Diario Sur

Pablo Corzo: «En Francia tienen más conciencia de clase e implicación que en España»

Pablo Corzo vuelve a España en septiembre para realizar un segundo máster.
Pablo Corzo vuelve a España en septiembre para realizar un segundo máster. / SUR
  • Tras dos años viviendo en París, este licenciado en Derecho reconoce cierta «psicosis» en Francia tras los atentados de los últimos meses

Pablo Corzo se licenció en Derecho hace unos años, pero tras aquello se fue a Barcelona a realizar un máster. Consciente de la importancia de los idiomas, decidió irse a vivir a París. Más por una cuestión de aprendizaje que por necesidad, este joven malagueño llegó con 25 años (hace dos) a tierras francesas, en las que ha trabajado como manager en una tienda de ropa Hollister;un proceso que también le ha servido para conocer las diferencias entre el mercado laboral español y el francés.

«En Francia las condiciones laborales son bastante mejores que en España. La semana laboral son 35 horas y aunque evidentemente hay trabajos en los que se trabaja más, esas horas extra se convierten en días extra de vacaciones. Todo esto es fruto de una histórica lucha por derechos sociales que, como hemos visto en las manifestaciones y huelgas los últimos meses, sigue vigente. Allí tienen más implicación y conciencia de clase desde edades muy tempranas que en España», explica.

Esto último fue algo que en su posición de Manager tuvo la oportunidad de comprobar cuando anunciaron que por estar en zona de interés turístico, iban a abrir todos los domingos. «Tras varias semanas de reuniones entre sindicatos y la empresa, consiguieron que los domingos fueran pagados el doble y que cada 4 domingos trabajados, tuvieran derecho a un día extra de vacaciones, así como que todos los que hicieran el último turno (acabando a las 22) pudieran volver a casa en Uber, que sería reembolsado por la empresa a final de mes».

Pese a lo positivo de esta lucha por los derechos laborales, vivir en la capital gala no es sencillo. «París es bastante más cara que España en el tema de vivienda, para salir a cenar, hacer la compra y demás, sin embargo, sí es cierto que el poder adquisitivo es mayor, ya que el salario mínimo francés dobla al español; yo creo que con 1.000 o 1200 euros mensuales se puede vivir», señala. «Creo que todo malagueño quiere acabar viviendo aquí, pero con las condiciones laborales actuales que me han descrito compañeros de carrera que se han quedado, somos muchos los que preferimos seguir unos años fuera ganando experiencia laboral y conociendo mundo, y volver con expectativas», apunta.

Si por algo ha sido noticia Francia en estos últimos dos años, desgraciadamente, ha sido por el terrorismo yihadista, un factor que en cierta medida parece haber modificado la vida de franceses, y más concretos la de los parisinos. Pablo explica que tras los atentados de noviembre hubo unas semanas en las que había un poco de psicosis, en las que cualquier ruido más fuerte de lo normal producía sobresaltos, saltando varias falsas alarmas por objetos abandonados que en otro tiempo nunca habrían llamado la atención.

«Los cambios fueran inmediatos:patrullas de soldados en estaciones de tren y aeropuertos; en cada puerta del centro comercial hay personal de seguridad revisando bolsos, mochilas y abrigos, y ahora los transportistas cada mañana tienen que identificarse y firmar un registro. Con el departamento de seguridad de la empresa hemos hecho varias teleconferencias acerca de cómo proceder en caso de ataque terrorista. Más allá del día a día, económicamente también ha supuesto un fuerte impacto en zonas comerciales como los Campos Elíseos, Galeries Lafayette o los Centros Comerciales del centro de París como el mío, donde el turismo representa un gran porcentaje de las ventas», analiza.

Pese a ello, Pablo ha seguido yendo los fines de semana a quedar con sus amigos españoles, para cenar juntos y tomar algo por la zona de Rèpublique, que es donde suele moverse la gente joven. Estos últimos meses, además, en cuanto empezó a hacer buen tiempo, todo el mundo ha salido a la calle. «Todas las terrazas se llenan, y los fines de semana los diferentes parques, la rivera del Sena y el Canal Saint-Martin suelen estar llenos de gente haciendo un picnic», cuenta. A partir de septiembre, Pablo regresa a España para intentar realizar un segundo máster que le lleva a conocer más mundo, aprender más idiomas y seguir formándose. Quizás, algún día, vuelva a vivir en Málaga.