Las microalgas noctiluca y las leyendas marinas de la antigüedad

De noche, con el movimiento, las microalgas Noctiluca toma un color azul fluorescente./Salvador Salas
De noche, con el movimiento, las microalgas Noctiluca toma un color azul fluorescente. / Salvador Salas

Las manchas naranja se vuelven azules con el movimiento por la noche, lo que se relaciona con el origen de la 'stella maris'

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Los técnicos de Emasa han certificado que las manchas naranja que a veces afloran en las playas son acúmulos de microalgas de la especie Noctiluca scintillans. Etimológicamente, su nombre significa «que brilla en la noche», y es conocido comúnmente como «chispa de mar». Es luminiscente (emite luz) producida, según el estudio, por un sistema de luciferina, la cual reacciona con el oxígeno y provoca un destello de fluorescencia de color azul, especialmente apreciable durante la noche, cuando se produce movimiento o vibración en la superficie del agua (por ejemplo, el paso de un barco).

Los investigadores de Emasa dedican una parte a la vinculación de la Noctiluca con las leyendas marinas desde la antigüedad. Entre estas historias está la que la relaciona con el origen del término ‘estella maris’. Los días de mar en calma, las luces fluorescentes azules alrededor de las embarcaciones formaban una estela que servía a los marineros para navegar sin problemas. Esta se relacionó posteriormente con la protección mariana en la religión cristiana. «Si nos fijamos en la imagen de la Virgen del Carmen, patrona del mar, a sus pies se aprecian unas estrellas representando la ‘estella’. Esas luces se debían a la existencia de las Noctilucas, que ante cualquier vibración o movimiento brusco, en este caso el movimiento de los barcos, generaban la bioluminiscencia», expone el informe.

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También se las ha llamado «fantasmas del mar», puesto que estos microorganismos emiten su brillo azulado cuando se les «molesta» y rodean al intruso con él. La presencia de las Noctilucas en las costas del Mediterráneo está documentando desde la antigüedad. Los griegos ya describieron la aparición de líneas luminosas cerca de sus embarcaciones cuando navegaban por mares tropicales. Más recientemente, sirvieron para inspirar al novelista Julio Verne, cuando se refiere a las «mareas de leche» en su novela Veinte mil leguas de viaje submarino.

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