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La vida en una viñeta
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La vida en una viñeta

Los cómics salen del gueto y se salvan del desplome de la venta de libros gracias a la especialización y al desarrollo de historias para todos los públicos. Málaga es un buen espejo para contemplar este resurgir

03.03.14 - 13:45 -
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La vida en una viñeta
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Pablo Ríos, José Luis Río, El Torres, Pedro Rodríguez, Gabriel Noguera, María López Villalón, José Pablo García, Esther Cruz, María Eloy-García, Ángelo Néstore y Regina López. :: Ñito Salas

La anécdota sirve para enmarcar sobre la viñeta cuál es la realidad que vive (y disfruta) el cómic en el a veces encorsetado mercado de la literatura en España. La subraya a trazo fino Pablo Ríos, que con su ‘Azul y pálido’ llegó a ser candidato al Premio Nacional de Cómic en 2013 y a la categoría de Autor Revelación 2012 en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, una cita imprescindible para los amantes del género. Le ocurrió durante la firma de ejemplares de ese título, cuando un aficionado se le acercó y le planteó una observación a la que alude una y otra vez para enunciar su diagnóstico: «Me dijo que hacía veinte años que no leía cómics, más o menos desde ‘Mortadelo y Filemón’, pero que había retomado el gusto por este tipo de historias cuando se encontró con ‘Azul y Pálido’». Ríos dibuja entonces una enorme sonrisa en su rostro, igual que la de los personajes de su historia sobre vidas paralelas más allá de nuestro planeta. Sus protagonistas no están solos en el mundo, y él tampoco lo está en su análisis. De hecho son muchos los especialistas que, desde Málaga, luchan por que esta forma de ocio animado deje de estar asociada a esos primeros contactos con los tebeos, es decir, con el mundo infantil. Y parece que las grandes cifras de negocio les dan la razón, sobre todo porque el último informe sobre el consumo de libros en España –publicado a principios de febrero– constatan un resurgir sorprendente del cómic y de la literatura erótica, que se salvan del desplome en las ventas.

Esta nueva forma de consumo es una realidad palpable en Málaga. Lo pone negro sobre blanco el malagueño Pedro Rodríguez, acostumbrado desde hace casi dos décadas a que por su tienda, ahora en calle Nosquera, desfile un público que va de los cuatro a los 70 años. ‘En Portada’ se ha convertido por mérito propio en el negocio decano del mercado local, y su historia está vinculada a la de la evolución de la disciplina en Málaga. «El cómic está abierto a todos los públicos. A pesar de que hace tiempo que se lleva a rastras la imagen de que es un tipo de oferta más relacionada con el público infantil y juvenil, la variedad es tanta que hoy por hoy caben todos», subraya desde el otro lado del mostrador este joven empresario que junto con su socio Juan Pablo Gordillo ha convertido su afición –eso es lo primero– en un vehículo más que eficaz «para pagar la hipoteca todos los meses». Su local presume de ser un punto de encuentro obligado para los amantes de los tebeos, desde los lectores más convencionales a los autores que han conseguido hacerse un hueco en este mercado cada vez más internacionalizado; y de nuevo abre sus puertas a un grupo de profesionales que dibujan para SUR el decorado en el que se desarrolla la novela gráfica en Málaga.

Más que viñetas y diálogos

Porque hacer un cómic no es sentarse en una silla a improvisar viñetas y diálogos. Muy al contrario, en la cadena humana que hace posible que una idea llegue finalmente a los lineales de las tiendas especializadas intervienen dibujantes, guionistas, rotuladores, maquetistas, coloristas, traductores, editores y un larguísimo etcétera. También investigadores y profesores universitarios como María López Villalba, que desde su papel de docente en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UMA ha visto cómo en los últimos años la escena local «se ha animado» con dos hitos que, a su juicio, pueden imprimir más claros que oscuros en el futuro del género. En primer lugar, «con cierta especialización desde el ámbito académico», sobre todo gracias a la puesta en marcha de proyectos como el Master de Traducción para la Industria Editorial, especializado en cómic; y por otra parte con la aparición en escena de nuevos autores y colectivos que prometen imprimir una savia nueva a la disciplina. López Villalba se refiere en concreto a grupos como ‘Las cuatro de Syldavia’, una refrescante alianza que reúne a cuatro licenciadas y aficionadas –Julia Osuna, Laura Salas, Regina López y Esther Cruz– que han hecho de la traducción de originales un arte a la altura de las mejores viñetas. «Había muy poca especialización en este tipo de literatura, y se hacía necesario aportar ese toque imprescindible de calidad literaria a los originales que vienen de otros países», defiende una de las protagonistas de este colectivo, Esther Cruz, que admite sin trazos de falsa modestia que, efectivamente, el proyecto que puso en marcha con sus compañeras hace casi un año «es un hito» en el mercado editorial.

