El talento malagueño enfila el camino de vuelta

María García (a la derecha) durante el Oktoberfest en Munich /SUR
María García (a la derecha) durante el Oktoberfest en Munich / SUR

La recuperación económica y la presencia de multinacionales en Málaga, especialmente del sector tecnológico, generan oportunidades laborales que atraen a los jóvenes profesionales emigrados durante la crisis

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

Mientras María García preparaba su proyecto de fin de carrera de Arquitectura se prohibió ver las noticias. Corría el año 2011, uno de los peores de la crisis: España iba camino de los 6 millones de parados, la prima de riesgo batía récords y encontrar un empleo en el sector de la construcción era una quimera. «Era acabar la carrera por acabarla, porque no había trabajo para nadie», recuerda. En cuanto le dieron la nota llamó a su madre: «Me voy a Alemania. Ah, y he aprobado». No sintió miedo: no tenía «nada que perder». Como ella, miles de jóvenes malagueños –y algunos no tan jóvenes– han hecho las maletas en la última década para buscar una oportunidad en el extranjero. Muchos lo han hecho para escapar del paro; algunos, para escalar en una carrera profesional que veían estancada y otros, para cumplir una aspiración vital. Forman parte de una nueva generación de emigrantes que poco tiene que ver con los que huían del hambre en los años 50: están cualificados, se defienden (como mínimo) en inglés y no viven la emigración como un drama, sino como una experiencia enriquecedora. Así, entre 2009 y 2018, la población nacida en Málaga residente en el extranjero en edad de trabajar (entre 20 y 59 años) ha crecido casi un 40%, alcanzando los 8.680 expatriados.

El flujo de salida no se ha interrumpido: el año pasado, más de 850 malagueños en edad de trabajar se mudaron a otro país, la mayoría de ellos entre los 25 y los 44 años. Pero a la vez se está intensificando otra corriente: la de retorno. En 2016, último año con datos disponibles, se registraron 1.192 emigraciones de retorno hacia Málaga. Gracias a la reactivación económica y a la presencia de multinacionales, la ciudad está generando ya oportunidades laborales lo suficientemente atractivas para atraer de vuelta a esos jóvenes, que se marcharon con más ambición que experiencia y vienen convertidos en profesionales altamente cualificados.

Las agencias de selección de personal confirman esta tendencia. «Estamos viendo un movimiento de retorno de profesionales expatriados. Para nosotros se han convertido en una fuente importante de reclutamiento, ya que son perfiles muy atractivos para las empresas, tanto por su nivel idiomático como por la cualificación que han adquirido fuera», apunta Pedro García, socio director de Standby Consultores.

Hay dos sectores que viven un momento de especial dinamismo en Málaga y donde este fenómeno sucede con más intensidad: el tecnológico y el de la construcción. Rocío Abolafio, responsable de selección en la consultora HRCS, explica que en el caso de los profesionales tecnológicos, la llegada de empresas extranjeras a Málaga ha sido clave para que surjan oportunidades laborales capaces de hacer volver a los ingenieros expatriados. «Estas compañías buscan a personas con dominio total del inglés y les ofrecen proyectos interesantes y buenas condiciones económicas. Aunque no igualen lo que cobraban fuera, lo compensan con el menor coste de vida que tiene Málaga», explica.

Su compañera Lourdes Arroyo añade que la reactivación de la promoción residencial en la Costa del Sol está permitiendo la vuelta de los técnicos y mandos intermedios –jefes de obra, jefes de producción, aparejadores, arquitectos– que emigraron cuando pinchó la burbuja del ladrillo. Y no son sólo malagueños los que están retornando: también profesionales nacidos en otras provincias andaluzas que encuentran en Málaga la oportunidad laboral que les permite acercarse a su tierra.

«No vuelven a cualquier precio», advierte Pedro García. «El sueldo es importante para ellos, pero más todavía lo son el proyecto y la proyección que perciben en la empresa. Es difícil que se sientan cómodos en una pyme tradicional; necesitan una empresa con una gestión moderna y profesionalizada», explica.

Juan Manuel Ramos. Responsable de RRHH «Mi trabajo en Apple fue una etapa; mi plan era retornar»

Como especialista en recursos humanos, Juan Manuel Ramos ha hecho un trabajo inmejorable planificando su propia carrera profesional. Estudió la diplomatura de Relaciones Laborales, después la licenciatura de Ciencias del Trabajo y por último un máster en dirección de recursos humanos. Encontró trabajo en Abengoa, por entonces una de las empresas andaluzas más punteras. Muchos se habrían conformado. Pero este rondeño aspiraba a más. Quería trabajar «en una de las grandes». Y fijó sus ojos en Apple. Tras meses escrutando las ofertas laborales que lanzaba la multinacional en todo el mundo, encontró una en la que encajaba. La determinación que mostró en la entrevista y hablar inglés e italiano le ayudaron a conseguir el puesto. Y se mudó a Cork (Irlanda), donde ha vivido una experiencia «genial, pero también muy dura». «El mayor desafío fue pensar el 100% del tiempo en inglés. Y a nivel personal, el clima fue todo un 'shock'», reconoce.

