Los catalanes en Málaga se ‘mojan’

Más de 18.000 ciudadanos nacidos en Cataluña están empadronados en la provincia. Siete de ellos toman la palabra y expresan cómo ven –y sufren– desde la distancia el conflicto político y social originado por el referéndum independentista

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

El «tema catalán» es simplemente «el tema» para ellos. Están hartos; cansados –más incluso de lo que lo estamos los ciudadanos del resto de España– de que su tierra encabece el telediario día tras día por el mismo motivo. No es un asunto sobre el que les guste hablar, sobre todo cuando alguien nada más conocerles les conmina a posicionarse sobre un tema tan complejo y cargado de matices sentimentales. Porque cuando se habla de «los independentistas» ellos no ven una masa anónima agitando esteladas, sino a amigos o familiares con los que puede que no estén de acuerdo, pero a los que no van a dejar de querer. Así es como se sienten mayoritariamente los catalanes afincados en Málaga, al menos si admitimos como muestra representativa a los siete hombres y mujeres que han accedido a hablar a tumba abierta para este reportaje.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, 18.554 catalanes de nacimiento están empadronados en la provincia de Málaga. Son menos de la mitad de los 53.000 malagueños que viven en Cataluña, pero no son pocos. Unos vinieron por amor, otros por trabajo o negocios y también hay quien acompañó a sus padres en el camino de vuelta de la emigración. Lo que comparten todos es su cariño hacia su tierra de adopción, con la que no escatiman elogios. Algunos, de hecho, ya se sienten tan malagueños como catalanes. Pese a que la mayoría ha soportado alguna vez un comentario o gesto desagradable hacia su origen, le restan importancia y destacan el carácter acogedor de los malagueños.

Andalucía-Cataluña: unas relaciones comerciales fructíferas

Están en extremos contrarios de la Península, pero Andalucía y Cataluña mantienen fructíferas relaciones comerciales. Las ventas de empresas de la región hacia Cataluña representaron en 2014 (último año completo disponible) un valor de 3.744 millones de euros, lo que equivale al 2,6% del PIB andaluz. Las compras de productos catalanes alcanzaron 2.884 millones, lo que supone que Andalucía tiene un saldo comercial positivo de 860 millones. Respecto al turismo, Respecto al turismo, los catalanes suponen el 10% de todos los visitantes españoles que llegan a Andalucía: 560.000 el año pasado. En sentido inverso, 320.000 andaluces visitaron Cataluña, lo que supone el 4,3% del turismo nacional en Cataluña.

¿Cómo puede afectar el pulso soberanista? El presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), Javier González de Lara, explica que ni siquiera los mercados, con lo sensibles que son, están haciendo ningún tipo de movimiento que evidencie preocupación. Sin embargo, «es obvio que es un factor perjudicial porque la incertidumbre es el peor enemigo de la economía y este ‘procés’ lo único que hace es aportar incertidumbre a la economía catalana y española», apunta. «Y huelga decir que Cataluña es la más perjudicada. Muchas compañías están retrasando sus inversiones allí, ha caído la creación de empresas y hay cierta fuga de capitales», apunta.

¿Qué opinan estos catalanes malagueños, o malagueños catalanes, del referéndum del 1-O y de la respuesta que se le está dando desde el Estado? Ninguno se declara independentista pero la mayoría, con diferentes grados y matices, sí son favorables a una consulta pactada y legal sobre la autodeterminación y ven el diálogo como el único camino para empezar a deshacer un entuerto que, en su opinión, ha sido alimentado a conveniencia de los políticos. Pero si hubiera que buscar un denominador común en su percepción de la situación actual sería su profunda tristeza ante la división que el pulso secesionista está creando en la sociedad catalana.

«Los independentistas están dividiendo al pueblo catalán»

Sara Gili Gatius 42 años. Directora ejecutiva de Plumágica Grupo Editorial. 11 años viviendo en Málaga

«Estoy enamorada de Málaga y muy orgullosa de ser catalana, pero también me considero muy española. Me encanta España en su totalidad, sin desechar ningún rinconcito; me parece el mejor lugar del mundo para vivir». Con esta presentación es fácil deducir lo poco que se identifica Sara Gili Gatius con la causa independentista. «Soy totalmente contraria. No puede ser que España se parta en cachitos porque hoy es Cataluña, mañana el País Vasco y luego ¿qué?...».

Esta empresaria de 42 años, que lleva 11 viviendo en la Costa del Sol y tiene marido e hija malagueños, está convencida de que en Cataluña «hay más gente en contra que a favor de la independencia, pero no se les ve porque hay miedo a ser señalado, sobre todo en los pueblos». El conflicto originado por el pulso secesionista lo está viviendo «con mucha tristeza» al ver «cómo están rompiendo y dividiendo al pueblo catalán». Cree que el referéndum del 1 de octubre es «sencillamente ilegal» y tampoco es partidaria de buscar una consulta pactada porque «los independentistas le darían la vuelta al resultado».

