Diario Sur

Cuando Warhol llegue a Málaga

Cuando Warhol llegue a Málaga

Una de mis leyendas favoritas sobre Andy Warhol, y que es significativa porque explica con clarividencia parte de su posición ante el arte, me la contó un escritor madrileño que formó parte de la emocionadísima comitiva que acompañó a Warhol a visitar el Museo del Prado en su viaje a la capital en enero de 1983. Alguno de esos artistas que le acompañaron al Prado se pasaron la noche en vela, repasando libros y apuntes para tratar de sorprender con su erudición museística y para servir de guía al maestro del pop art. Imaginen la sorpresa cuando el norteamericano pasó de largo por los accesos a las salas de exposiciones para dirigirse casi como un autómata a la tienda del museo, compró todo tipo de objetos para el recuerdo (sobre todo postales, pines, llaveros y demás parafernalia turística) y, después de preguntar que dónde estaba la salida, salió a la calle con su cara gélida y con aspecto de muñeco de cera para decir que el Museo del Prado le había parecido 'really marvelous', verdaderamente maravilloso.

Andy Warhol estuvo en España nueve gloriosos días para inaugurar la exposición 'Pistolas, cuchillos y cruces' que le organizó el galerista Fernando Vijande, para regocijo de la alta sociedad española. Le organizaron fiestas por todas partes, desde Chicote hasta en la casa de Bernardo Bonezzi o la de los March, y a sus pies cayeron personajes de la farándula, la aristocracia más petarda y el artisteo español de todo pelaje, desde Pedro Almodóvar hasta Isabel Preysler, pasando por actores como Luis Escobar, 'it girls' como Ana Obregón o Miguel Bosé, cuya amistad con Warhol fue el detonante de varios rumores. Esta semana larga de fiestas locas, anécdotas delirantes, entrevistas de pocas palabras, después de tanto champán servido o derramado y de reportajes de varias páginas en la revista Garbo, dejándose acompañar en salas madrileñas con gente que le adulaba o que no tenía ni idea de quién era no supuso en Warhol ninguna revolución. Ni siquiera hay un escrito o declaración de él acerca de este viaje. Tampoco aparece en sus diarios. Sin embargo, para muchos historiadores y varios testigos, aquella visita de Andy Warhol a Madrid en el 83 supuso la consagración definitiva de la modernidad madrileña.

Lebrero must go on

Todo esto viene al caso porque el periodista Antonio Javier López adelantó en este periódico que Warhol será el protagonista de una futura exposición en el Museo Picaso Málaga (MPM). Warhol vendrá por fin a nuestra ciudad; no él, claro está, ya que sus restos descansan en el venerado cementerio de Pensilvania, pero sí su obra. Cuando Warhol llegue a Málaga seguramente no se producirá la consagración de la modernidad malagueña, pero significará otro hito expositivo de la época del MPM desde que José Lebrero está al mando. Desde 2009, las exposiciones temporales de este museo no han hecho más que ganar en calidad, un trabajo respaldado por la crítica y por el público, ya que este centro expositivo sigue siendo el más visitado de Andalucía, y seguramente el mejor. Es la apuesta museística más ambiciosa de la Junta aunque, eso sí, su presupuesto se ha visto mermado por nuestras terribles circunstancias.

Nos extraña que Lebrero, siendo un director que ha cumplido con creces los propósitos más exigentes, acumule desde hace años una suerte de 'contratos temporales' resueltos siempre a última instancia. Este extraordinario museo tiene claroscuros en sus propias raíces. Hay algo sospechoso en las fontanerías del MPM desde su propia gestación; la espantada del antiguo director o el bloqueo que los temibles herederos de Picasso ejercieron sobre el propio Lebrero da pistas acerca de por dónde vienen la fuga de buenas intenciones. En el Picasso hemos pasado de ver fotos del artista en todas las posturas posibles a disfrutar con Louise Bourgeois, repasar la abstracción con El Lissitzky, aprender y reivindicar a Hilma af Klint, hemos visto las fotografías de Dennis Hopper y hasta hemos descubierto la belleza de lo grotesco. Ahora queremos más. Y, puestos a pedir, pedimos que el trato que se le da a la dirección del museo esté también a la altura de las circunstancias.