Diario Sur

Identifican a 23 víctimas del entrenador de fútbol base malagueño acusado de abusos sexuales

El técnico llevaba más de 20 años en los banquillos.
El técnico llevaba más de 20 años en los banquillos. / SUR
  • El sospechoso, un histórico, también habría intercambiado fotos íntimas con algunos de los denunciantes

El escándalo saltó a los medios el pasado mes de diciembre. J. C. C. F., un histórico del fútbol base malagueño, fue detenido por la policía acusado de abusos a un menor y de intercambiar imágenes de contenido sexual con otros cinco. El entrenador, de 44 años, casado y con hijos, ingresó en prisión –donde continúa– por estos hechos.

La investigación, sin embargo, no se quedó ahí. Los agentes del Grupo de Menores (Grume) de la Policía Nacional, y la propia jueza que instruye el caso, tenían la sospecha de que podía haber más víctimas, sobre todo teniendo en cuenta que J. C. C. F. llevaba más de 20 años ejerciendo como entrenador, principalmente en categorías inferiores, y había pasado por numerosos clubes de la provincia.

Cuatro meses después de su detención, los investigadores han identificado ya a 23 posibles víctimas del acusado, según ha podido saber SUR. No en vano, los agentes han tomado declaración a los dirigentes de todos los clubes que había entrenado el sospechoso, que es técnico de III nivel (titulación que le permite dirigir a equipos de cualquier categoría nacional o internacional).

J. C. C. F. entrenó, entre otros, a la Olímpica Victoriana, el Puerto Malagueño, el Rincón de la Victoria o incluso el Málaga, donde estuvo entre los años 2012 y 2014, aproximadamente. En el conjunto blanquiazul empezó como segundo entrenador de los alevines para, después, pasar a ser primer técnico de los cadetes y posteriormente del juvenil. Luego volvió al cadete, aunque por poco tiempo, ya que el club prescindió de sus servicios. Llegó a dirigir al Antequera en Tercera División, aunque no tardó en ser destituido.

Aunque tras su detención manifestó que ya no participaba en estas actividades deportivas, la policía comprobó que desde el 7 de octubre del año pasado era el responsable del material en el equipo de primera andaluza cadete en el Alhaurín de la Torre. Pese a que en esos momentos ya no se sentaba en los banquillos, seguía siendo muy conocido y tenía muchos amigos en el mundo del fútbol, donde, según las fuentes consultadas, estaba considerado un buen entrenador. Al menos, en lo deportivo.

Tras peinar todos los clubes donde trabajó, y sobre todo a raíz de la enorme repercusión que tuvo su arresto, empezaron a aflorar nuevos casos. Las víctimas tenían entre 11 y 17 años cuando sucedieron los hechos, por lo que la mayoría siguen siendo menores de edad. Casi todos han asegurado haber mantenido conversaciones a través de WhatsApp con el sospechoso, quien en unos casos les habría enviado vídeos pornográficos de adultos y, en otros, les habría mandado fotos de sus genitales solicitándoles que ellos hicieran lo mismo. Los investigadores están convencidos de que ellos habrían accedido a sus pretensiones por temor a que, si se negaban, repercutiera negativamente en sus carreras futbolísticas y el técnico los dejaran sentados en el banquillo. Y que guardaron silencio por una mezcla de miedo y vergüenza.

Algunos de los menores identificados ahora han manifestado que J. C. C. F. les habría realizado proposiciones, como acompañarles a un lugar apartado o «ir de putas», aunque ellos no accedieron. Sólo una de las víctimas, cuya declaración permitió a la policía destapar el caso, sí describió actos sexuales concretos que habrían tenido lugar en los últimos años. Su testimonio surgió por una casualidad. El joven tuvo un incidente y sus padres, como castigo, le retiraron el teléfono móvil. Los progenitores decidieron examinar sus chat de WhatsApp en busca de una explicación a ese mal comportamiento y descubrieron las conversaciones que mantenía con un exentrenador, quien al parecer las orientaba siempre hacia el tema sexual. Al leer lo que escribía a su hijo, los padres acudieron al Grume para denunciar los hechos.

En viajes del equipo

En comisaría, la víctima detalló dos episodios sexuales ocurridos en desplazamientos con su equipo que se habrían producido cuando ésta tenía 12 años y, por tanto, no había alcanzado aún la edad mínima para el consentimiento en las relaciones sexuales, que entonces era de 13 años (la última reforma del Código Penal la elevó a 16). Los supuestos abusos se habrían producido en un autobús en un viaje para disputar un partido y, posteriormente, en un bungaló durante una concentración deportiva.

Años más tarde, según relató a los agentes, el acusado habría vuelto a ponerse en contacto con él y, al parecer, se produjo un nuevo encuentro de carácter sexual, de ahí que la titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Málaga lo enviara a prisión por un delito continuado de abusos a menores, además de por otro delito de provocación sexual.