«Un rescate es una labor contrarreloj en la que hay que ser muy minucioso»

Lorenzo Álvarez, de Bomberos Sin Fronteras, relata su experiencia cuando actúa en una catástrofe

Alvaro Frías
ALVARO FRÍAS

Lorenzo Álvarez se hizo bombero porque quería ayudar a la gente. Es un motivo que no solo le hace enfrentarse a diario con las intervenciones que surgen en la zona de Coín donde trabaja, sino que le ha llevado a recorrerse medio mundo para echar una mano cada vez que ocurre una catástrofe.

Este malagueño, con 23 años de experiencia como bombero a su espalda, cuenta que entró en Bomberos Sin Fronteras al poco de llegar al cuerpo. Se especializó en la búsqueda de personas sepultadas, una labor que ha desempeñado en zonas como Nepal, Marruecos, Haití o Perú, asistiendo a personas tras un terremoto o un huracán.

Todo el dispositivo arranca con una llamada. En la ONG se hace un seguimiento de la catástrofe para ver si es necesaria su ayuda, tras lo que se activa una prealerta entre los bomberos que integran la asociación. “En dos horas tenemos que decir si estamos disponibles para viajar, así que rápidamente te pones a hacer gestiones con la familia y en el trabajo”, explica.

Luego viene la alerta, que se produce si el país solicita ayuda, y, “en cinco horas, tienes que estar listo para salir”. Mientras tanto, ya se van poniendo en situación.

“Cuando vas llegando en el avión, los ojos se te salen por la ventanilla para captar la situación real a la que te vas a enfrentar. En ese momento estamos con muchas ganas de aterrizar y empezar a trabajar, sabemos que el tiempo en estos casos es fundamental”, apunta.

Pese a la experiencia de haber estado en numerosas intervenciones en catástrofes y que puede tener una idea de lo que se va a encontrar, Lorenzo asegura que el panorama siempre es “sobrecogedor”: “No es tanto por los destrozos materiales, sino por el sufrimiento de las personas atrapadas o de sus familiares que están esperando. A eso nunca te acostumbras”.

Pero no hay tiempo que perder, este malagueño insiste en que se trata de “una carrera a contrarreloj”. Pese a que “los sentimientos siempre están a flor de piel”, insiste en que hay que centrarse en el trabajo para poder ayudar al mayor número de personas posible.

El equipo de Bomberos Sin Fronteras se divide en varias especialidades. Los primeros en actuar son los miembros de la unidad canina, quienes buscan con los perros a alguna persona que haya sobrevivido a la catástrofe y se encuentre atrapada.

“Pero los perros no te marcan el punto exacto, sino una zona. Luego entran en juego los compañeros con un aparato que detecta pequeñas vibraciones para localizar el sitio concreto en el que está la persona”, expone el especialista.

Luego hay que proceder a desescombrar hasta llegar a ella. Es una tarea que puede durar unas horas o días. El aparato marca el punto en el que está la víctima, pero los bomberos desconocen la profundidad. De hecho, en ocasiones puede estar bajo cuatro plantas de un edificio, que hay que romper hasta llegar al herido.

No se trabaja encima de la víctima para que no le caigan cascotes. Y es que aunque es una labor a contrarreloj, hay que ser “muy minucioso y tener mucho cuidado” para no dañar a la persona que está atrapada.

Una vez que se llega hasta ella, es atendida por los sanitarios. Entonces las sensaciones son muy diferentes. Encontrar a la víctima con vida es “un chute de energía bestial”, que da ánimos a los bomberos para seguir trabajando. “Es una alegría impresionante, una emoción increíble. Es el motivo por el que estás allí”, añade.

Lo complicado es cuando la persona fallece durante las labores o al poco tiempo de ser rescatada. Asegura que “es un palo muy duro, que te desanima”, aunque dice que hay que intentar mantener la mente fría porque hay que seguir trabajando para ayudar a otras víctimas.

Y es que durante el tiempo que están actuando durante una catástrofe, hay muy poco margen para el descanso. Lorenzo señala que se hacen algunos relevos, pero que “básicamente uno se relaja un poco en los desplazamientos”.

Al volver a casa en el avión es cuando las sensaciones comienzan a florecer. Este malagueño afirma que los sentimientos no se pierden en ningún momento de la intervención, pero se guardan. Entonces es cuando salen a la luz.

“Más tarde, cuando descansas y te incorporas a la vida diaria aquí, te das cuenta de lo afortunado que eres por vivir donde vives. Siempre digo que me gustaría poder enseñar por una mirilla a la gente la forma en la que viven en los países a los que vamos y lo que ha ocurrido, eso cambiaría mucho el concepto de vida que tenemos y nos quejaríamos menos”, asevera.

Pese a la dureza de las situaciones a las que se enfrenta, Lorenzo precisa que se queda impresionado con la solidaridad de las personas que están viviendo el que puede ser uno de los peores momentos de su vida. “No tienen nada que comer o muy poco y se empeñan en compartirlo contigo para agradecerte tu ayuda. Es una experiencia muy enriquecedora”, concluye.

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