Crece el riesgo de inundaciones en Málaga por factores humanos y derivados del cambio climático

Inundaciones del pasado mes de diciembre en Málaga . / Fernando González

La capital es la zona con más afectación, seguida de Marbella, Mijas, Vélez, Fuengirola, Torremolinos, Estepona y Rincón de la Victoria según un estudio de la Fundación MADECA

SUR

La provincia de Málaga sufre un creciente riesgo de inundaciones por una combinación de factores naturales, humanos y por los efectos derivados del cambio climático. Es la principal conclusión que se extrae del Estudio del Riesgo de Inundaciones que ha realizado la Fundación MADECA, dependiente de la Diputación de Málaga.

Así lo ha dado a conocer el diputado y presidente de MADECA, Jacobo Florido, acompañado del director de la fundación, Francisco García. El estudio se centra en las zonas de la provincia de Málaga en las que se ha identificado una mayor incidencia de episodios de inundaciones, sobre todo en el litoral, según el Plan Hidrológico de la Demarcación Hidrológica de las Cuencas Mediterráneas Andaluzas y estudios recientes de la Universidad de Málaga.

Así, por municipios y habitantes, Málaga capital es la zona con más afectación, seguida de Marbella, Mijas, Vélez, Fuengirola, Torremolinos, Estepona y Rincón de la Victoria. El total de la población concernida alcanza 1.122.370 personas. El estudio realiza un mapeo, descripción y análisis legislativo y metodológico de las fórmulas para gestionar el riesgo de inundaciones, así como elabora recomendaciones y propuestas de mejora, según ha explicado el presidente de MADECA y diputado de Desarrollo Económico y Productivo, Jacobo Florido.

Condiciones naturales y ocupación humana

En la provincia de Málaga, las principales causas de inundaciones se centran en las condiciones naturales del territorio, pero sobre todo en la ocupación antrópica de riadas naturales y cauces de ríos en su zona de inundación, fundamentalmente por desarrollos urbanísticos y modelos de agricultura de regadío.

“Las regiones costeras mediterráneas han desarrollado un modelo de ocupación del territorio muy intensivo, propiciando situaciones de exposición y vulnerabilidad frente a la inundación, que desembocan con frecuencia en catástrofes, y Málaga no es una excepción”, ha explicado Florido. En este sentido el estudio de MADECA recomienda tener en cuenta que el entorno urbano y las zonas alteradas por la actividad humana reducen o anulan su capacidad natural de infiltración, que es sustituida por la red de drenaje artificial.

La provincia de Málaga es propensa a las inundaciones desde el punto de vista natural por su relieve muy accidentado y con fuertes desniveles; por la deforestación en las cabeceras de las cuencas; por el régimen de precipitaciones extremas, y por la morfología de los cauces y valles fluviales, que propician la generación de avenidas súbitas cargadas de sedimentos y de enorme poder destructivo.

Así, en la zona litoral de la provincia, la capacidad de infiltración es media en Málaga capital y Estepona; baja en Mijas; y muy baja en Marbella, Fuengirola, Torremolinos, Rincón de la Victoria, Vélez Málaga y Nerja.

Peligro, riesgo y vulnerabilidad

Florido ha explicado que el estudio de MADECA analiza tres factores principales como determinantes de la inundaciones en la provincia de Málaga: el peligro, el riesgo y la vulnerabilidad.

“El peligro es la ocurrencia de circunstancias naturales climáticas, meteorológicas u orográficas; el riesgo, un factor que condiciona negativamente la integridad humana y provoca impactos económicos, sociales o medioambientales; y la vulnerabilidad son las circunstancias de una comunidad que la hacen susceptible a los efectos dañinos de una amenaza”, ha detallado. Estos tres factores se combinan de la siguiente manera: frente al peligro de inundaciones, el riesgo es muy diferente según el grado de vulnerabilidad, que depende del tipo de ocupación del espacio y el modelo de ordenación territorial.