Del mismo modo que rechaza las tesis independentistas, Sara también lamenta que se esté extendiendo el odio hacia lo catalán en el resto de España. «Me da pena decirlo, pero cuando me preguntan de dónde soy digo que del Norte. He sufrido comentarios muy desagradables», asegura. Y concluye con esta reflexión: «Yo quitaría todas las banderas y todas las fronteras. Los peores crímenes se han hecho por banderas».

«Los intereses políticos de unos y otros son lo que nos han traído aquí»

Xavier Casademont, 55 años. Entrenador de la Federación andaluza de natación. 30 años viviendo en Málaga

Xavier –o Xavi, como le conocen sus nadadores y sus compañeros en el centro malagueño de tecnificación de la Federación Andaluza de Natación– reconoce que nunca habla del «tema catalán» porque «genera malestar». Pero la gravedad de la situación actual le empuja a dar su opinión para este reportaje. Y es una opinión muy crítica tanto con los políticos independentistas como con el Gobierno central. «Lo único que han conseguido los políticos de uno y otro lado es dividir a la sociedad catalana. Son los intereses políticos los que nos han traído hasta aquí: el interés de unos por agitar la causa independentista y el de los otros por mostrar una posición dura e intransigente con miras electorales. Cada uno actúa para su parroquia», reflexiona el entrenador de la Federación Andaluza de Natación, que llegó a Málaga hace treinta años como nadador becado y ha construido su vida aquí. «Gerona es mi tierra y Málaga es mi casa», resume.

La natación malagueña y andaluza no estaría alcanzando tantos éxitos sin la labor discreta y excelente de este gerundense de 55 años, que se declara «cero independentista» y contrario al referéndum del 1-O, que se ha convocado «ilegalmente y a las bravas». Sí cree, sin embargo, que para empezar a buscarle solución al problema catalán debería hacerse una consulta «para saber qué fuerza real tiene la independencia». Aunque con los interlocutores actuales, opina, va a ser «muy complicado porque están enrocados en sus posturas».

«Tengo miedo de lo que pueda pasar en la calle»

Marta Domènech 44 años. Interiorista. 19 años en Málaga

El primer día que Marta dio su opinión sobre el «tema catalán» en el grupo de WhatsApp que comparte con sus amigas de Barcelona fue este miércoles, cuando se desató la operación policial para desbaratar el referéndum del 1-O y el independentismo se echó a la calle. «No solía hablar. No me gusta la política y, además, los que no estamos de acuerdo con la independencia tendemos a callarnos», reconoce. Pero la situación es «tan límite» que ya no se reprime. «Estoy muy triste. Las familias, los grupos de amigos, están divididos, cada vez hay más tensión. Y no lo quiero ni decir, pero tengo miedo de lo que pueda pasar en la calle».

Domènech es interiorista y lleva 19 años en Málaga, una ciudad a la que está «muy agradecida» porque aquí ha podido realizarse profesionalmente y formar una familia. Y opina que lo que ha provocado el «desmadre» actual es la falta de diálogo «por ambas partes». «El Gobierno central debería haber entendido que hay un sentimiento nacionalista en una parte de la sociedad catalana que es real, está ahí y ahí va a seguir, y tendría que haber buscado la forma de canalizarlo. Y si hablamos de la otra parte... saltarse la ley es lo último de lo último, aquí ya apaga y vámonos», apunta. Tristeza y estupor es lo que caracteriza su sentir estos días. «Los orgullos nos van a matar», sentencia.

«No soy independentista pero me gustaría que se pudiera votar»

Lola Álvarez 42 años. Administrativa contable. 10 años en Málaga

Lola se siente entre dos tierras. Nació y vivió en Barcelona hasta hace diez años, cuando un traslado laboral de su pareja les obligó a mudarse a Estepona. Tiene familia catalana y andaluza; tuvo un hijo allí y otro ha nacido aquí. Se siente orgullosa de su tierra, pero también «una andaluza más». Dualidades que acepta como algo natural y enriquecedor. Lo que no lleva nada bien es la división que observa entre sus familiares y amigos. «En la distancia se vive con mucha angustia», confiesa. Suele evitar decir que es catalana porque «en seguida te obligan a posicionarte y yo no estoy en ninguno de los dos lados». «Me siento catalana pero no soy partidaria de la independencia. También somos parte de España, se pongan como se pongan», advierte. «Los dos bandos tienen parte de razón y poca voluntad de ponerse de acuerdo», reflexiona, para a continuación declararse partidaria del derecho a decidir. «Me gustaría que se pudiera votar. Luego ya la independencia vendrá o no vendrá, porque el camino es muy largo, pero primero que se escuche a la gente», apunta. Lola es pesimista sobre lo que ocurrirá tras el 1-O por la nula voluntad de diálogo de ambas partes. «No se augura nada bueno».

