Los hospitales de Málaga podrán detectar burundanga en las violaciones

El protocolo evita una segunda victimización de las mujeres. / SUR

Salud exporta el modelo del Costa del Sol a los otros cinco centros sanitarios públicos que atienden a víctimas de agresiones sexuales

Juan Cano
JUAN CANOMálaga

Cada tres días, una mujer denuncia un delito contra la libertad sexual en Málaga. Las violaciones, que representan su grado máximo, se han duplicado en la provincia durante el primer trimestre del año, pasando de seis a 12, según las estadísticas contenidas en el último balance de criminalidad del Ministerio del Interior, que refleja un preocupante aumento de estos casos en la provincia, especialmente en la capital, Marbella y Fuengirola.

Precisamente, en estas ciudades, la policía ha capturado a tres supuestos agresores sexuales en el último mes. En la capital, los agentes han arrestado a un hombre de 34 años acusado de violar a una turista de 19 años en los aseos de una discoteca del Centro. En Fuengirola, los investigadores apresaron a un «depredador» que presuntamente abordaba a sus víctimas armado con un destornillador y al que se atribuyen asaltos a cuatro jóvenes. Y en Marbella, arrestaron a un individuo por agresión sexual a una chica que paseaba a su perro por la calle y a la que realizó tocamientos con tal fuerza que llegó incluso a la penetración.

«Un depredador»

Con la llegada de los meses estivales, aumenta aún más este tipo de casos. De hecho, el pasado verano, la provincia registró un fuerte incremento de las denuncias por delitos contra la libertad sexual en los que, además, se sospechaba del uso de narcóticos, principalmente burundanga. El asunto llegó incluso a tratarse en la Junta Provincial de Policía Judicial (órgano de coordinación entre la judicatura, la comisaría y la comandancia), donde se planteó la urgencia de crear un protocolo para detectar las drogas que provocan la sumisión química de las víctimas, ya que consiguen anular por completo su voluntad.

El Hospital Costa del Sol recogió el guante y ha sido pionero en Málaga y en Andalucía en articular la recogida de muestras en las agresiones sexuales donde se piense que la víctima ha podido ser narcotizada; según la doctora Carmen Agüera, adjunta a la unidad de Urgencias y responsable del protocolo en el hospital marbellí, la sospecha del uso de psicotrópicos está presente en una de cada tres violaciones que llegan al Costa del Sol, que atiende entre 30 y 40 al año.

Posteriormente, esta iniciativa se amplió también a los casos de robos, secuestros u homicidios, tal y como adelantó SUR (ver edición del 15 de enero). Desde entonces, el personal del hospital ha ido recogiendo muestras de sangre, orina y cabello en todos los casos sospechosos. El protocolo establece una cadena de custodia para el envío de las pruebas químico-toxicológicas al Instituto Nacional de Toxicología, mientras que las biológicas se remiten a los laboratorios de la Policía o la Guardia Civil, que reportan los resultados a los juzgados que entienden de cada asunto.

El protocolo, que nació de la inquietud de un grupo de profesionales de los ámbitos sanitario, forense, judicial y policial en Marbella, se extenderá ahora a todos los hospitales públicos de la provincia, según ha podido confirmar SUR. Satisfecha del resultado que está teniendo en el Costa del Sol, la Junta de Andalucía ha decidido exportar el modelo a los demás centros sanitarios malagueños que están atendiendo casos de agresiones sexuales.

La burundanga se suele suministrar en la bebida / SUR

Hasta la fecha, se han celebrado dos reuniones de coordinación para ampliarlo a toda la red sanitaria pública de la provincia. El primero de esos encuentro tuvo lugar en marzo y el último (y definitivo), este mismo viernes en la Delegación del Gobierno andaluz en Málaga, que acogió a profesionales sanitarios, representantes de las consejerías de Salud y Justicia, mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, responsables del Instituto de Medicina Legal (IML) y del sistema de emergencias 112-Andalucía.