Pese a tener muchas posibilidades de ascender en Apple, Ramos tenía claro que quería volver a España. «Me lo planteé como una etapa en la que mejorar competencias para después ponerlas a disposición de una empresa española, y si fuera posible, andaluza». Cuando hace pocos meses le llamó un 'headhunter' para ofrecerle la dirección de recursos humanos de Dekra en Málaga le pareció «perfecto». Ahora, a sus 31 años, está a cargo de más de 250 empleados. «Un trabajo en mi ciudad y que supone un paso adelante en mi carrera. Ahora lo tengo todo», resume.

Alejandro González. Informático «He vuelto con tres veces el sueldo que tenía cuando me fui»

Alejandro González no se fue de España a la desesperada, sino en busca de algo mejor. Dadas las circunstancias que había en España en 2014, este informático sevillano no se podía quejar: trabajaba como administrador de sistemas en el Centro Informático Cientifico de Andalucía. Pero tenía dos problemas: «el sueldo era bajo y mis ganas de hacer cosas chocaban con la burocracia», resume. Cuando se decidió a pedir un aumento, su jefe le dijo que por ese dinero podían contratar a dos personas. Así que animado por sus dos hermanas, que ya vivían en Reino Unido, decidió explorar las oportunidades que podía ofrecerle el país británico. A la primera entrevista le cogieron. Tenía 29 años. «Entré en una consultora como ingeniero base y al año y medio, estaba dirigiendo el equipo informático», resume. «Mi caso fue afortunado: mi hermana estuvo más de un año trabajando en cadenas de comida rápida, hasta que cogió nivel con el inglés y pudo empezar a trabajar de lo suyo [es psicóloga]. En mi caso, mis conocimientos técnicos compensaban mis lagunas con el idioma», reconoce.

Alejandro estuvo más de tres años en el Reino Unido. Fue una experiencia «muy dura», sobre todo al principio, cuando aún no dominaba el idioma: «Llegaba a casa a las seis de la tarde y caía dormido, del esfuerzo mental que tenía que hacer durante todo el día», recuerda. Sin su mujer al lado –que también trabajó allí hasta que la despidieron por quedarse embarazada– no lo habría superado, asegura. «Lo peor era echar de menos a la familia; saber que te estabas perdiendo cosas», añade. Pero no se queja: «Crecí muchísimo laboralmente», asegura. También se dio cuenta de que los españoles no tienen motivos para ir con la cabeza gacha: «Cuando te vas fuera te das cuenta de que vamos muy bien formados y de que vagos hay en todos los sitios», afirma.

Saber que iban a ser padres fue el hito que empujó a Alejandro y a su esposa a pensar en volver. El Brexit puso la puntilla. «Tenía mucha proyección allí, seguramente más que aquí, pero no quiero dejar pasar mi vida por una carrera profesional», reflexiona desde Málaga, ciudad a la que se mudó en julio del año pasado al ser contratado por Ebury, una compañía 'fintech' británica que tiene su centro tecnológico en el PTA. Se considera afortunado por haber encontrado una empresa «de este nivel» en Andalucía. «He perdido algo de poder adquisitivo con la vuelta, pero aun así tengo un nivel salarial tres veces superior al que tenía cuando me fui. Así que creo que unos años fuera compensan», afirma.

Juan A. Infantes y José A. Martín. Ingenieros informáticos «Trabajar para Google en nuestra ciudad era algo inimaginable»

Puede que no tenga las impresionantes instalaciones de Mountain View. Ni pista de voley playa, ni veinte comedores para elegir, ni la posibilidad de cruzarse por un pasillo con sus fundadores, Larry Page y Sergey Brin. Pero la sede de Virustotal, la filial malagueña de Google, tiene otros atractivos; para empezar, sus vistas a la bahía malagueña. El hecho de haberse convertido en pieza clave de Chronicle, el nuevo megaproyecto de ciberseguridad lanzado por el gigante hace pocos meses, es sin duda otro factor que explica la lluvia diaria de currículos en el buzón de Bernardo Quintero, 'manager' de un equipo en pleno crecimiento: ya son 17 y antes de final de año probablemente alcancen la veintena.

«Hay gente tan buena queriendo unirse al equipo... Ojalá pudiéramos contratar a todos», confiesa Quintero, que está contribuyendo a su manera al retorno del talento autóctono fichando a ingenieros andaluces que la multinacional tecnológica tenía repartidos por el mundo. Juan Antonio Infantes (29 años) llegó hace un año y medio de Dublín y José Antonio Martín (35) hace sólo tres meses, proveniente de la mismísima Mountain View. Ambos confiesan que verse trabajando para Google en su ciudad es algo que supera todas sus expectativas. A ellos se ha unido esta misma semana un sevillano llegado de Irlanda y seguramente serán más antes de que termine el año, pues Virustotal –única sucursal de Chronicle ubicada fuera de EEUU– está ampliando plantilla y la voz se ha corrido entre los expatriados andaluces de Google.