“Cada vez que llueve con intensidad, vemos inundaciones en Marbella, Rincón de la Victoria o Málaga capital, sobre todo en las zonas adyacentes a la desembocadura del Guadalhorce”, ha añadido el diputado.

El cambio climático, un agravante

Los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) señalan un incremento de la frecuencia e intensidad de las inundaciones y estiman que la contribución del cambio climático a los costes económicos ocasionados por los desastres naturales aumentará en el futuro por su mayor intensidad y frecuencia.

En la provincia de Málaga, este Estudio del Riesgo de Inundaciones identifica una zona centro-oriental de mayor aridez y una occidental con un aumento pluviométrico, considerando como umbral de referencia el Guadalhorce. Se prevé que las precipitaciones sean más intensas y, por tanto, más erosivas.

A esto se une la sucesión de rachas secas, de indudables efectos en el contenido de agua útil del suelo y en la vegetación. Ello puede producir una reducción de la biomasa y afloramiento de suelos desnudos, lo que favorece los procesos de salpicadura, escorrentía y erosión, que aumentan el riesgo de inundaciones.

Los datos analizados en el estudio demuestran que en los últimos 20 años la frecuencia de avenidas e inundaciones ha aumentado, en especial en la franja litoral, siendo destacables las del Bajo Guadalhorce en 1989, y posteriormente el lluvioso periodo 1996-1998, así como las de Rincón de la Victoria en 2004.

Finalmente, a finales de septiembre de 2012 y en diciembre del 2016, lluvias torrenciales que llegaron a acumular localmente hasta más de 200 litros por metro cuadrado en pocas horas provocaron dañinas riadas en el valle del Guadalhorce.

Las inundaciones se han dado con una periodicidad de siete años aproximadamente entre 1989-2012, y la más reciente en 2016, lo que indica el acortamiento a cuatro años en la periodicidad poniendo de manifiesto los principales efectos del cambio climático en la provincia.

Déficit de legislación marco

El estudio también destaca que en los últimos 25 años han proliferado las normativas de planificación, prevención, actuación y rehabilitación en virtud de los marcos competenciales de las diferentes administraciones. Florido ha resaltado que son once en total, de las que cuatro son europeas, cinco estatales y dos autonómicas, todas ellas aprobadas entre 2001 y 2017.

Sin embargo, el estudio de MADECA detecta un déficit de legislación marco sobre riesgos naturales en Andalucía, donde la Ley de Aguas y la Ley de Gestión de Emergencias cubren aspectos diferentes, aunque complementarios, de una catástrofe por inundaciones.

“Este hecho es incomprensible e implica una falta de visión y gestión del riesgo natural como un conjunto, ya que de una catástrofe natural suelen surgir otras, como por ejemplo tras un incendio se puede dar una inundación, lo que agrava las consecuencias”, ha resaltado Florido.

Asimismo, el estudio indica que es necesaria la revisión y adaptación de los actuales planes generales de ordenación urbana (PGOU) en materia de inundaciones de los municipios objeto del estudio a excepción de Fuengirola, que incorpora en su plan general toda la normativa.

Propuestas de mejora

Por último, el estudio aporta unas recomendaciones y propuestas de mejora para la prevención, planificación, gestión y reconstrucción en caso de catástrofe natural. Entre ellas, Florido ha resaltado las actuaciones hidráulicas en la red de drenaje, limpieza y mantenimiento de la cubierta vegetal, una labor de divulgación y pedagogía hacia la población o mejorar la educación medioambiental.

En este sentido, es fundamental fomentar la aplicación de las obligaciones de las diferentes administraciones competentes en conservación y mantenimiento de los cauces de los arroyos y ríos, así como consolidar un sistema de revisión y mantenimiento adecuado de los cauces fluviales.

En lo que se refiere a las medidas en las cuencas, el estudio de MADECA propone la restauración hidrológico-forestal y ordenaciones agrohidrológicas; la restauración fluvial, incluyendo medidas de retención natural del agua y reforestación de riberas; y el tendido de taludes y pequeños refuerzos estructurales que estabilicen las zonas erosivas próximas a infraestructuras.

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