Ramón Buxarrais, El obispo que fue el azote de la ‘jet-set’ marbellí

Renunció a su cargo ante el Vaticano y se fue de capellán a Melilla hace 26 años, donde sigue trabajando

Ramón Buxarrais, El obispo que fue el azote de la ‘jet-set’ marbellí
Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El miércoles 11 de septiembre de 1991 se supo que Ramón Buxarrais Ventura había renunciado a su cargo de obispo de Málaga y, tras 18 años al frente de la diócesis, se marchaba a Melilla para ejercer de cura de base. La decisión, que sorprendió a casi todo el mundo, no era nada extraña si se tenía en cuenta la personalidad y el pensamiento de don Ramón (como era conocido). Famoso, aun a su pesar, por sus críticas a la ‘jet-set’ de Marbella, a la que acusó de despilfarro y ostentación, se caracterizó durante su episcopado por denunciar las injusticias y defender a los que menos tenían. Sus ‘Cartas a Valerio', son unos textos en los que escribió sus opiniones y no le importó censurar los comportamientos que consideró inadecuados, aunque molestasen a los poderosos y le originasen conflictos.

El cansancio físico y su estado de salud, resentida tras una operación de hernia discal que se le practicó el año anterior, fueron los argumentos que dio para la presentación de su renuncia ante el Vaticano. Al explicar el motivo de su decisión dijo: «Me voy por el bien de la diócesis, pues esta genera muchas preocupaciones y necesita a alguien con nuevas y más energías. Es inhumano ser obispo de Málaga debido al exceso de trabajo que hay en la diócesis».

El prelado, comprometido con los problemas sociales, denunció las injusticias en sus ‘Cartas a Valerio’

Cercano, sencillo (prefirió vivir en el Seminario que en Palacio Episcopal), buen orador, aficionado al fútbol (su equipo es el Barcelona F. C. y acudía cuando podía a La Rosaleda a ver al Málaga) y muy comprometido con el sacerdocio, monseñor Buxarrais se definía como un catalán de nacimiento y un malagueño de corazón. En su mandato, se caracterizó por preocuparse por incrementar las vocaciones sacerdotales y por potenciar el Seminario malagueño.

Años antes de que cambiase el episcopado por ser capellán en el Centro Asistencial de Melilla (antigua Gota de Leche), Ramón Buxarrais había escrito en 1983, en la revista ‘Sal Terrae’, un artículo titulado ‘Presidir para servir’, en el que decía que era partidario de que un obispo no permaneciese indefinidamente en el puesto. Ocho años más tarde predicó con el ejemplo y dejó la mitra y el báculo para profundizar en la oración alejado de la cúspide.

«Es inhumano ser obispo de Málaga debido al exceso de trabajo que hay en la diócesis», dijo

Han pasado 26 años desde que monseñor Buxarrais se marchara a Melilla, donde a sus 87 años sigue ejerciendo de capellán y se dedica a ayudar a los más desfavorecidos, ya sean niños, ancianos o presos, lo que le ha hecho ganarse el afecto y el respeto de los melillenses. Pese al tiempo transcurrido, Ramón Buxarrais continúa presente en la memoria de los malagueños que lo conocieron. Este obispo emérito dejó una huella profunda en los 18 años que estuvo al frente de la diócesis de Málaga. Nació en Santa Perpetua de Moguda (Barcelona), en el seno de una familia humilde, el 12 de diciembre de 1929. A los 12 años ingresó en el Seminario de Barcelona y se ordenó sacerdote en 1955. En 1971 fue nombrado obispo de Zamora. En esa ciudad castellana estuvo hasta que en 1973 fue designado obispo de Málaga, diócesis de la que tomó posesión, por poderes, el 23 de junio de 1973. Hizo su entrada en Málaga, seis días después, el 29 de junio.

Siempre al lado del débil

No fueron años fáciles los que tuvo que lidiar Ramón Buxarrais (estertores del franquismo, la Transición y llegada de la democracia), pero se enfrentó a las dificultades con voluntad de diálogo y siempre situado al lado del débil. En los comienzos de su episcopado en Málaga tuvo enfrentamientos con las cofradías, que no entendían que su obispo las cuestionara y les pidiera sobriedad y que huyeran de la ostentación. A medida que Buxarrais y los cofrades se conocieron, se limaron las asperezas y se estrecharon los lazos hasta lograr un perfecto entendimiento. De hecho, monseñor Buxarrais fue el que autorizó a las hermandades que lo solicitaron entrar a la Catedral a hacer estación de penitencia en Semana Santa, medida para la que tuvo que imponer su criterio sobre el del Cabildo Catedral.

Aunque toda su vida se ha caracterizado por ser un hombre de profunda oración y por no gustar de los reconocimientos públicos ni de la fama, durante sus años de obispo alcanzó grande cotas de notoriedad en toda España. Sus críticas a los integrantes de la ‘jet-set’ marbellí levantaron una polvareda. Las palabras de Buxarrais contra el derroche de dinero en fiestas en vez de destinar esos fondos a las personas necesitada provocaron una polémica y le granjearon enemistades de gentes que no se tomaron bien que un obispo cuestionase su modo de vida.

Desprendido, poco dado a valorar los bienes materiales, amigo de sus amigos, reflexivo y a la vez impulsivo cuando había que salir a la palestra a hablar con claridad, monseñor Buxarrais nunca dejó de decir lo que pensaba. Sus ‘Cartas a Valerio’ dan fe de ello. Entre otros temas, en esos textos, escritos con un tono desenfadado y coloquial, para que pudiesen ser leídos por cualquier persona, se pronunció sobre la donación de órganos, la democracia, el pluriempleo, la ecología, el divorcio, el aborto, la nueva Europa, el terrorismo de ETA en la Costa del Sol, los pirómanos, etcétera.

Trabajador incansable, en sus 18 años como obispo de Málaga, creó numerosas parroquias, fundó el Museo Diocesano de Arte Sacro, las escuelas de teología de Antequera y Ronda y la Escuela Diocesana de Catequesis. Asimismo, impulsó un nuevo estilo en el Seminario Menor y potenció el Seminario Mayor. Otro de sus hitos en Málaga fue la creación del Centro Diocesano de Teología. También se dedicó a apoyar a las misiones. En 18 años, Ramón Buxarrais, el obispo que fue el azote de la ‘jet-set’, hizo muchas cosas por Málaga. Ahora las sigue haciendo por Melilla como cura, que es lo que más le llena y lo que siempre quiso ser.

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