«Lo que están haciendo no beneficia a nadie»

Christian Orejuela 37 años. Empresario. 18 años en Málaga

Los padres de Christian son cordobeses y emigraron a Hospitalet de Llobregat. Él nació allí y allí vivió hasta los 14 años, cuando la familia decidió volverse a Andalucía. «Justo cuando me venía empezaban a implantar en las escuelas el catalán como lengua obligatoria. Yo lo hablaba; ahora lo entiendo, pero no lo hablo», recuerda. Orejuela se considera «más andaluz que catalán» pero tiene allí familia, amigos y clientes, ya que la empresa de la que es socio y consejero delegado, Happybox, opera en Barcelona. «Creo que todo este intento de referéndum no beneficia a nadie. Se está crando un conflicto innecesario dentro de Cataluña, y entre Cataluña y el resto de España», afirma, recordando que muchas empresas «se están yendo de allí» y han surgido iniciativas llenas de rencor como el boicot a productos catalanes. «Yo creo que la unión hace la fuerza», apunta.

Orejuela cree, en definitiva que «se está yendo de las manos» y que habría que «sentarse a hablar». «Si queréis un referéndum, pues vamos a dialogar y a intentar acordar cómo y cuándo», apunta. El empresario cree que la consulta del 1-O no se celebrará porque «el Estado no dejará que se consume una actividad ilegal» y confía en que el día después las dos partes quieran sentarse a dialogar de una vez.

«Es una cuerda que se tensa por los dos lados»

Núria González 42 años. Directora comercial de Mangoa Catering. 24 años en Málaga

Lleva más tiempo aquí que allí, pero no puede evitar emocionarse al hablar de la situación en Cataluña. «Me da mucha pena cada vez que leo las noticias. Y más sabiendo que es una situación forzada políticamente, por ambas partes», afirma. Núria González se mudó a Málaga con 18 años cuando trasladaron a su padre. Iba a ser algo temporal, pero se quedaron. «Fui a la Universidad, encontré trabajo, me casé con un malagueño, tuve un hijo... Y quiero mucho a Málaga», resume. Eso sí, vuelve cada año a a Cambrils, su pueblo de veraneo. De hecho, los atentados le pillaron allí. Núria añade algo sobre sus orígenes que resulta revelador sobre su forma de pensar: «Mis abuelos maternos son de Extremadura, mi abuela paterna de Burgos y mi abuelo paterno catalán. Los que son de fuera emigraron a Cataluña como tantos otros españoles en tiempos difíciles, llegaron muy jóvenes a una tierra que los acogió, trabajaron, formaron una familia, amaron su tierra adoptiva y vivieron allí hasta el final de sus días. Me siento muy orgullosa de mis orígenes, de todos ellos», reivindica.

González defiende que Cataluña siempre ha sido una tierra «pacífica y de convivencia» y cree que son los políticos los que la han llevado a este punto de no retorno. «Es una cuerda que se va tensando por los dos lados», apunta. «Cuando vivía en Barcelona había muy poquitos independentistas. Ahora mucha gente que conozco se ha decantado hacia ese lado, y es gente culta y que ha viajado. Creo que lo que les ha llevado a eso, más que un sentimiento antiespañol, es que se han sentido maltratados por el Gobierno central», argumenta. Por eso opina que si la cuestión catalana se hubiera gestionado de otra manera «no habríamos llegado a esta situación». Sobre el referéndum afirma que está «a favor de la libertad de expresión, pero lógicamente en un contexto democrático y regulado». «Se puede escuchar la opinión de las personas, pero no como se está haciendo. Además, habría que preguntar también al resto de españoles cómo ven este tema».

«Deberíamos estar más unidos que nunca»

Francesc 43 años. Jefe de sala en un hotel de la costa. 2 años en Málaga

Prefiere no decir su apellido ni el hotel donde trabaja. Así puede opinar más libremente, explica. Este hijo de extremeños nacido en un pueblo del Pirineo se considera catalán pero no ignora sus raíces: «Por mis venas corre sangre ‘bellotera’, mi mujer es sevillana y mi hija va a nacer en Málaga». Sin embargo, puede «llegar a entender» a los independentistas porque se ha «criado con ellos». Lo que le da «risa y pena a la vez» es el odio que algunos muestran hacia España «cuando su apellido es Pérez o Sánchez». Desprecio que él ha sufrido en sentido contrario: «Un cliente me dijo que no quería que le sirviera por ser catalán». Respecto a la independencia se muestra esquivo: «Sólo mi familia sabe lo que votaría». Sí defiende la necesidad de un plebiscito. «Se despejarían dudas; no tengo nada claro que saliera el sí». Pero advierte: «La manera de convocar este referéndum no me ha gustado. No es una consulta con garantías». Además, considera «lamentable» la división que crece entre los catalanes «cuando deberíamos estar más unidos que nunca».

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