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La fórmula de la Coca-Cola ya no tiene secreto
Actualizado: 12:35

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La fórmula de la Coca-Cola ya no tiene secreto

Las reglas de la creatividad han cambiado. Ahora, para triunfar, mejor compartir. Así trabajan cuatro profesionales malagueños, que además tejen una amplia red de talento local en la que todos ganan

15.12.13 - 11:29 -
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La fórmula de la Coca-Cola ya no tiene secreto
De izquierda a derecha, Susana Torrubia, Mateo García, Damián López y Alfonso Fiz, en el local que comparten en calle Pelayo. :: SUR

A veces, cuando se va a ciegas, los letreros en las puertas que han de cruzarse ofrecen muchas pistas sobre lo que se esconde más allá del umbral. Sucede en el local que se adivina en uno de los tradicionales patios de vecinos de la calle Pelayo. Sobre el cierre de cristal que separa ese trozo de la inconfundible Málaga popular de un espacio que trabaja en clave de futuro figura en letras más viejas que relucientes la palabra ‘Almacén’. Quién sabe, puede que los cuatro creativos que desde hace unos meses ocupan este espacio de 200 metros cuadrados no hayan reparado en que ese cartel, aunque antiguo, dice mucho de ellos. En esta suerte de almacén que antes guardó mercancía física ahora se acumulan ideas y talento. Y eso es un inventario de lujo en los tiempos que corren.

Alfonso Fiz (Living Indie), Mateo García (Narita), Damián López (Le Blume) y Susana Torrubia (Su-shi) son el mejor ejemplo de que, en el escenario de la creación, hay que contar con un actor sin el que sus trabajos quedarían en un monólogo. Por eso, en ese espacio que los cuatro comparten se aplica una máxima que multiplica el efecto de sus propuestas: la de compartir la experiencia y el conocimiento. El propio Fiz, diseñador industrial que trabaja en tantos frentes como le permiten las horas del día y cuyo proyecto Living Indie es una referencia en el ‘streaming’ de conciertos en vivo, lo ilustra con un símil que da la medida de esos nuevos modos (re)creativos: «Ya no sirve de nada que cada uno trabaje en un compartimento independiente. ¡Se trata de dar a conocer a todo el mundo el secreto de la fórmula de la Coca-Cola!». El efecto altavoz. Así no sólo consiguen mejorar y enriquecer los proyectos que cada uno alumbra por su cuenta, sino que se crea una red de contactos y de talento que añade ese peso imprescindible a la etiqueta de ‘creativo’. Ellos mismos han tenido la oportunidad de confirmar que la estrategia funciona. Esa pequeña cápsula de talento en la que conviven y trabajan se ha convertido con el paso del tiempo en un estimulante mosaico de tendencias que lo mismo genera moda, que música, que comunicación, que diseño de muebles. Aunque independientes, las firmas que impulsan estos cuatro jóvenes artistas se nutren de los consejos y de la amplia experiencia que cada uno ha ido adquiriendo con el paso de los años.

La fórmula de la Coca-Cola ya no tiene secreto
Susana Torrubia, en el taller desde el que vende a medio mundo. :: SUR

Esa idea de compartir, de crear redes de contacto entre creativos y diseñadores, no es nueva, de hecho ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla –por no hablar de la escena internacional– ya pusieron en su día en marcha iniciativas similares que se han convertido en un activo para la profesión. Y por lo tanto, en una nueva forma de hacer negocio. «La unión hace la fuerza», reflexiona Mateo García, alma mater del estudio creativo Narita, que abunda en ese sano ejercicio de explicar con metáforas y añade otra tan ilustrativa como la de la Coca-Cola: «Ha llegado el momento de volver a la mesa de camilla, de reunirnos en torno a ella, de aprovechar lo mejor de cada uno y de darle valor al arte como producto». Ahí está, precisamente, la principal reivindicación de este colectivo que ya ha empezado a moverse en Málaga: la de dar valor a ese intangible que son la idea y el talento con aplicaciones concretas y convertirlas en un negocio. Mimbres hay; de hecho no es un secreto que Málaga se ha convertido en últimos años en una marca que exporta esta nueva realidad cultural. Ahora sólo hace falta organizarla, tejer esa red «física y real» de profesionales y aprovecharse de que «estamos de moda».

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Alfonso Fiz es especialista en el ‘streaming’ de conciertos. :: Ñito Salas

En esta inversión, a juicio de García, «ganamos todos». También la ciudad. «Crear una escena del arte y para el arte entendido como producto es una oportunidad que no podemos dejar escapar», acota su compañero Fiz, que prefiere referirse no tanto a un proceso cultural sino a un «negocio» y que se aferra al mantra de que «cuando haces, creas; pero cuando piensas, no».