No obstante, Madrid y Barcelona siguen repartiéndose los trozos de una tarta que, en Andalucía, tiene sus cuotas más jugosas «en Sevilla y Granada». Así lo destaca Juan Antonio Torres, más conocido como El Torres, editor y guionista que después de varias experiencias profesionales ha conseguido orientar su trabajo a la industria independiente norteamericana, sobre todo al género de terror. Y su caso no dista mucho del de otros compañeros cuando se refiere a la cara de miedo que ponían en su entorno cuando decía que se dedicaba «a esto del cómic». «Siempre está latente la pregunta de ‘cuándo te vas a buscar un trabajo serio’, hasta que al fin he logrado dar el salto y ya me miran de otra manera», bromea el autor, que ahora puede recordarle a los suyos que, por ejemplo, la «seriedad» de su oficio incluye dos proyectos para que sus títulos ‘El bosque de los suicidas’ y ‘El velo’ sean adaptados al cine.

El de la proyección exterior es otro capítulo en el que también tiene mucho que opinar y que pintar José Luis Río, uno de los coloristas de cabecera de la editorial Delcourt, una referencia en el cómic internacional con sede en Francia. De su paleta han salido algunas de las entregas más exitosas de la serie ‘Les reines de sang’ (Las reinas de sangre), que vende alrededor de 10.000 ejemplares por título y que dan la medida de un mercado –el europeo– que sigue estando a años luz del español. «A pesar de que hasta el momento las cosas están funcionando, aquí en general hay pocos lectores, y más aún cuando hablamos de cómic», lamenta Río. Sus compañeros de debate comparten la queja. «Mira, se puede poner otro ejemplo sobre las diferencias entre países: el otro día vi una foto del presidente Hollande saliendo del Elíseo con una novela gráfica en la mano, y a los pocos días la misma de Rajoy, pero en su lugar con el ‘Marca’», añade Regina López, otra de las ‘aventureras’ de Syldavia.

«¿Y qué se puede esperar de esto?». La pregunta la deja sobre la mesa María Eloy-García, cuya formación (y vocación) poética no le ha cerrado las puertas a otras disciplinas, como el cómic. Su labor como rotuladora y maquetista la han convertido, de hecho, en una de las mejores especialistas de España, en primer lugar por un talento casi innato y en segundo –y sobre todo– «por el respeto con el que trato al autor con el que voy a trabajar». «Soy muy mijita», justifica entre carcajadas a la hora de explicar que su labor consiste en reproducir un cómic extranjero al español «tal cual». Y ese celo a la hora de trabajar no lo aprecia, en general, más acá de los Pirineos. «Aquí, en España, el autor es una mierda», zanja.

El difícil equilibrio

Los profesionales no hablan de culpables cuando denuncian esta realidad que emborrona el escenario, pero puede que parte de esa responsabilidad haya que repartirla entre las numerosas actividades y encuentros que mezclan sin ton ni son tebeos, videojuegos y «tíos vestidos de conejo». Con este panorama, a juicio de Ríos, es difícil desligarse de la etiqueta de ‘friki’ que pesa sobre el oficio. «Por supuesto que no renunciamos a la parte lúdica, pero también es necesario potenciar otra vertiente más seria», defiende por su parte José Pablo García, uno de los nuevos valores del género que a pesar de su juventud suma ya un importante rosario de reconocimientos. Uno de los últimos, el Premio Desencaja 2012 por ‘Órbita 76’, con ilustraciones suyas y guión de Gabriel Noguera, quien admite que a la hora de dibujar «es un negado» pero cuyas historias son un auténtico regalo para los dibujantes que las adaptan.

Precisamente esta riqueza de perfiles profesionales en torno al cómic juega a favor del género, una baza que, a juicio de los autores, habría que «aprovechar» y trasladar a encuentros «serios» que reivindiquen el valor del ocio animado. «El problema es que estamos muy desorganizados», lamenta PabloRíos, que a pesar de todo admite que las actividades que se han programado en Málaga en los últimos tiempos han tenido un éxito de público bastante apreciable. Esther Cruz pone algunos ejemplos: «Hace algunos meses vino a la Facultad de Bellas Artes Eddie Campbell, autor del éxito ‘From Hell’, y la respuesta fue increíble; y La Térmica ha celebrado recientemente otro encuentro con Paco Roca que tampoco ha ido nada mal». La buena acogida de este tipo de actividades se ha dejado ver hace apenas unos días en el propio CAC Málaga, con la inauguración de una muestra sobre El Roto a la que acudieron más de 600 personas.

Estas pequeñas batallas ganadas a la guerra de la consolidación definitiva no son más que el reflejo de un escenario que va ensanchando sus fronteras a buen ritmo. Lo observa, a modo de balance, el traductor e investigador Ángelo Néstore, que cambió su Italia natal por Málaga para especializarse en el master de la UMA que dirige López Villalba y que, a su juicio, «es inédito en España». Eso, unido a la creciente proliferación de títulos y editoriales especializadas, terminan por dibujar el perfil de un género que, al final, «lo que vende es literatura». Y además, de la buena.

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