El único servicio público para víctimas de sectas atiende a medio centenar de personas en Marbella

José Miguel Cuevas, psicólogo y experto en sectas destructivas.
José Miguel Cuevas, psicólogo y experto en sectas destructivas. / Josele-Lanza -
  • El responsable de este departamento pionero en España y sustentado por el Ayuntamiento denuncia el riesgo en el que viven los afectados

En el seno del Programa de Adicciones que sostiene el Ayuntamiento de Marbella funciona un servicio pionero en el país en el que se presta auxilio a las personas que han caído en las redes de sectas destructivas. Se trata del único departamento de atención a víctimas de este tipo financiado al cien por cien por un organismo público en España. «Cuando hablamos de sectas destructivas nos referimos a grupos que dentro de su ámbito están generando un abuso psicológico, a través de unas técnicas abusivas y controvertidas que limitan la voluntad de aquellos que entran», afirma el psicólogo José Miguel Cuevas, vicepresidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico (AIIAP), responsable, asimismo, del servicio municipal de Marbella, donde en estos momentos hay abiertos 150 casos clínicos. De este volumen, sólo el 30%, lo que equivale a medio centenar de personas, son víctimas directas de las fauces de grupos coercitivos; el 70% restante son familiares de afectados.

Desde que entrara en funcionamiento el programa de atención para adeptos de sectas destructivas en 2004 los resultados obtenidos por el departamento han sido dispares, los casos de éxito se entrelazan con fracasos, al no haber podido ni siquiera entrar en contacto con la persona manipulada. De hecho, este doctor en Psicología, profesor de la Universidad de Málaga, subraya que uno de los objetivos de toda secta es conseguir que el adepto pierda el contacto con su medio. «En ocasiones llegan familiares con una situación de ruptura absoluta. Si tú no te hablas ya con tu familiar, si tu familiar te cuelga el teléfono cada vez que le llamas y piensa que eres el mismísimo diablo, nuestra capacidad de influencia es nula. En este caso lo único que podemos hacer es formar a las familias para que llegado un momento de vulnerabilidad puedan aprovecharlo. Hay que tener en cuenta que la situación de un adepto dentro de una secta es muy variable, y aunque sea una persona fanatizada completamente, fiel a la jerarquía y a la autoridad, en ocasiones pueden tener un momento de duda que hay que saber aprovechar para que abran los ojos», explica el vicepresidente de la AIIAP. En este sentido, refiere que tan importante es formar a la familia tanto en lo que tiene que hacer como en lo que no tiene que hacer, ya que determinadas acciones pueden contribuir a que una persona se enganche más al grupo.

Grupos de ‘frikis’ y sectas

El servicio, atendido por este psicólogo, con apoyo puntual de una médico y una trabajadora social, profesionales adscritos al Programa de Adicciones donde se engloba la terapia, ofrece tres modelos de atención. El primero de ellos está dirigido a personas que son conscientes de haber sido abusadas o haber recibido algún tipo de manipulación psicológica. En estos casos la víctima acude directamente y se le atiende para intentar normalizar su situación personal, familiar y psicológica. El segundo modelo de terapia va dirigido a las familias y el tercero a los adeptos que aún estando en las garras de la secta admiten un debate en torno a la pertenencia a su grupo. En este último caso Cuevas explica que el paciente no es consciente de haber sido manipulado pero se intenta generar en él la conciencia del problema que le causa su dependencia.

No es fácil que la víctima de una secta, que está adoctrinado para no cuestionar al grupo, se someta a este tipo de terapia; de ahí que el profesor lance un aviso a navegantes: «Si tu grupo de referencia es normal debe admitir la crítica». El psicólogo brinda esta máxima como punto de partida para empezar a discernir movimientos coercitivos de otros que son sólo grupos de ‘frikis’. Este profesor, autor de numerosos estudios y libros sobre la materia, subraya que no se cataloga a un movimiento como secta en función de su contenido, sino de sus prácticas coercitivas. «Un grupo de tipo religioso aparentemente normal puede ser mucho más ‘heavy’ que un grupo dedicado a Satán o a los extraterrestres, o al revés. Lo importante es si en ese grupo se desarrollan técnicas que anulen la voluntad de las personas», concreta.

Las prácticas más comunes

El especialista pone el acento sobre las prácticas comunes de las que se valen las sectas destructivas y afirma que durante los primeros días de tratamiento de un adepto, aún cuando tenga la conciencia de haber sido abusado, es normal que identifique a su padre, a su familiar, con el mismo diablo, afirme que nunca le ha querido o asegure, incluso, que ha pretendido matarle. El a, b, c de cualquier secta es , según este doctor en Psicología, romper los lazos familiares y sociales del discípulo para conseguir un «aislamiento brutal» de su entorno e incrementar la dependencia con el grupo. ¿Con qué objetivo? «El interés de una secta depende siempre de su líder», contesta Cuevas. Es raro el grupo que no tenga interés económico, aunque el especialista indica que hay sectas que no exigen cuotas monetarias pero sí un trabajo que supone una explotación laboral o sexual.

El trabajo que se desarrolla en la terapia es individualizado con cada víctima, pero como norma general el terapeuta intenta evitar la culpabilización, un sentimiento recurrente al comprobar la persona que durante ‘X’ tiempo, a veces décadas, su vida ha sido una mentira. «Recuerdo a una paciente que renovó su domicilio por completo porque decía que todo lo que había en él era un reflejo de su yo sectario: la ropa que llevaba, la decoración de la casa e incluso sus aficiones. Lo cambió todo para empezar a conocerse. Decía que no tenía claro cuáles eran sus verdaderos gustos y si lo que hacía, lo hacía porque era lo que esperaba de ella el grupo o si efectivamente lo hacía porque le gustaba», comenta. «La personalidad queda muy dañada –prosigue–, evidentemente contra más años, más. Y dentro del asesoramiento psicológico que prestamos lo que se intenta es evitar esa culpabilización tan tremenda que en ocasiones puede derivar, incluso, hasta en un suicidio. Pero el trabajo es también muy psicosocial para intentar que la persona vaya normalizando, vaya recuperando y retomando las relaciones sociales que antes tenía y que eran favorables».

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