Aquel verano del juez que instó a Europa a poner fin a la injusticia de las cláusulas suelo

Enrique, que la imagen en brazos de una prima.
Enrique, que la imagen en brazos de una prima. / SUR

Enrique Sanjuán se crió en una familia de comerciantes para la que no existían las vacaciones. El único alivio durante los asfixiantes veranos en Loja eran las excursiones a playas malagueñas

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

Primera ley del dominguero: madrugarás para coger un buen sitio junto al rebalaje. En el caso de la familia Sanjuán esta máxima era de vital importancia, ya que desde Loja hasta la playa –habitualmente las de Fuengirola, Benalmádena o Torre del Mar– mediaban hasta tres horas de trayecto apiñados en un utilitario. Y aquí viene la segunda ley: cargarás el coche hasta que no quede un centímetro cúbico sin aprovechar. Entre un Renault 5 y un Seat 600 se metían Enrique, su hermana, sus padres, sus tíos y sus primos. En total, nueve personas más toallas, sillas, mesas, sombrillas, juguetes playeros y lo más importante: fiambreras para cumplir la tercera ley del dominguerismo ortodoxo: llevarás comida para alimentar a media playa. «Nunca faltaban tortilla de patatas, pipirrana y ensaladilla rusa. A veces también había hornazos, que son una especie de pasteles con un huevo duro encima típicos de Loja». Así rememora los veranos de su infancia Enrique Sanjuán, magistrado de la Audiencia Provincial de Almería, más conocido por ser el juez que desencadenó, desde un humilde juzgado de provincias –el mercantil de Granada–, la histórica sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que ha obligado a los bancos a asumir la devolución íntegra de las cláusulas suelo.

Enrique Sanjuán es un juez inconformista. Especializado en materia económica, se encargó de poner en marcha el primer juzgado mercantil de Málaga, famoso por ser el más saturado del país y por quiebras mediáticas como la del Málaga C. F. Él fue quien elevó a la Justicia europea una cuestión sobre las cláusulas suelo que ha acabado beneficiando a miles de consumidores

Corrían los primeros años 70. Los Sanjuán eran domingueros y a mucha honra. «Normalmente mi familia no tenía vacaciones. Mis padres eran comerciantes [tenían una droguería] y trabajaban todo el verano, así que nos quedábamos en el pueblo. Incluso se abría, hasta que fue prohibido, los domingos en un horario que alcanzaba desde las 8 de la mañana hasta las 10, 11 e incluso 12 de la noche», recuerda el juez. El único respiro durante el asfixiante verano en Loja eran las excursiones a playas malagueñas que hacían algunos fines de semana. «La espera de esa salida a Málaga se convertía en la ilusión del verano», afirma.

Sólo era un día en la playa, pero se aprovechaba al máximo. La expedición partía de Loja «a las siete de la mañana» y volvía «muy tarde por la noche», rememora Enrique Sanjuán, que apunta que las carreteras por aquel entonces «no eran lo que ahora» y normalmente la ida y la vuelta «duraban unas tres horas con las caravanas que se montaban». «La jornada era dura, pero la esperábamos con muchas ganas», afirma. La excursión a tierras malagueñas no se limitaba a la playa: habitualmente la familia aprovechaba para ir al parque de atracciones Tívoli o a algún sitio típico de la Costa del Sol, y también para visitar a parientes que habían emigrado años antes a Málaga.

Enrique Sanjuán. / SUR

El desembarco familiar en la playa comportaba su propio ritual. «Lo primero era acostumbrarme a la arena. Me ha llegado a gustar con el tiempo, pero de pequeño la arena era un problema para mí», confiesa Enrique Sanjuán. Lo que más le gustaba, señala, eran «las olas, mientras más grandes mejor, que es lo que te hace disfrutar cuando eres niño».

De sus veranos infantiles en Loja el juez también recuerda con cariño las fiestas de barrio y las ferias, «una de entrada y otra de salida». «Mi madre nos solía vestir con trajes flamencos y mi padre nos llevaba a la feria de mañana a montarnos en las pocas atracciones que había», apunta. Su familia se había mudado por entonces al Barrio Alto, un vecindario de gente trabajadora, y eso, piensa Enrique, ha marcado su carácter, «que supiéramos que teníamos que estudiar y trabajar mucho para poder encontrar un sitio en la vida». «Además, mis maestros en el colegio fueron determinantes en mi firme voluntad de dedicarme a las leyes y al derecho, o mejor dicho a la justicia», añade.

Málaga, sinónimo de verano

Después vendrían los años de hincar codos: bachillerato, Derecho en la Universidad de Granada, las oposiciones de fiscal y después las de juez, que se sacó en 1998. El carácter inquieto e inconformista de Sanjuán se refleja en su carrera judicial: tras pasar por los juzgados de primera instancia de Santa Fe, Vélez-Málaga y Palma de Mallorca se especializó en el área mercantil y se encargó de sacar adelante el primer juzgado de este tipo en Málaga, que se convertiría en el más saturado del país. Después de un breve paréntesis en el sector privado volvió a ponerse la toga en Granada, desde donde elevó al Tribunal de Justicia de la UE una cuestión prejudicial sobre la retroactividad de la nulidad de las cláusulas suelo que acabó provocando el histórico varapalo al Tribunal Supremo y a la banca española. Desde hace dos años, Sanjuán lleva la sección mercantil de la Audiencia Provincial de Almería. Además, compagina su profesión judicial con la docente: desde 2005 es profesor de Derecho Mercantil en la UMA.

«La jornada era dura porque había que madrugar y eran muchas horas de coche, pero la esperábamos con ilusión»

Las vacaciones de este juez progresista y peleón siguen hoy ligadas a la costa malagueña, pero ya no como dominguero, sino desde su casa de veraneo en Sabinillas. Allí Enrique, que cumple este año los 50, puede dar rienda suelta a su pasión: leer, estudiar, investigar y escribir sobre temas jurídicos (ha publicado varios libros). También dedica tiempo a los deportes acuáticos –por ejemplo, el kayak– junto a su mujer, Carmiña, y sus dos hijas.

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