Motín en Málaga de tropas enviadas a Marruecos en 1923

Los soldados expresaron con la insubordinación su rechazo a ir a combatir a la guerra en el Rif

El cabo Sánchez Barroso, en el centro, tras conocer su indulto./
El cabo Sánchez Barroso, en el centro, tras conocer su indulto.
Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Málaga fue el escenario de un motín protagonizado por tropas que se insubordinaron cuando iban a ser embarcadas con destino a Melilla para combatir en la guerra del Rif, en el Protectorado de Marruecos. El conflicto comenzó el 22 de agosto de 1923. En la memoria de los soldados estaba fresco el desastre de Annual, ocurrido dos años antes, en el que el Ejército español sufrió una dura derrota infligida por los rifeños capitaneados por Abd el-Krim. El miedo a morir en una guerra a la que iban a la fuerza fue el desencadenante de la revuelta.

Los hechos comenzaron cuando las tropas iban a subir a bordo del buque ‘Lázaro’, que debía zarpar hacia Melilla. «Un grupo de soldados del regimiento Garellano prorrumpió en gritos subversivos al entonar la banda la Marcha Real», según se recoge en una información publicada en ‘ABC’, en la que se cita como fuente el periódico local ‘El Cronista’.

Los amotinados sacaron una bandera de Vizcaya con la intención de hacerla ondear en el barco. La intervención de un oficial lo impidió. Igualmente, tiraron al suelo la munición que llevaban para expresar su repulsa a ser movilizados. Un paisano que estaba en el muelle recogió un cargador completo y se lo entregó al comandante Alfarache, jefe de Estado Mayor, se dice en ‘ABC’. Pese a la insubordinación, el ‘Lázaro’ zarpó rumbo a Melilla. En ese instante, hubo algunos disparos sueltos de fusil.

Los revoltosos mataron a un suboficial de Ingenieros que trató de frenar la protesta

La revuelta prosiguió al día siguiente cuando, sobre las seis de la tarde, soldados expedicionarios que estaban alojados en el cuartel de Segalerva se echaron a la calle muy alterados. El suboficial de Ingenieros José Ardoz, al intentar detener a los sediciosos, recibió dos disparos, uno en la frente y otro en el pecho que le causaron la muerte, según cuenta ‘ABC’ mencionando a la prensa local.

Los revoltosos se dirigieron hacia el cuartel de Capuchinos, donde fueron interceptados por la guardia del acuartelamiento. Ante los disparos intimidatorios que se lanzaron, los amotinados huyeron y formaron grupos que recorrieron los barrios de la ciudad sembrando la alarma entre los malagueños. Uno de esos grupos se hizo fuerte en la casa de socorro de la calle Mariblanca e impidió la entrada de la gente mientras se curaba al soldado Francisco López Hernández de una herida contusa de sable de tres centímetros en el antebrazo izquierdo, así como a Francisco Carrasco, que sufría una herida de bala en un glúteo. Al salir del dispensario, los revoltosos se dieron de bruces con el capitán de Infantería García Padín que, tras ser tiroteado, fue salvado por unos paisanos que lo refugiaron en un portal. El capitán iba desarmado.

Detenciones de soldados

Casi a la vez, un grupo de soldados acudió a la estación de ferrocarril con la intención de esperar un tren militar. Otros insubordinados recorrieron las calles dando gritos y asustando a la población. Hubo varias personas heridas con contusiones. Ante el desarrollo de los acontecimientos, las autoridades civiles y militares tomaron medidas para acabar con el conflicto y conseguir que Málaga recobrase la normalidad. Así, fuerzas del Regimiento Borbón, formadas en patrullas al mando de un oficial, persiguieron a los sediciosos y detuvieron a todos los que encontraron, aunque algunos se dieron a la fuga y se escondieron en distintos puntos de la ciudad. Otros se refugiaron en el campo. Allí los persiguió y detuvo la Guardia Civil. Entre los arrestados estaban el cabo del Regimiento de Navarra José Sánchez Barroso, que fue considerado el cabecilla de la rebelión, y 20 soldados autores de las agresiones contra el suboficial muerto y un capitán.

El cabecilla del motín fue condenado a muerte y luego indultado por el Gobierno

Una vez apaciguados los ánimos y vueltas las aguas a su cauce, unos 700 soldados fueron embarcados en el vapor ‘Barceló’, que partió rumbo a Melilla. Una de las consecuencias de la algarada fue que las autoridades decidieron trasladar al puerto de Almería el punto de embarque de las tropas enviadas al Protectorado de Marruecos.

El suboficial de Ingenieros José Ardoz fue enterrado en el cementerio de San Miguel, en un nicho que cedió de modo gratuito el Ayuntamiento de Málaga. En el sepelio tributó honores un piquete del Regimiento Borbón. Asistieron jefe, oficiales y suboficiales.

El cabo Sánchez Barroso fue condenado a muerte por un tribunal militar. En su alegato de descargo, el reo dijo que había participado en la revuelta porque se encontraba ebrio. La sentencia no se cumplió, ya que Sánchez Barroso fue indultado por el Gobierno poco después de la condena.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos