De ahorrar para comprar una casa a hacerlo para vivir

De ahorrar para comprar una casa a hacerlo para vivir

La población malagueña menor de 30 años, resignada a retrasar ‘sine die’ su emancipación

Agustín Peláez
AGUSTÍN PELÁEZ

La población juvenil sigue siendo una de las grandes víctimas de la crisis económica. Los motivos son la alta tasa de desempleo, el trabajo precario, los contratos temporales y los bajos salarios. Todas estas circunstancias están condicionando su recorrido vital. Las dificultades para encontrar un empleo estable y bien remunerado hace tiempo que les ha obligado a tener que retrasar su emancipación ‘sine die’. De acuerdo con los datos del ‘Observatorio de emancipación de Andalucía 2016’, sólo el 15 de cada 100 malagueños entre 16 y 29 años han podido independizarse y abandonar el hogar paterno (ver SUR de 26-07-2017). También está retrasando la paternidad y la maternidad entre los jóvenes, a la vez que está incidiendo en un aumento de los hogares sin hijos y unipersonales.

La mayoría no llegan ni a «mileuristas», por lo que pensar en establecerse por su cuenta y vivir de manera independiente se les presenta como un imposible. Para muchos jóvenes, eso está suponiendo una gran frustración, ya que han renunciado a algunos sueños que marcaron la vida de sus progenitores, como ahorrar para comprar una vivienda en propiedad y formar una familia, para fijarse como objetivo ahorrar para poder vivir.

No quieren ser una carga para sus padres, pero no pueden dar el paso conscientes de que se verían obligados a tener que volver. El riesgo de fracasar en el intento y tener que regresar a los pocos meses al hogar familiar les retiene, a pesar de contar con pareja algunos.

Aún así, para soñar con alquilar un piso y mantenerse tendrían que ganar el doble de lo que perciben. En el caso de la provincia, el Observatorio de Emancipación de Andalucía señala que un joven malagueño tendría que destinar el 81% de sus ingresos mensuales a pagar el alquiler.

Según el portal www.pisos.com, el alquiler residencial en las grandes capitales, ya sea compartido o no, se ha encarecido en los últimos años. El principal motivo es que «la oferta disponible se ha reducido, mientras que la demanda sigue ampliándose». Otra razón el auge del alquiler turístico y a la falta de ahorro y solvencia que todavía afecta a los ciudadanos, que «no pueden permitirse comprar o alquilar en solitario en según qué zonas porque sus sueldos no dan más de sí».

Con los precios de la vivienda de alquiler que hay en Málaga, -635 euros al mes, según refleja el ‘Observatorio de emancipación’, que extrae los precios del portal inmobiliario Idealista.com-, un joven malagueño tendría que destinar el 81% de sus ingresos mensuales a pagar el alquiler.

Ana trabaja haciendo una sustitución en el Civil
Ana trabaja haciendo una sustitución en el Civil / Fernando González
Ana Almera. Enfermera. 24 años. «Quería vivir por mi cuenta a los 26, pero tal y como está la cosa, no lo creo»

Ana Almera es la menor de tres hermanas. A sus 24 años se ve obligada a tener que seguir permaneciendo en la vivienda familiar con sus padres, y ello a pesar de que hace un año que terminó sus estudios de Enfermería en Ronda. Lleva desde marzo estudiando las oposiciones para Enfermería Interna Residente con el objetivo de hacer la especialidad de matrona. Hace unos días tuvo la suerte de que la llamaran desde el SAS para un contrato de cinco días para cubrir una baja. La fortuna le ha sonreído y han prolongado su contrato hasta el 31 de agosto.

Se inscribió en la bolsa de empleo del SAS pensando que no le llamarían. «Se nota que mucha gente se ha ido a trabajar fuera y la bolsa se ha quedado a cero. Por eso me han llamado y la sanidad pública empieza a tirar de los recién terminados», explica.

Como profesional de la enfermería es la primera vez que trabaja en la sanidad pública, pero señala que «no son contratos fáciles, porque son de pocos días y hay que hacer en ocasiones turnos de hasta 17 horas seguidas», afirma.

Almera desconoce qué salario tendrá porque todavía no ha cobrado, aunque sabe que las horas son a 10 euros y a 20 los sábados y domingo.

