«Trabajar fuera me ha dado una seguridad laboral difícil de imaginar en España»

En la Plaza Antigua de la capital checa, con su pareja.
En la Plaza Antigua de la capital checa, con su pareja. / Sur
  • Oliver Liguori Front of House Operations Manager en el Mandarin Oriental (Praga)

Su abuela Mari Carmen le repetía que era un chico con muchas leyes y que debía ser abogado. Cuando llegó la hora de cursar estudios universitarios, Oliver Liguori, que por aquel entonces no tenía las cosas claras respecto a su camino profesional, hizo caso de los consejos y se decantó por la abogacía. Sobre lo que no albergaba dudas era de querer continuar su formación en el extranjero. Tras crecer en Marbella y estudiar en el Colegio Alemán de la localidad, se sentía como pez en el agua en un ambiente multicultural. Salzburgo fue la ciudad elegida para iniciar sus estudios de Derecho. Lo que no sospechaba Oliver en aquel momento es que Austria sería su primera experiencia fuera de España, pero no la única. Después vendrían Múnich, Londres y Praga, donde reside desde hace dos años y medio.

La República Checa se ha convertido en su nuevo hogar. El país donde ha encontrado el amor y ha alcanzado éxito profesional al situarse en un cargo directivo en un hotel de cinco estrellas. Desde su puesto de Front of House Operations Manager tiene bajo su responsabilidad el funcionamiento de todos los departamentos del Mandarin Oriental ligados al cliente.

Y es que Oliver dejó colgados los libros de leyes tres años después de tomarlos. «Aunque las notas me acompañaban, yo sabía que aquello no era lo mío. Tardé en decirlo en casa porque tenía miedo a que se lo tomaran mal. Por suerte, a través de un amigo mío que en aquel momento estudiaba en la escuela de hotelería de Lausane me empecé a interesar por los estudios de hotelería y empecé a investigar mis opciones. Al final me decidí por Les Roches Marbella, por proximidad y prestigio», explica.

Tras pasar por esta escuela de alta formación, Oliver estaba listo para jugar en la champions hotelera. Rotó por cuatro cadenas en Munich y Londres hasta desembarcar seis años después, en septiembre de 2013, en su puesto actual. Está feliz. Tiene motivos. Este aficionado al FC Barcelona acaba de fichar por la competencia, el Four Season. «Son los líderes, así que la decisión no fue difícil», afirma con orgullo. Allí doblará el personal a su cargo, 45 personas, y añade un departamento importante en la hotelería de lujo, el SPA.

Con este salto profesional, Oliver afianza Praga como su hogar durante un par de años más, ciudad «verde, tranquila y barata» en la que afirma le gusta vivir, aunque no siempre ha sido así. Reconoce que al pisarla por primera vez tuvo la impresión de retroceder en el tiempo 10 años. «Los edificios son señoriales y algunos reflejan en la arquitectura la época comunista, te hacen viajar en el tiempo. Está avanzando rápido, pero no está al nivel de otras capitales europeas en oferta gastronómica o de ocio por ejemplo. Viniendo de Londres esto tuvo un impacto tremendo en mi vida social, pero como venía a trabajar por una parte me vino bien», añade Oliver. Ahora, sin embargo, se muestra encantado, incluso con sus vecinos, una vez que ha asimilado el sobrio carácter de la población. «Los checos son mucho más fríos y no tienen nada que ver con los españoles. De hecho, a mis equipos les costó acostumbrarse a mi energía española y mi cercanía», comenta a modo de anécdota. El escollo insalvable ha sido la barrera del idioma. Su dominio del español, el alemán, el inglés y el francés es más que suficiente para desenvolverse en su entorno laboral pero no en la calle. «La comunicación es difícil cuando sales del trabajo ya que el checo no habla necesariamente inglés», cuenta.

Asegura que los sueldos son bajos en el país, aunque no en los escalafones directivos en los que él se mueve, con retribuciones parecidas a las que se perciben en Londres y que pueden rondar los 3.000 o 4.000 euros netos, más incentivos y otras clases de ayudas como pisos o vuelos a casa. Oliver no se deja deslumbrar. Afirma que quiere volver a su tierra, porque «como se vive en España en realidad no se vive en ningún sitio». Eso sí, valora y mucho su experiencia internacional y se rinde a la evidencia: «Trabajar en el extranjero me ha permitido tener una seguridad laboral que en España es difícil de imaginar».