«La Iglesia de Málaga hace una apuesta seria por nuestra formación»

Juan Manuel Ortiz Palomo, ante la Plaza de San Pedro.
Juan Manuel Ortiz Palomo, ante la Plaza de San Pedro. / Sur
  • Juan Manuel Ortiz Palomo, sacerdote en el Vaticano. Una vez concluya el doctorado, será el especialista del Obispado en 'Moral de la Persona'. Por lograr este objetivo dejó su parroquia en Cómpeta para estudiar en la Santa Sede

Ha sido noticia recientemente por ser designado pregonero de la Semana Santa de Antequera de 2016. Desde 2013 está en Roma por encargo del obispo de Málaga, Jesús Catalá Ibáñez: «La Iglesia de Málaga hace tiempo que hizo una apuesta seria por la formación, y eso supone el dedicar al estudio y a la investigación a tiempo completo a algunos curas y seglares, al menos durante una temporada».

Considera que todo cristiano tiene que formarse en la fe, y más un sacerdote que coordina las comunidades diocesanas: «Siempre lo ha sido, pero en los tiempos recios que estamos viviendo mucho más».

Una vez termine sus estudios, será el especialista del Obispado en Moral de la Persona, por lo que dejó su parroquia en Cómpeta para estudiar en el Pontificio San José del Colegio Español en Roma. El Obispo le pidió «que continuara formándome, haciendo la licenciatura de Moral de la Persona en la Universidad Gregoriana de Roma».

Ocupa una de las cuatro plazas malagueñas: «No había profesor de Moral de la Persona, por lo que había un hueco». Y él fue elegido para seguir formándose y ofrecer este servicio a la Iglesia malagueña. Está profundizando «principalmente todo lo que afecta a la moralidad, el tema de la vida, la sexualidad...». Como explica, «hay varias ramas: la fundamental donde se recoge todo el aspecto moral de la conducta de la persona; la social, más dedicada a la sociedad, con la economía, el trabajo...; y la de la persona, con todo lo que le afecta a ella». «Mucha gente se cree que seguimos dando las respuestas de hace tres siglos. El Vaticano II amplió la mentalidad y dio otras perspectivas. El fundamento es el Evangelio y la persona, que es un valor que no se puede manipular», advierte.

Se ordenó sacerdote el 13 de septiembre de 2003, tras recibir su vocación «hace mucho tiempo, siendo un jovenzuelo, aunque el responder a esa llamada, el decirle ‘sí’ al Señor fue más tarde, durante mis años de Universidad». Ahora, en Roma, su vida le recuerda mucho al Seminario, aunque «la gran diferencia es que en una ciudad como Roma, hasta el camino a la biblioteca de la Universidad es un paseo por la historia. Además como católico esta ciudad permite una experiencia de universalidad que no hay en ningún lugar del mundo».

Aunque sabe que en unos años regresará, se debe a la obediencia: «Uno se ordenó de sacerdote para servir a una comunidad concreta, a una o unas parroquias». En lo personal, «como en la casa de uno, en ningún sitio», pero con las nuevas tecnologías está en contacto directo: «Aprovecho los chats del teléfono móvil y las videoconferencias, para estar muy cerca de la familia y de los amigos». Se siente con una obligación de aprovechar el tiempo y formarse. Espera doctorarse, «si Dios quiere, para la primavera de 2018, que será el momento de poder volver a la tarea pastoral en la Diócesis de Málaga».

En Roma, a pesar de ser un país mediterráneo, encuentra diferencias: «Aquí la comida es bien rica, pero la cultura culinaria es muy distinta, estamos en el reino de la pasta». Y por lo llamativo: «El tráfico: a nuestros ojos es caótico, aunque ellos lo llevan bastante bien».

Ahora lleva unos días buscando tiempo para escribir su Pregón de Antequera, que afronta con una «mezcla de temor y temblor como decía la Sagrada Escritura. Es una alegría y emoción grande; y una responsabilidad». Cuenta los días que restan para ese pregón, que será «poner en mi voz lo que tengo en el corazón; será un agradecimiento a la ciudad que me vio nacer».