Aunque le apetece independizarse, afirma que sin estabilidad laboral es «imposible». «Tengo 24 años y me había hecho a la idea de vivir por mi cuenta a los 26, pero tal y como está la cosa la emancipación no es algo que de momento forme parte de mis planes más inmediatos. Sólo espero que con lo que cobre con este contrato pueda comprarme un coche de segunda mano, aunque no se si será posible», declara.

Como enfermera espera poder aprobar las oposiciones para realizar el EIR. «Así, si me sale lo de matrona, que son dos años, podré trabajar y tener un sueldo fijo bruto de 1.200 euros», señala.

Ainhoa Hidalgo.
Ainhoa Hidalgo. / SUR

Ainhoa Hidalgo. 23 años. Universitaria. «Lo tenemos muy difícil con empleos temporales de meses y por horas»

Ainhoa trabaja y estudia desde los 18 años. Actualmente tiene 23 y ha pasado ya por muchos trabajos precarios y siempre temporales. Este verano tiene la suerte de tener hasta tres empleos -de dependienta durante de día, camarera de noche y en una ONG-, lo que le obliga a trabajar hasta 16 horas en un día. Gracias a ello espera contar este mes de julio con unos ingresos aproximados de unos 2.000 euros. En invierno apenas gana unos 400 euros. Su objetivo es ahorrar para terminar la carrera de Publicidad en Barcelona. «Los jóvenes lo tenemos muy difícil. Sólo nos ofrecen trabajos temporales y eso no da seguridad para pagar un piso. Este mes podría alquilar algo, pero en septiembre no sé».

Ángel es estudiante de Comunicación Audiovisual.
Ángel es estudiante de Comunicación Audiovisual. / SUR

Ángel Narváez. Universitario, 23 años. «Vivo a corto plazo pensando en subsistir y sin poder planificar nada con mi pareja»

«Mi deseo hubiera sido tener un piso propio en el que vivir, pero es algo que no puedo permitir ni siquiera soñar». Quien lo dice es Ángel Narváez. Tiene 23 años. Vive en la capital y ha cursado un ciclo superior de imagen y está estudiando Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga (UMA). Como otros muchos jóvenes malagueños vive con sus padres porque sólo ha tenido sueldos de media jornada. «Nunca he trabajado a jornada completa y no puedo permitirme vivir por mi cuenta», asegura resignado.

Aunque tiene un beca del Ministerio de Educación de 800 euros, le resulta insuficiente para pagarse sus estudios. «Independizarme es algo imposible para mí en estos momentos, por lo que mi objetivo inmediato es seguir estudiando y compatibilizarlo con trabajos temporales y precarios. Vivo a corto plazo pensando en poder subsistir porque sin trabajo estable mi pareja y yo no podemos planificar nada», declara.

Para este joven malagueño, el futuro no es esperanzador «por mucho que nos digan que estamos saliendo de la crisis».

Ángel considera que los jóvenes deben movilizarse y exigir mejoras laborales y salariales. «La principal dificultad con la que me encuentro cuando voy a buscar trabajo en lo mío –la comunicación audiovisual–, es la falta de experiencia. Siempre nos exigen experiencia, pero la espiral es constante. No podemos adquirir experiencia si no nos contratan. Por eso me veo obligado a la precariedad y a aceptar trabajos que no requieren ninguna cualificación», lamenta.

Narváez ha trabajado dando clases particulares, como promotor de telefonía e incluso para una conocida ONG captando recursos por el que sólo llegó a cobrar 450 euros al mes. «Es lo máximo que he llegado a cobrar y con ese dinero no se puede ir a ninguna parte».

Francisco Manuel Capote, junto a su novia Natalia .
Francisco Manuel Capote, junto a su novia Natalia . / SUR

Francisco Manuel Capote Camarero. 22 años «Me han contratado un año y sólo ahora me planteo irme a vivir con mi novia»

Francisco Manuel Capote, Fran para los amigos, forma parte de ese 15% de menores de 30 años en la provincia que vive por su cuenta. En una semana se irá a vivir con su novia a un piso. Aunque ha ido encadenando contratos basura desde los 18 años, cuando terminó la Enseñanza Secundaria, sobre todo en el sector servicios y de manera casi continuada, nunca hasta ahora se había planteado esta posibilidad. «Nos lo hemos tomado en serio una vez que hemos logrado tener los dos un empleo más o menos estable. En mi caso trabajo de camarero, pero tengo un contrato anual, bien pagado, con vacaciones, pagas extra..., que eso lo que se supone que debe tener una relación laboral y que nos sorprende. Sin embargo, es la primera vez en cuatro años que trabajo a jornada completa», explica.

