha dado mucha tranquilidad, creo que la mayor alegría es poder darles un respiro económico a mis padres, aunque ellos insisten en que es lo de menos y que habrían encontrado la manera de seguir apoyándome de no haber entrado». El joven, que ha empezado a trabajar ya en su tesis doctoral, está a punto de publicar el primero de sus cinco capítulos, el cual ya ha podido presentar en dos conferencias que le llevaron a Corea del Sur en mayo y a Canadá en agosto. Un ejemplo del apoyo que recibe es que estos viajes han sido sufragados por la universidad o la fundación que financia parte de sus estudios. «Cobro un salario mensual y me han comprado hasta el ordenador. Por desgracia en España esto no se da para una carrera como la biología marina, o por lo menos yo no lo conozco».

Guillermo llegó a Durham hace ahora un año. Y su primera impresión fue que tarde o temprano iba a necesitar un coche. Se equivocó. El transporte público es uno de los fuertes de esta ciudad y a los estudiantes les sale gratis. De todas formas, pasa la mayor parte del tiempo en el campus.A la par que toma clases, avanza en la tesis. El próximo capítulo estará relacionado con un proyecto de 5 años con el gobierno alemán, en el cual, junto a los miembros de su laboratorio, creará una base de datos global de todas las especies marinas migratorias y sus rutas. No es la única investigación en la que participa y que formará parte de su memorando: se integra en un segundo proyecto con la ONG Oceana, la compañía Skytruth y Google, para estudiar los patrones de distribución de la pesca mundial, basándose en datos de posicionamiento GPS.

Violencia

Guillermo resta algunas horas al trabajo para familiarizarse con esta ciudad «cosmopolita, de precios razonables y muchas zonas verdes». Y también con sus vecinos, a los que define como «amables y tranquilos». Eso sí, reconoce que tienen «un problema muy serio de cara a la violencia. Los tiroteos, crímenes por arma de fuego o asaltos, se han convertido en algo tan frecuente que la sociedad esta desensibilizada».

Dice estar bien adaptado y de ahí que sepa guardar distancia con temas «altamente inflamables» en un «país de extremos». Las elecciones de noviembre (en especial con partidarios de Trump), la regularización de inmigrantes, el aborto, el matrimonio homosexual, el control de armas de fuego o la religión son temas ante los que prefiere callar, y eso que Guillermo presume de estar rodeado de personas moderadas dentro del ámbito académico. Cuenta que otro tema delicado es el de la brutalidad policial y los asesinatos de ciudadanos afroamericanos a manos de la policía. A colación trae a la memoria una campaña reciente cuyo lema, «Black lifes matter» (las vidas de los afroamericanos importan), ha causado malestar entre parte de la población blanca que dice «All lifes matter», es decir, no solo la vida de los ciudadanos de color importa, sino todas las vidas. «Ahí es cuando la gente saca las garras y empieza a hablar de quien muere más, que razas suelen delinquir más...». Quizá no sea por este tipo de cosas, pero Guillermo quiere regresar. Por ahora le quedan 4 años de doctorado y acaricia la idea de un posdoctorado. Formación que traerá de vuelta para «contribuir a que España se convierta en un país pionero en la biología marina».