Un malagueño en el terremoto de México: «Hemos vivido pánico; si no te agarrabas te caías al suelo»

Pablo Antón.

Pablo Antón, un malagueño que vivió el seismo, relata los momentos de terror tras él

Juan Soto
JUAN SOTOMálaga

Son las 4 de la madrugada en México DF, pero hoy nadie puede dormir en la ciudad más afectada por el atroz terremoto que ha azotado al país y que se ha cobrado la vida de al menos 216 personas. Pablo Antón, un malagueño que pasa largas temporadas en DF, lo vivió en primera persona y tiene la suerte de poder contarlo. “Hemos vivido momentos de pánico; si no te agarrabas te caías al suelo”, explica.

Aunque ya había vivido varios seísmos en diferentes países sudamericanos, confiesa que nunca había pasado tanto miedo. Tanto que hasta ha dormido con la ropa puesta por el temor a las replicas. El terremoto le pilló trabajando en su oficina, ubicada en la novena planta de un edificio en el paseo de la Reforma. Aunque se trata de un edificio moderno con pilares hidráulicos antisísmicos, explica que el edificio se movía como si se fuera a derrumbar. “La lámpara tocaba un lado del techo y luego el otro”, define gráficamente.

El responsable de la empresa Talent Network recuerda que en ese momento todo el mundo entró en pánico y trató de abandonar el edificio por las escaleras de seguridad, aunque nadie respetaba el orden indicado y unos trataban de pasar por encima de los otros. Recuerda que dos horas antes se había desarrollado un simulacro en todo el país, aunque a la hora de la verdad nadie recuerda las indicaciones “porque se teme por la propia vida”.

Imagen de ciudadanos captados por el malagueño que se encuentra en Mexico. / Pablo Antón

En su zona explica que no se han producido grandes daños, ya que se trata de edificios modernos con grandes medidas de seguridad, aunque pese a todo las grietas en los edificios son bastante importantes. Tras el terremoto todo el mundo se quedó en la calle hasta que las autoridades permitieron volver a subir a las oficinas para recoger los efectos personales. Fueron más de tres horas de tensa y larga espera. “Nadie te puede asegurar que el edificio se te vaya a caer encima”. Después se fue a casa, a pie, ya que la ciudad estaba colapsada y todo el mundo trataba de abandonar en coche las zonas más dañadas. “Nunca he visto la ciudad tan colapsada; los negocios estaban vacíos y las calles cortadas para que nadie se acercara a las zonas en donde se habían producido los derrumbes”.

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