En el caso de Juan Antonio, no puede decirse que emigrara por la crisis, sino que su carrera profesional empezó ya en el extranjero. En el último curso de carrera se fue a Finlandia y, desde allí, saltó a Dublín al ser fichado por Google. En la capital irlandesa estuvo cuatro años y medio; allí coincidió con José Antonio, cuyo periplo profesional ha sido más largo. «Estuve de Erasmus en Finlandia y después conseguí una beca en Canadá. De allí me fui a Dublín a trabajar, pero aguanté cuatro meses... en los que no paró de llover. Me volví a Málaga, trabajé en el PTA por 750 euros al mes, monté una pequeña empresa, hice el doctorado con una estancia en California y en 2011 me contrató Google... en Dublín», resume el ingeniero malagueño. Ya en nómina de la multinacional siguió moviéndose: en agosto de 2016 se mudó a la sede californiana, en otoño del año pasado pasó a formar parte del equipo de Chronicle y este mes de febrero aterrizó en Málaga.

Aunque sigan siendo empleados de la misma compañía, la incorporación a Virustotal ha representado un gran cambio para estos ingenieros. Y es que de compartir oficina con cientos o miles de empleados, han pasado a trabajar en un chalé con una decena de compañeros. «Somos un grupo de amigos trabajando con un objetivo común», resume Martín. «Google es una gran maquinaria y esto es más como una 'startup', la forma de trabajar es mucho más flexible y si hay algo que no te gusta es más fácil cambiarlo. Eso favorece mucho la innovación», reflexiona Infantes. «En los años que estuve en Dublín mis interacciones se limitaban a los miembros de mi equipo. Al unirme a Chronicle, al segundo día ya me había reunido con gente de recursos humanos, de marketing, usuarios... Tengo una visión más global», apunta Martín.

María García. Arquitecta «No me dio miedo irme a Alemania, pero sí volver»

Licenciarse en Arquitectura en 2011 en España suponía enfilar directamente la cola del paro. O eso, o irse al extranjero. «Ni me lo pensé: me compré un billete de ida a Múnich y me fui», recuerda María García, almeriense de 33 años. Su plan era hacer un curso intensivo de alemán y después buscar trabajo, pero en seguida le salieron unas prácticas en un estudio de arquitectura. De allí saltó a otro y «de repente, habían pasado cuatro años».

Cuando percibió que estaba echando raíces, algo hizo 'clic' en la cabeza de María. «Nunca me había parado a pensar si realmente quería vivir allí. El trabajo me iba bien, tenía pareja... Pero no era completamente feliz: los inviernos se me hacían durísimos, me entraba una especie de depresión. Descubrí que el clima influye muchísimo en mi estado de ánimo», confiesa.

María empezó a pensar en volver y su novio, de origen mexicano, le dijo que también le apetecía un cambio. Pero no fue fácil tomar la decisión. «No me dio miedo irme, pero sí volver. Cuando te vas no tienes nada que perder. Pero a la vuelta sí pierdes, sobre todo yo, que volvía a la nada». Curiosamente fue su jefe en Alemania quien le dio el espaldarazo final: aplaudió su valentía y le ofreció seguir colaborando con el estudio desde España.

Tomada la decisión de retornar a España, quedaba elegir una ciudad. María y su pareja se decantaron por Málaga por su cercanía a Almería, por tener playa y por ser una ciudad dinámica. Se mudaron a finales de 2015: «Encontramos un pisito al lado del paseo marítimo y nos pasábamos las tardes como dos jubilados extranjeros, sentados al sol. ¡Qué felicidad!», recuerda. Al poco de llegar, un antiguo compañero de clase de María le propuso empezar a colaborar con su estudio, Gana Arquitectura, uno de los más pujantes de la ciudad, con hitos como la nueva fábrica de Cervezas Victoria.

Como profesional autónoma, García compatibiliza su trabajo para el estudio alemán y el malagueño, aunque cada vez con más peso de este último. Actualmente está de baja por maternidad. «No habría sido madre en Alemania, lejos de mi familia», opina. Mirando hacia atrás, María destaca que la experiencia internacional la ha hecho «crecer muchísimo, tanto en lo profesional como en lo personal», pero también «valorar más lo que tenemos aquí: desde la formación universitaria, que no tiene nada que envidiarles, hasta nuestra forma de ser y de trabajar, que es diferente pero no peor: los alemanes son más organizados pero nosotros tenemos más capacidad de reacción ante lo imprevisto», argumenta. Y concluye: «Como se vive aquí no se vive en ningún lado. Todos los españoles que estaban en Múnich conmigo se han vuelto».

Habla un científico: «No vuelvo porque la ciencia no es valorada»

El malagueño Juan Jesús Haro es uno de los miles de científicos españoles emigrados. Desde 2014 desarrolla una investigación biomédica relacionada con células madre en el National Institutes of Health, en Washington (EEUU). No se plantea volver porque «la ciencia no es valorada desde el Gobierno español», algo que en su opinión queda demostrado cada año en los presupuestos y en su mínimo grado de ejecución. «Me apasiona mi trabajo y en España no hay un mínimo crítico de inversión que permita el avance del sector. Prefiero estar en un país en el que la investigación es considerada importante para el conjunto de la nación», afirma.

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