A partir de septiembre, el protocolo para detectar drogas de sumisión química empezará a aplicarse de forma progresiva en el Materno y el Clínico Universitario, así como en los hospitales comarcales de la Axarquía, Antequera y Ronda. Según la doctora Carmen Agüera, que ha guiado esta segunda fase del proyecto desde su experiencia en el Costa del Sol, los hospitales ya están preparados, pero aún hace falta «difusión y divulgación entre los propios profesionales y dar sesiones clínicas informativas al personal».

La recogida de muestras se aplicará cuando el profesional sanitario, al escuchar al paciente, observa síntomas que encajan con la sumisión química, o bien cuando las Fuerzas de Seguridad llevan al hospital a una víctima de un delito que en su relato describa el mismo cuadro clínico. El afectado deberá firmar un consentimiento informado para realizar las analíticas y averiguar si fue narcotizado.

Si han pasado menos de 24 horas desde la posible ingesta de la droga, se toman muestras de sangre (cuatro tubos), orina (dos) y cabello. Si ocurrió entre 24 y 72 horas antes, sólo se recogen de orina y pelo, ya que en sangre desaparecen muy rápidamente. Si han transcurrido más de 72 horas, sólo sirve el cabello. La muestra de pelo –siempre de la cabeza– extraída en el hospital sólo es de control, ya que la presencia de la burundanga no aparecería en el cabello hasta cuatro semanas después de la ingesta; el protocolo contempla que, al cabo de un mes, los forenses deberán recoger una segunda muestra.

Evita la doble victimización

Con este sistema, «se logra, por un lado, que estos delitos no queden impunes y, por otro, evitar una segunda victimización de la mujer», explica la doctora Agüera. El director del Instituto de Medicina Legal (IML) de Málaga, José Caba, aclara: «Conseguimos proteger a la víctima porque las pruebas clínicas y periciales se realizan en un solo acto, ya que se hace un reconocimiento conjunto entre ginecólogos y médicos forenses». Hasta ahora, el forense la examinaba junto al médico de urgencia, que después tenía que derivar a la paciente a ginecología para las medidas de profilaxis contra enfermedades venéreas y prevención de embarazo.

Uno de los principales retos del protocolo fue definir qué sustancias provocan la sumisión química y cómo detectarlas. La burundanga, también llamada droga de los violadores o polvo del diablo, es la más conocida. Se suministra en la bebida, pero también se puede hacer a través de la comida, billetes, papeles (como por ejemplo un mapa) o pañuelos. Según el director del IML, es una mezcla de distintas sustancias, algunas procedentes de fármacos que se usan en hospitales como anestésicos o preanestésicos, que tiene un efecto hipnótico-sedante. Aunque a veces también se la llama escopolamina, un alcaloide que está presente en las plantas solanáceas y que es el principio activo de algunos medicamentos, no son sinónimos; la escopolamina sólo es uno de los principios activos que se utilizan para crear el polvo del diablo.

Pero la burundanga no es, ni mucho menos, la única sustancia que se utiliza para provocar la sumisión química. También hay casos descritos de violaciones mediante el uso de gammahidroxibutirato, más conocido en el mundo del ocio nocturno como GHB o éxtasis líquido, un potente depresor del sistema nervioso central. El problema de todas estas sustancias es que se eliminan muy rápido del organismo y son muy difíciles de detectar, de ahí la importancia de denunciar lo antes posible y de la inmediata recogida de muestras por parte del personal sanitario.

El protocolo de investigación

Si la ingesta se produce en las últimas 24 horas
Se toman muestras de sangre (cuatro tubos), orina (dos tubos) y cabello
Si se realiza entre las 24 y 72 horas previas
Se recogen muestras de orina y cabello, ya que las drogas de sumisión química desaparecen en sangre entre las seis y las ocho primeras horas
Si han transcurrido más de 72 horas
Sólo se toma una muestra de cabello, siempre de la cabeza
La clave del cabello
La primera muestra, la que se recoge en el hospital, es de control, ya que una sustancia sólo se puede detectar en el pelo cuatro semanas después del consumo, por lo que hay que tomar otra muestra al mes

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