El Plan de Garantía Juvenil fracasa en el intento de rescatar a los 'ninis'

En la imagen, un grupo de alumnos de la Escuela de Segunda Oportunidad.
En la imagen, un grupo de alumnos de la Escuela de Segunda Oportunidad. / SUR
  • Hay 21.000 malagueños inscritos, que representan menos del 40% de los jóvenes que no estudian ni trabajan en la provincia, y las acciones de formación y orientación llegan a una ínfima parte de ellos

Quizá uno de los tópicos más extendidos de los que han surgido durante la crisis es el de los ‘ninis’: esos jóvenes que ni estudian, ni trabajan ni aspiran a hacerlo y cuya aspiración vital se reduce a seguir viviendo de sus padres el mayor tiempo posible. No son pocos los sociólogos y educadores que han señalado lo injusto y dañino que es este estereotipo, puesto que ni hay un único perfil ‘nini’ ni es cierto, al menos en la mayoría de los casos, que su inactividad sea voluntaria. En cualquier caso, es innegable la existencia de una gran bolsa de jóvenes instalados en el limbo de la falta de oportunidades. Según la OCDE, un 22,7% de la población española de entre 15 y 29 años no estudia ni trabaja; porcentaje que aplicado a la provincia de Málaga da como resultado unos 59.000 ‘ninis’.

Este colectivo representa una de la grandes preocupaciones de la Unión Europea, que en 2013 decidió destinar 6.400 millones de euros a ‘rescatarlos’ con un programa llamado Garantía Juvenil. Era un plan ambicioso, ya que su compromiso era ofrecer a los jóvenes una oferta de empleo, prácticas o formación en cuatro meses. En consonancia con su elevadísima tasa de desempleo juvenil, España tiene asignados 2.360 millones hasta 2018, a los que se sumará previsiblemente una asignación adicional de 900 millones de euros.

El año pasado Bruselas alertó del fracaso de esta iniciativa en España. En primer lugar, por los pocos jóvenes que se han inscrito: 446.000, de los que 21.000 corresponden a la provincia. Esto quiere decir que sólo un 35% de los ‘ninis’ malagueños se han apuntado. Un porcentaje que, con todo, es superior al nacional, que ronda el 27%. La falta de difusión y los requisitos que se establecieron en un principio para inscribirse (llevar un mes sin trabajar o cuatro sin recibir formación) explican en parte el escaso número de participantes.

¿Cómo les ha ido a los jóvenes que se han apuntado a este plan? Según la Comisión Europea, casi la mitad de los participantes seguían esperando una oferta laboral o formativa al cabo de los cuatro meses de inscribirse. Además, el 62% estaba otra vez sin empleo, prácticas o estudios seis meses después.

Este porcentaje probablemente sea bastante mayor en Málaga, donde las acciones formativas y de orientación para este colectivo han sido escasas hasta ahora. Por parte de la Junta puede citarse el Plan Emple@Joven, que generó 5.772 contratos temporales en 2016 en ayuntamientos de la provincia; y el llamado Bono de Empleo Joven, que es una ayuda para empresas que contraten a parados menores de 30 años. Esta última iniciativa no ha tenido el éxito esperado.

Falta formación

Los expertos en inserción laboral se quejan de que lo que más necesitan los ‘ninis’ es justamente lo que más escasea: formación; y más concretamente formación de carácter práctico que sirva «para motivarles y sacarles del sofá», explica Maite Monserrate, técnico de empleo de Cruz Roja en Málaga. La Junta ha tenido seis años paralizada la oferta de Formación Profesional para el Empleo (FPE), lo que quiere decir que no ha habido ni cursos gratuitos ni escuelas taller. Estas últimas, que eran instrumentos especialmente eficaces para rescatar a estos jóvenes de la inactividad, van a reanudarse este año, aunque con mucho menos presupuesto (de 53 millones sólo para Málaga se ha pasado a 49 para toda Andalucía). Y eso equivale a menos plazas. Los cursos de FPEtambién van a retomarse en los próximos meses.

Las únicas oportunidades de formación gratuita que han tenido hasta ahora los jóvenes inscritos en el Plan de Garantía Juvenil en Málaga han venido de la mano de la Cámara de Comercio, la Cruz Roja y algunos ayuntamientos . Lo que ocurre es que el alcance de estas acciones es limitado: entre todos pudieron rondar los 2.000 beneficiarios el año pasado. «Se quedan fuera tantos como entran», lamenta Maite Monserrate. Cruz Roja, por ejemplo, atiende a 160 jóvenes ‘ninis’ al año en Málaga capital en tres proyectos financiados con fondos europeos: dos de formación y uno de orientación laboral. Los primeros se desarrollan en colaboración con empresas como Carrefour, Burger King, Dunkin’ Coffee, Vodafone o Yoigo y combinan la formación teórica (que parte de competencias transversales como razonamiento matemático, cumplimiento de normas, autocontrol y habilidades de comunicación y sigue con competencias específicas) con prácticas en dichas compañías. La técnico destaca que el alto porcentaje de inserción laboral, que alcanza el 85% en algunos cursos. El tercero de sus proyectos, de orientación pura y dura, se centra en «ayudar a los chavales a ponerse las pilas y conseguir que encuentren trabajo o vuelvan a estudiar», explica Monserrate.

Por su parte, la Cámara de Comercio de Málaga, en colaboración con la Asociación Arrabal, atendió el año pasado a 1.638 jóvenes a través del Programa Integral de Cualificación y Empleo, financiado por el Fondo Social Europeo. De ellos, casi 1.400 recibieron orientación vocacional, unos 800 formación en inglés, empleabilidad y competencias digitales y 420 cursos específicos para poder trabajar como camareros, mozos de almacén, auxiliares administrativos, entre otros oficios. Su coordinadora, Mari Cruz Molina, calcula que una cuarta parte de estos chavales se han «reenganchado» al mercado laboral.

El Instituto Municipal para la Formación y el Empleo (IMFE) también ha puesto su granito de arena para «cubrir el vacío existente en materia de formación para el empleo de los más jóvenes, dejado por la ausencia de escuelas taller», explica su director, Enrique Nadales. se trata de la Escuela de Segunda Oportunidad, a la que han asistido desde el año pasado 165 alumnos que no terminaron la escolarización obligatoria y en su mayoría pertenecen a colectivos en riesgo de exclusión social. Se han organizado 11 cursos de 560 horas cada uno con prácticas profesionales: desde impresión en serigrafía hasta fontanería o montaje y mantenimiento de instalaciones eléctricas. «Este proyecto responde a la necesidad de buscar nuevas estrategias formativas destinadas a un colectivo tan vulnerable como son los jóvenes excluidos del sistema educativo y del mercado de trabajo», explica Nadales.

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