Victoria Ropero: «Ser profesora de español en Bremen tiene muchas salidas laborales»

Victoria Ropero Ortigosa, en una calle céntrica de Bremen
Victoria Ropero Ortigosa, en una calle céntrica de Bremen
  • Esta estudiante de Magisterio llegó a Alemania hace seis años con una beca Erasmus

Victoria Ropero, o Viky, como la llaman sus familiares y amigos, dejó Villanueva del Trabuco con 20 años y llegó a la ciudad alemana de Bremen con una beca ‘Erasmus’ por sus estudios en Turismo. La beca era solo para seis meses pero ya lleva seis años y está convencida de que es la ciudad donde vivirá el resto de su vida por las perspectivas laborales y las ayudas económicas que presta el Estado. Al poco tiempo de llegar a Bremen conoció al que hoy es su marido y con el que tiene dos hijos Héctor Frederick, de tres años y Antonio, de cinco meses.

En julio de 2009, cuando finalizó la beca ‘Erasmus’, vio que la crisis que había emergido en España, se preveía para un largo periodo de tiempo así que prefirió quedarse allí y hacer una beca más otorgada por el Estado alemán. Sin embargo, no pasó la prueba por lo que decidió buscar un trabajo y labrarse su futuro en el país germano. Pero no fue nada fácil ya que Viky hablaba muy buen nivel de inglés pero en todas las empresas le pedían que hablara alemán, así que lo único que encontró fue de camarera en un restaurante italiano en el que poco a poco fue aprendiendo el idioma sobre todo gracias a la ayuda de su jefe y de otro empleado.

«Al principio lo pasé fatal porque los clientes me pedían las comandas en alemán y yo me agobiaba porque no entendía lo que me decían. Imagínate, trabajando en un restaurante y ni siquiera sabía como se decía plato en alemán, y cuando los clientes contaban algún chiste y todos se reían, yo también me reía pero no entendía nada», recuerda Viky, quien comprendió que lo mejor sería apuntarse a una academia para aprender el idioma.

Tras dos años trabajando en el restaurante, se quedó embarazada y se preparó el examen en alemán para poder entrar en la Universidad de Bremen. Después de dos intentos, lo consiguió y se matriculó en Magisterio en la especialidad de Filología Hispánica y Arte, ya que, como asegura Viky, el trabajo de profesor de español está en auge debido a que es el segundo idioma que se aprende en Alemania, seguido del inglés, cuando antes era el francés.

Además, afirma que los alemanes se están interesando mucho por la cultura hispanoamericana y que desde hace varios años está muy en boga. Algo que aprovechó esta trabuqueña de 26 años, quien durante un tiempo dio clases de baile flamenco a un grupo de jóvenes alemanas.

Debido al nacimiento de su segundo hijo hace cinco meses, Viky ha aparcado temporalmente sus estudios, aunque asegura que en unos meses retomará la carrera universitaria ya que tiene la posibilidad de llevar a su hijo a la guardería de la Universidad. Pero no solo cuenta con esta ventaja, también recibe 184 euros por niño que se puede alargar hasta que cumplan los 25 años si estudian en la Universidad. Además, Viky recibe una manutención económica por maternidad al estar de baja en la Universidad pero si quisiera también podría ir a las clases y seguir recibiendo el dinero. Además, la Iglesia da hasta 300 euros en un pago único si los ingresos no son muy altos, para comprar ropa premamá y las primeras ropitas del bebé.

«Las ayudas económicas están muy bien porque percibes una remuneración por haber trabajado, lo que en España es el desempleo, pero en Alemania es de por vida, si no encuentras trabajo, el Estado no te deja en la calle y te paga la casa, la electricidad y te da dinero para vivir de por vida. Esto se debe a los altos impuestos pero éstos se traducen en los buenos servicios que recibes», apuntó.

Todo ello, junto a las buenas expectativas laborales, Viky ve que su futuro y el de sus hijos está en Bremen, y aunque echa mucho de menos a sus amigos, a su familia, y la buena climatología de Andalucía, allí ha creado amistades alemanas y españolas, al 50 por ciento. «Los alemanes tienen una cultura más reservada y aún más en el norte, donde son muy cerrados, pero una vez que te conocen, te abren la puerta de su casa y te acogen si fuera necesario», señala Viky.