«He conseguido la estabilidad laboral que no tenía en España»

Jesús Navas Valverde, en el templo de Lama en Pekín, adonde llegó en noviembre de 2013./
Jesús Navas Valverde, en el templo de Lama en Pekín, adonde llegó en noviembre de 2013.

Jesús Navas Valverde lleva un año como tuba principal en la Dunschan Sinfonic Wind Band de Pekín, una ciudad de 22 millones de habitantes en la que echa de menos a la familia y el pescaíto

EUGENIO CABEZAS

Jesús Navas Valverde (Nerja, 19 de abril de 1984) confiesa que cada vez que ha vuelto a su localidad natal desde que hace un año se fue a vivir a 9.534 kilómetros de distancia, a la capital china, Pekín, lo que más ha admirado y apreciado es la calidad del aire que respiran sus paisanos. «Aquello está muy contaminado, es irrespirable», cuenta este graduado superior por el Conservatorio de Málaga en la especialidad de tuba, un instrumento de viento metal.

Después de terminar sus estudios en 2010, Navas Valverde comenzó a tener sus primeros contratos profesionales en distintas ciudades españolas, con orquestas y grupos, «pero nada era estable ni fijo, y casi no me daba para dedicarme sólo a esto, cuando llevo desde los nueve años estudiando música», cuenta. Por este motivo, y seguido por su espíritu aventurero, vio una oferta de trabajo para irse a Pekín, a la Dunschan Sinfonic Wind Band, una formación privada de gran prestigio internacional.

«Envié el currículum, me dijeron que les remitiera algunas audiciones y luego me llamaron para que fuera a hacer una prueba», rememora Navas Valverde, que lleva trece meses viviendo en una megalópolis de más de 22 millones de habitantes, «totalmente diferente a Nerja», matiza. «Aquí he encontrado la estabilidad y el reconocimiento profesional que no había conseguido en España», admite.

«Sé que las cosas están allí muy complicadas y que si la gente lo está pasando realmente mal, y no tiene casi ni para comer, es normal que los esfuerzos se centren en eso, en combatir la pobreza, pero la cultura no se puede dejar de lado», sostiene el músico, quien anima a los jóvenes españoles a aprender idiomas y a viajar fuera para buscarse la vida. «No hay que tener miedo a salir al extranjero, es verdad que se echan muchas cosas de menos, pero espero que la situación cambie y España vaya para arriba», dice.

Después de su primer año de estancia en Pekín, a Navas Valverde hay varios mitos en relación a los chinos que se le han venido abajo. El primero es el de la comida. «Es una de las cosas que más me ha sorprendido, aquí se come mucho y muy bien, nada que ver con los restaurantes chinos que tenemos en España, si pides un pescado te lo matan delante tuya, los platos están muy elaborados, con muchas especias», sostiene. El otro tiene que ver con la imagen de que los chinos trabajan mucho y sin descanso: «Son bastante fulleros, por ejemplo en temas de construcción, los edificios están muy mal terminados, y luego aquí se estila mucho eso de uno trabajando y diez mirando y supervisando», cuenta.

Otra de las cosas que más le sorprendió fue la personalidad y la actitud de los pequineses: «Son gente que grita mucho, parece que siempre están enfadados cuando hablan contigo, y luego son muy rectos y serios, no hacen apenas bromas ni entienden el sentido del humor», opina el músico nerjeño.

De momento, Navas Valverde tiene contrato hasta 2016, por lo que no se plantea volver a España a trabajar. «Intento ir varias veces al año, ahora a mediados de enero volveré, cuando aquí se dan las vacaciones por el Año Nuevo Chino», detalla. «Echo mucho de menos el clima de Nerja y de Maro, la tranquilidad de las playas y la luz, y también el pescaíto frito y las cervezas en los bares del pueblo», admite.

Para quitarse parte de esta añoranza, hace varias semanas recibió la visita de un grupo de amigos nerjeños, con los que recorrió la capital china y lugares tan emblemáticos como la Gran Muralla. Su hermana Loli, de 22 años, toca el clarinete y está de beca Erasmus en Rotterdam. «Somos viajeros», dice.

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