Málaga se mueve

Con él coincide su compañera de estudio, la diseñadora Susana Torrubia, que no sólo se puso manos a la obra hace unos años con su firma de moda Su-shi, sino que además tomó la decisión de que lo haría sin salir de Málaga. Hoy, sus diseños se venden en las boutiques de medio mundo y son el mejor escaparate de esa efervescencia local. También apostó por volver a su tierra natal después de especializarse en Valencia Damián López, que a pesar de sus 27 años acumula una importante experiencia en el capítulo del diseño de muebles para el hogar de la mano de su firma, Le Blume. Apenas lleva dos vinculado a este ambicioso proyecto de poner en contacto a los profesionales que viven y crean desde Málaga, y a su juicio las ventajas que reportará esta nueva forma de trabajar serán «extraordinarias». Y no sólo porque la ciudad tendrá en su mano la oportunidad de desarrollar «una industria especializada más allá del turismo» –léase imprenta, metalurgia o mobiliario, por poner sólo unos ejemplos–, sino porque este nuevo tejido empresarial servirá para definir mejor la oferta académica local, el verdadero germen de esta nueva realidad que se va abriendo paso en Málaga. En este sentido, López echa de menos cierta «especialización» en los programas de estudio relacionados con el diseño, que en Málaga se reparten entre la Ingeniería Técnica Industrial, la Escuela de Arte de San Telmo y otras iniciativas privadas como Animun, dedicada al diseño audiovisual en tres dimensiones.

La fórmula de la Coca-Cola ya no tiene secreto
Damián Lópe. :: SUR

Por otra parte, tanto López como Fiz son el ejemplo perfecto de que se pueden generar «proyectos comunes muy interesantes» al margen de la propia marca personal. Ambos llevaron a la práctica esa máxima de que «la unión hace la fuerza» para poner en marcha en Málaga el programa de PechaKucha, un encuentro de creativos que funciona a modo de franquicia cultural y que tiene su origen en Japón. En esencia, las veladas que organizan bajo este formato ponen en contacto a profesionales de diversas disciplinas –desde la arquitectura a las letras, pasando por la gastronomía, el arte y hasta la medicina–, que comparten con el público en intervenciones de no más de seis minutos aspectos parciales de su trabajo. Y esa fórmula de dar a conocer los secretos de la Coca-Cola funciona, a juzgar por la buena acogida que han tenido la media docenas de veladas PechaKucha que ya han celebrado y, sobre todo, por los contactos que ha generado entre diferentes profesionales que de otra manera no se hubieran conocido.

Este fenómeno no es casual, y mucho menos menor. «Cuando se hacen bien las cosas se produce un efecto llamada entre unos y otros, pero hace falta crear esa conciencia de que es necesario contar con los creativos; y a la vez crear entre nosotros esa sinergia», reflexiona la responsable de Su-shi, consciente de que en Málaga «hay un talento que sin embargo no se valora desde el punto de vista institucional y empresarial».

El motor institucional

Con respecto al primer capítulo, al institucional, este equipo de cuatro creativos ya ha tendido los primeros puentes para comenzar a construir de forma organizada esa marca colectiva. Aunque el proyecto ha sido acogido con entusiasmo por parte de sus interlocutores, Fiz no pierde de vista que el proceso «será largo». Su compañero Mateo García insiste por otra parte en un requisito irrenunciable para que la semilla que tratan de plantar agarre en tierra firme: «En el espacio que proponemos tienen que estar igualmente representados la industria y el diseño, de modo que el esfuerzo colectivo se aplique a negocios reales». Llevado a la práctica, el cliente tendrá a su alcance un entorno «de 360 grados que le permitirá entrar con una idea y salir con un producto final».

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García, en su estudio. :: Ñito Salas

Como buenos creativos, y por lo tanto estrategas, estos cuatros profesionales conocen al dedillo el terreno que pisan y saben que ya hay una demanda previa para la idea que proponen. Es más, el paso del tiempo no han hecho más que confirmar que lo que comenzó como un proceso espontáneo y casi fortuito se ha convertido en una «necesidad real» para muchos de los que se dedican al diseño y a la creatividad. «Muchísima gente viene a preguntarnos», constata García, consciente de que este proyecto de trabajo en red ya enfoca la siguiente fase, la de organizar «todo ese tráfico físico». «Ya hemos importado suficiente. ¡Ha llegado la hora de exportar, y de hacerlo bien!», zanja Fiz a modo de inventario. Razón: el viejo almacén (re)creativo de calle Pelayo que acumula esa mercancía que se ve y se toca que es el talento.

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