Su salario es de 1.050 euros mensuales. Junto con su novia, Natalia, que es monitora infantil, ha logrado encontrar un piso por el que pagarán un alquiler de 350 euros mensuales. «Antes cuando ganaba más dinero como camarero era en los chiringuitos y en los dos meses de verano. Trabajaba entre 10 y 12 horas diarias y sin descanso. Sin embargo, no me planteaba dejar la casa de mi madre, donde vivo con dos hermanas y un sobrino, porque no sabía si en septiembre, finalizada la temporada estival, iba a seguir con contrato. No me atrevía a irme de alquiler sin tener la garantía de poder continuar en el trabajo», señala.

Para Fran, ahora es el momento perfecto. «Hasta ahora sólo me habían hecho contratos basura. En cambio ahora se que tengo por delante un año de tranquilidad y con todos sus derechos laborales. Mi suerte es que mi novia también trabaja y hemos encontrado una vivienda en alquiler a un precio bastante asumible, que cumple además el requisito que me ha impuesto su madre: que esté cerca de su casa», declara.

Mónica Valverde. Psicóloga, 29 años. «Necesito dos trabajos para poder vivir por mi cuenta»

Hace cinco años, en plena crisis económica, Mónica Valverde, psicóloga de profesión, tuvo la suerte de poder emanciparse. Tenía 24 años. Pero para ello se ve obligada a tener que ser pluriempleada. Trabaja en una empresa de formación y en un gabinete privado de psicología. «Necesito los dos trabajos, ya que de lo contrario no podría vivir por mi cuenta. El centro de formación me da un sueldo fijo, pero la psicología es inestable. Sin uno de los dos no podría pagar la colegiación, el piso y todo lo que conlleva vivir por tu cuenta», declara.

A sus 29 años, Mónica lamenta que todavía hoy no haya podido dar el salto a psicología y vivir sólo y exclusivamente de su profesión. Como psicóloga reconoce que ha habido unos años en los que muchos jóvenes han acudido a su gabinete «desesperados por las dificultades para independizarse. Muchos han finalizado sus estudios y llevan años viviendo con sus padres», señala.

«Me pagan 3,5 euros la hora como camarero y sin contrato»

Santiago no quiere dar su verdadera identidad porque trabaja sin contrato y teme que lo despidan si se conoce su nombre real. Tiene 19 años. Es natural de Sevilla, pero reside en Málaga donde estudia Ciencias de la Comunicación. Vive con su hermano en una habitación alquilada por la que pagan unos 300 euros al mes, que es propiedad de un amigo. Es lo más económico que han podido encontrar. Sin la ayuda de su hermano no podría continuar en Málaga. Aunque espera que le concedan una beca el próximo año. «Me ha ido muy bien, pero una vez acabado el curso no he tenido más remedio que buscar trabajo para ahorrar y poder costearme la carrera. Mis padres me ayudan en lo que pueden, pero no pueden hacerse cargo de todo», explica.

Desde hace un mes trabaja en un restaurante como camarero, pero sin contrato. «Me ofrecieron un contrato de una hora y les pedí que me aseguran por todas las horas que trabajo al día. Ha pasado un mes y todavía estoy esperando para firmarlo», señala. Según asegura, le pagan entre 3,50 y 3,80 euros la hora, por lo que su salario por un día de trabajo no supera los 20 euros. «Casi ni para mantenerme. La suerte es que cuento con la ayuda de mi hermano y mis padres, que me traen algún que otro ‘túper’ con comida, porque en el restaurante no podemos comer ni beber nada», afirma. Sabe que el trabajo no puede ser más precario, pero continúa porque lo necesita. «Estoy buscando algo mejor, pero no es fácil. Si quiero ahorrar para el próximo curso y poder pagarme la estancia en Málaga tengo que trabajar porque no quiero ser una carga para mis padre», declara.

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