La escalada sexista aviva la necesidad de una regulación de las despedidas de soltero en Málaga

Cada vez son más numerosas las celebraciones que se producen en la provincia y en las que subyacen humillaciones

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Han pasado de ser una noche de fiesta antes de pasar por el altar a prolongarse durante todo el fin de semana. Las despedidas de soltero, un ritual originariamente masculino pero consolidado desde hace años entre las mujeres, hunden sus raíces en la idea de que el matrimonio acabará totalmente con la libertad de la pareja, un destino contra el que los futuros contrayentes se rebelan por unos días junto a amigos y familiares. Al arsenal habitual, coronado por muñecas hinchables y diademas con forma de pene, se suman disfraces y lemas sexistas, megáfonos, charangas y strippers, un desfile de alcohol, ruido, machismo y excesos en plena vía pública que algunos ayuntamientos han comenzado a regular.

Madrid, Granada, Salamanca, Logroño, Mojácar, Tarifa o Conil ya han puesto en marcha diversas medidas para tratar de controlar la versión más salvaje de estas celebraciones, generalmente mediante ordenanzas que sancionan actitudes y vestimentas de contenido sexista o que atentan contra derechos fundamentales. En Málaga, uno de los destinos predilectos para este tipo de fiestas, las despedidas no están reguladas, una circunstancia que ha permitido la expansión de prácticas como la contratación de personas de estatura baja para que permanezcan encadenadas al novio o la novia y realicen espectáculos eróticos. En la provincia hay varias empresas que ofrecen este servicio, comercializado bajo el nombre de «antistrippers» o «antiboys».

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Muchas de estas personas padecen acondroplasia o enanismo, una situación que ha despertado las críticas de la Fundación Alpe, que promueve la investigación de este trastorno y ofrece acogimiento e información desde la primera sospecha de diagnóstico. «Trabajamos por el respeto y la dignidad de las personas con enanismo, pero estas prácticas fomentan el cliché del enano bufón. No se ríen con ellos, sino de ellos. Es algo grotesco y burlesco. ¿A alguien se le pasa por la cabeza que en las despedidas de soltero esposen a un ciego o a un síndrome de Down?», se pregunta Cristina González, directora de Proyectos de la fundación.

Álvaro Jiménez, de Torre del Mar, tiene diecisiete años y mide 1,34 metros. No ha cumplido la mayoría de edad y ya le han ofrecido trabajo como bombero torero, un espectáculo que aún se programa en varias plazas españolas: «Tanto eso como permitir que te encadenen en una despedida son formas de ganarse la vida que respeto, pero se basan en la mofa por nuestro físico y nos perjudican a todos». Quiere estudiar Ingeniería Civil y pide «las mismas oportunidades» que cualquier otro chico de su edad: «Se ríen de mí a diario y noto que hay gente que vuelve la cabeza cuando pasa por mi lado, pero nuestra única diferencia son unos centímetros». Alba Prieto, también malagueña, tiene 31 años y empezó a realizar desnudos a los diecisiete. Ahora cobra 300 euros por esposado y tiene despedidas cada fin de semana. No padece acondroplasia, pero sabe que su mayor reclamo para estos espectáculos es precisamente su estatura: «Siempre he pensado que cada uno es como es y debe aceptarse para ser feliz. No hago daño a nadie y me divierto».

Desigualdad

Los disfraces y lemas sexistas constituyen uno de los hilos conductores de las despedidas de soltero. En plena lucha de asociaciones, colectivos feministas y administraciones públicas por erradicar la desigualdad entre géneros y fomentar la educación igualitaria, la continua exhibición de mensajes discriminatorios supone una contradicción que algunos ayuntamientos no están dispuestos a tolerar. Un estudio de la profesora de Antropología Social Luisa Abad concluye que hombres y mujeres «acaban adoptando roles muy estereotipados» en estas celebraciones «como reflejo de una sociedad que no consigue establecer una verdadera simetría en las relaciones personales». Pese a que las despedidas de soltera también se han radicalizado, algo que inicialmente podría presentarse como una conquista de derechos por parte de las mujeres, bajo la mayoría de estas celebraciones aún subyace el tradicional reparto de roles basado en la dominación masculina.

Bajo la mayoría de estas celebraciones subyace el tradicional reparto de roles basado en la dominación masculina

Las despedidas más caras suelen tener lugar en recintos cerrados o en puertos deportivos como los de Marbella o Benalmádena. Como alternativa de bajo coste, decenas de grupos optan cada fin de semana por salir de fiesta por el Centro de Málaga, una opción que agrava el conflicto abierto por el denominado «turismo de borrachera», caracterizado por complicar el descanso de los vecinos y poner contra las cuerdas a los hosteleros y su aspiración de captar otro tipo de clientela. «La ciudad está dejando de ser amable por comportamientos incívicos como los que muestran muchas de estas despedidas, con chillidos constantes, bromas pesadas y objetos sexuales», lamenta la portavoz de la asociación de vecinos Centro Antiguo, Mercedes Espinel.

El secretario de Política Institucional de Servicios de Comisiones Obreras, Gonzalo Fuentes, recuerda que «el derecho a divertirse tiene que ser compatible con el descanso y el respeto» y advierte del peligro de «convertir la ciudad en un gran botellón que pierda calidad como destino» a la vez que aboga por trazar «un plan estratégico para no morir de éxito», en referencia a las abrumadoras cifras del sector turístico en los últimos años. Desde el sindicato instan al Ayuntamiento de Málaga a regular las despedidas en materia de vestimenta, ruidos y horarios y critican la práctica del esposado: «La diversión nunca puede producirse a costa de alguien».

Aunque muchas despedidas no alteran la convivencia, los desfases de otras empiezan a ser perseguidas por las administraciones. Benicàssim, en Castellón, ha sido el último municipio en sumarse a este control al prohibir la semana pasada las charangas de las celebraciones privadas, una medida que afecta principalmente a las despedidas de soltero. En Málaga, el asunto permanece en el limbo administrativo, sin una regulación propia que acote los límites entre la fiesta y la ofensa.

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