Los jóvenes malagueños son los que mayor dificultad tienen para emanciparse de Andalucía

Con el salario medio más bajo (781 euros al mes) y la vivienda de alquiler más cara (635 euros) de toda la región, sólo el 15% de los menores de 30 años en la provincia vive por su cuenta

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

Los jóvenes malagueños siguen atados a casa de sus padres. No se independizan porque no pueden, no porque no quieran. Esta es la primera conclusión que salta a la vista en el ‘Observatorio de emancipación de Andalucía 2016’, publicado por el Consejo de la Juventud de Andalucía (CJA) y presentado ayer en el Colegio de Graduados Sociales de Málaga. Sólo 15 de cada 100 malagueños de entre 16 y 29 años están emancipados, una de las tasas más bajas de toda Andalucía, que a su vez se sitúa entre las comunidades autónomas con menor proporción de jóvenes viviendo por su cuenta. La media regional es del 17,4% y la nacional, del 19,5%. Y la tendencia no mejora, sino todo lo contrario: el porcentaje ha disminuido respecto a la anterior edición del observatorio, que data de 2015.

¿Por qué independizarse es un reto cada vez más difícil para las nuevas generaciones? Los números hablan por sí solos. Aunque la tasa de desempleo juvenil haya mejorado sigue siendo muy alta: del 39,7% en Málaga (por debajo, eso sí, de la media andaluza, que está en el 43%). Y lo que no ha subido sino que sigue bajando es el salario medio de los menores de 30 años, que como denunciaban ayer los representantes del Consejo de la Juventud, en Málaga no llega ni a ‘ochocientoseurista’: es de 781 euros mensuales en términos netos, el más bajo de toda Andalucía.

Los datos

236.847 personas
de entre 16 y 29 años viven en la provincia de Málaga.
66.196 de esos jóvenes trabajan
y, de ellos, el 62% tiene contrato temporal y el 38%, a tiempo parcial
103.852 jóvenes
se dedican a estudiar.
46.964 jóvenes
están en paro.

A la vez, es la provincia con la vivienda de alquiler más cara: 635 euros al mes, según refleja el ‘Observatorio de emancipación’ (que extrae los precios del portal inmobiliario Idealista.com). Esto quiere decir que un joven malagueño tendría que destinar el 81% de sus ingresos mensuales a pagar el alquiler. Es el porcentaje más alto de toda la región, donde la media es del 60%. «Hay diferencias muy fuertes entre territorios: en Jaén, por ejemplo, el esfuerzo necesario para el acceso a la vivienda de alquiler sería sólo del 32% del sueldo medio», apunta Rocío Vázquez, miembro de la Comisión Permanente del Consejo de la Juventud de Andalucía.

La sobrecualificación afecta al 54% de los jóvenes asalariados en Andalucía

Para Víctor Reloba, vicepresidente del Consejo de la Juventud de España, las nuevas generaciones están condenadas «a una precariedad que no es sólo laboral, sino vital». La tasa de temporalidad de la población ocupada menor de 30 años en la provincia es del 62%, pero la de los nuevos contratos roza el 95%. Además, casi cuatro de cada diez jóvenes trabaja a tiempo parcial. «Cuando una persona no sabe si conservará su trabajo de aquí a tres meses no puede tener un proyecto de vida», critica Reloba.

La protección y el amparo de las familias enmascaran una realidad que las estadísticas ponen de manifiesto: los jóvenes son el colectivo que sufre el mayor riesgo de pobreza y exclusión del país. Esta tasa asciende al 55% en Andalucía, muy por encima de la media nacional que es del 38,1%.

«El problema de la juventud es muy grave, pero es un error pensar que es sólo de la juventud, porque con salarios de 800 euros no se podrán pagar pensiones de 1.300. Vamos camino de un colapso del Estado del bienestar si no se actúa», resalta Reloba, para a continuación recordar que desde el Consejo de la Juventud de España se ha iniciado recientemente una campaña para denunciar la precariedad de los becarios. «Se está reduciendo la contratación en formación y prácticas porque las empresas abusan de la figura del falso becario, por eso reivindicamos la necesidad de un Estatuto del Trabajador Becario que le proteja», expresa.

Brecha de género

El informe también revela que la brecha de género persiste en las nuevas generaciones. Para empezar, hay más de cien euros de diferencia entre el salario medio mensual de los hombres menores de 30 años (837 euros) y de las mujeres de la misma edad (717) en Málaga. Consecuentemente, ellas se enfrentan a una barrera mayor al intentar acceder a una vivienda. Además, las jóvenes sufren en mayor medida la sobrecualificación: el 63% de las mujeres de esa franja de edad tiene una titulación superior a la necesaria para el puesto de trabajo que ocupa, frente al 47% de los hombres.

El ‘Observatorio de Emancipación de Andalucía’ se nutre, salvo en el caso del precio medio de las viviendas libres en alquiler, de los datos publicados por organismos públicos como el Instituto Nacional de Estadística, el Ministerio de Fomento o el Banco de España.

«Hay barreras reales que retrasan la formación de la familia, pero también un cambio cultural»

¿Viven los jóvenes de ahora peor o mejor que sus padres a su edad? ¿Tardan más en independizarse sólo por sus problemas económicos o también por comodidad? ¿Qué efectos tendrá en la sociedad futura este retraso en las decisiones vitales, y sobre todo de la paternidad? Preguntas como éstas no tienen una respuesta fácil. Para Elisa Chuliá, profesora de Sociología en la UNED, en el retraso en la edad de emancipación y la formación de la familia confluyen tanto causas económicas como culturales. «Es cierto que las condiciones laborales, salariales, de acceso a la vivienda... no favorecen que los jóvenes tomen este tipo de decisiones. Pero también se está produciendo, a mi juicio, un cambio cultural que va en la misma dirección», apunta. Un cambio que parte, según Chuliá, de «una voluntad por parte de los jóvenes de posponer decisiones vitales, concretamente la reproducción, por su coste de oportunidad tan alto que conllevan, es decir, por las cosas a las que tendrían que renunciar para tener hijos».

Chuliá está convencida de que el aumento de la esperanza de vida es otro factor que influye en que las personas tarden cada vez más en tener hijos. Y llama la atención sobre aspectos como el ocio o los viajes, que son ahora considerados de alta importancia para los jóvenes, en contraste con la forma de pensar «de sus padres y, más todavía, de sus abuelos», cuyas prioridades eran formar una familia, ahorrar y acceder a una vivienda en propiedad. Por eso la socióloga no está de acuerdo con la aseveración generalizada de que los jóvenes de ahora viven peor. «Es verdad que el paro juvenil es muy alto y los que tienen trabajo están mal remunerados; pero también que los jóvenes están muy protegidos por sus familias y pueden permitirse destinar la mayor parte de sus recursos al ocio», apunta.

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