«Las mujeres deben organizarse para luchar por su espacio en el mundo rural»

Sonia Chiri durante la entevista, en el GDR del Guadalhorce. /F. T.
Sonia Chiri durante la entevista, en el GDR del Guadalhorce. / F. T.
Sonia Chiri. Activista y senadora boliviana

La política participa en un encuentro con productoras de la comarca del Guadalhorce para debatir sobre la soberanía alimetaria

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Uno de los nombres más conocidos del feminismo en Bolivia es el de Sonia Chiri. Esta campesina del altiplano ha liderado numerosos movimientos que han transformado el país gracias a la defensa del trabajo en el entorno rural. Su carrera le ha llevado hasta el Senado del país sudamericano, un puesto que desempeña con la misma búsqueda de la igualdad que la ha hecho tan popular. Chiri, de origen Quechua, participó la pasada semana en la jornada 'Las mujeres transforman la realidad', un encuentro con agricultoras de la comarca organizado por VSF Justicia Alimentaria, el COAC, CERES y la Junta de Andalucía.

-¿Cómo ha sido el camino hasta el Senado de Bolivia?

-He tenido que formarme y prepararme por muchas necesidades, sobre todo por la discriminación que tradicionalmente ha sufrido la mujer campesina en mi país. Además he estado como dirigente departamental de mujeres campesinas en Potosí, y ahora estoy como senadora suplente en representación de las mujeres.

-Está recorriendo Andalucía para contar su lucha feminista...

-He venido para compartir desde Bolivia la realidad de las mujeres productoras y campesinas. Durante todo este proceso nos hemos valorado como madres, hermanas y abuelas, pero también como productoras. No estamos reconocidas por el Estado ni por la sociedad. El entorno familiar siempre ha dicho que la mujer no aporta a la economía. Hemos tenido largas luchas en diferentes momentos. Comenzamos a trabajar nuestra autoestima como mujeres, en las reuniones comunales, empezando a salir de casa, perdiendo miedo y enfrentándonos al mundo machista que tenemos en nuestras propias casas. Hemos luchado por la equidad de género y oportunidades. Con mucho orgullo, la mujer campesina de Bolivia es productora y profesional, al igual que hemos conseguido que aumente la participación política de la mujer, ahora el Senado tiene la mitad de representación de los dos géneros, desde el año 2005, que se redactó la nueva Constitución tras la unión de campesinas, mineras y profesionales.

-¿El feminismo es más difícil cuando se ejerce desde el ámbito rural?

-A las mujeres del campo nos cuesta mucho más luchar por nuestros derechos. Primero sufres discriminación por la ropa tradicional que llevamos las indígenas. Hay estereotipos de que no sabemos leer o hacer nada. Sin embargo hemos sido valientes para decir que eso no es así.

-¿Qué similitudes encuentras entra el entorno rural de Bolivia y el de Málaga?

-Cuando llegué a Málaga, lo primero que me impresionó fue el aeropuerto enorme, además de las grandes extensiones de olivos y de naranjas. Yo vengo del altiplano con pequeñas parcelas de producción diversa de autoconsumo. Al ver estas grandes producciones de monocultivo y los supermercados me impresiona. Pero, a la vez, tras haber conocido a mujeres productoras malagueñas y del resto de Andalucía, he podido ver que en el campo de aquí se vive con las mismas condiciones que en Bolivia. Aseguran que existe discriminación y que en el campo siguen mandando los maridos. Además, aquí también existe la competición con las empresas transnacionales. En Andalucía me he dado cuenta de que nuestra lucha no solo está en Bolivia, sino que es una preocupación global.

-¿Cuál es su mensaje para las productoras malagueñas?

-Hay que trabajar harto. A veces pongo ejemplos de Bolivia. Hemos creado ferias y encuentros para mostrar y vender nuestros productos, en colaboración con las alcaldías y las comunidades, a nivel regional y nacional. Además es importante crear consciencia en la juventud sobre la importancia de consumir alimentos frescos. Tanto en Málaga como en el resto de España, la organización es lo más importante; la mujer debe organizarse para luchar por su espacio en el mundo rural; algo igual de importante que empoderarse de los medios de comunicación. En Bolivia nos hemos movido mucho a través de la radio y la televisión, para incidir en las comunidades y en los colegios y evitar que los medios no tergiversen la realidad de los campesinos.

-¿Qué significa para usted la soberanía alimentaria?

-Para nosotros está dentro del 'buen vivir'. Es un término corto pero que engloba muchas cosas, como nuestra relación con la naturaleza, con los árboles y ríos, la alimentación sana basada en la diversidad de productos producidos por nosotros mismos. Con el modelo actual la gente come para llenar su barriga y saciar el hambre. Nosotros proponemos un proceso de nutrición y de producción que no esté basado en la venta, sino en el autoconsumo. El segundo paso es la venta interna, en la comunidad y regiones cercanas. Si sobra, exportamos.

-¿Ese modelo productivo encaja en Andalucía?

-Tendría que aumentar el peso de los productores pequeños trabajen la tierra sin contaminar. La sociedad debería aprender a consumir de ellos, desde la familia, y aprender a respetar a los agricultores que practiquen ese modelo. Si no ocurre esto, los productores pequeños irán desapareciendo y buscarán otros trabajos, sin generar economía.

Soberanía alimentaria para fijar a las comunidades rurale

Justicia Alimentaria es una organización sin ánimo de lucro, a nivel estatal que trabaja en España, África y América Central y del Sur para cambiar el actual sistema agroalimentario. Según Claudia Meza, organizadora del evento al que acudió Chiri, «el sistema productivo discrimina a las personas productoras de alimentos, expulsa a las comunidades rurales de sus territorios y destruye el medio ambiente». Por ello defienden la soberanía alimentaria, porque representa un modelo de desarrollo justo con las personas productoras y sostenible con el medio.

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