Diario Sur

carta del director

Bulle la sanidad en Málaga

Desde que el pasado 16 de octubre más de 40.000 personas se echaran a la calle en Granada para protestar por la fusión de sus dos hospitales, convocados por un médico apodado ‘Spiriman’, la sanidad pública andaluza entró en un estado de agitación. Y Málaga no quedó ajena a este proceso de ebullición, congregando el pasado domingo a unas 3.000 personas que recorrieron calle Larios bajo sus paraguas y en un día que invitaba a todo menos a participar en una manifestación. No fueron 40.000 personas como en la tercera convocatoria de Granada, ni 15.000 como en Huelva, pero no hay que despreciar una cifra que evidencia síntomas de hartazgo entre profesionales y usuarios de la sanidad pública en Málaga.

Es cierto que esta primera convocatoria en Málaga pareció una mala copia de la de Granada; quizá porque sus convocantes quisieron –quizá con buena voluntad y demasiado afán– clonar la rebelión ciudadana, cuando los problemas y las necesidades de ambas provincias son muy diferentes, y tuvieron demasiada prisa en salir a la calle pese a no contar con el respado de los principales colectivos profesionales de la sanidad ni con los sindicatos. El profesor Jonathan Andrades, conocido por su activismo malagueño y por defender la independencia de Málaga respecto a Andalucía, quiso ser el ‘Spiriman’ malaguita, pero por ahora se quedó sólo en un deseo.

La politización de la movilización fue otro elemento discordante, que puede afectar a la esencia misma de la convocatoria: mejorar la sanidad pública. Es un hecho que partidos políticos de todo signo han visto en las movilizaciones de Granada el germen de un estallido social en Andalucía y por ellos azuzan el fuego con disimulo, pero con determinación.

Que a la primera cita se apuntara la plana mayor del Partido Popular (presidente del PP y presidente de la Diputación, Elías Bendodo, y alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, entre otros) sólo se puede entender como un error de cálculo o como efecto de la propia excitación. Al igual que la presencia del diputado de Podemos Alberto Montero, junto con su rival-compañero-amigo Espinosa. También estuvieron por Ciudadanos Juan Cassá y la diputada Teresa Pardo. Izquierda Unida no estuvo, quizá porque está embarcada en la recogida de firmas para exigir a Susana Díaz la mejora de la sanidad andaluza. No faltó ni siquiera la ultraderecha, representada por una asociación con una veintena de miembros (Málaga-1487) capaz de colocar una pancarta en la cabecera de la manifestación en la que quería dejar constancia de que la sanidad pública es un derecho para los españoles y que entre otras actividades recolecta alimentos sólo para compatriotas «frente a una inmigración desmedida».

Y frente a la politización, la ausencia colegial y sindical. No estuvieron formalmente ni los médicos ni los enfermeros, ni tampoco los sindicatos. Y no por disconformidad, porque algunos estuvieron a título personal. Coinciden en las reivindicaciones, pero por el momento no se ponen de acuerdo en cómo llevarlas a cabo.

Toda esta amalgama de aspiraciones e intereses no debe ocultar el verdadero problema de la sanidad en Málaga ni mucho menos debe abrir la puerta a una politización de las reivindicaciones que le resten valor y fuerza.

La Junta de Andalucía se tiene que tomar más en serio la sanidad pública en Málaga, porque tiene un problema real en roda Andalucía. Es un hecho la falta de infrestructura, la falta de medios humanos y económicos y, sobre todo, el gravísimo problema de las listas de espera, que condena a muchos enfermos.

La sanidad pública es una de las mayores conquistas sociales de los españoles y es por ello que a los propios usuarios les cuesta arremeter contra ella. Pero el punto de ebullición y el descontento latente es hoy por hoy una realidad. El problema de la sanidad y las reivindicaciones de inversiones y mejoras deben afrontarse desde la transparencia y desde la unión de toda la ciudadanía, sin colores ni más interés que solucionar los problemas.

Los profesionales -médicos, enfermeros, personal de administración, etc.- son los que deberían liderar el diálogo, porque son ellos los que mejor conocen la situación. Ahora toca mojarse. Y la Consejería de Salud, a través del consejero Aquilino Alonso, debiera acceder a dialogar, no cerrar puertas y establecer un plan de acción concreto, con fechas y partidas presupuestarias.

Lo prioritario e importante no es sacar a la calle a 50.000 personas, que siempre se puede hacer, sino acometer con decisión las mejoras urgentes que requiere la sanidad en Málaga. Dependerá de la hoja de ruta que se establezca, de la decisiones que se tomen y el compromiso real de la Junta el que la solución llegue en los despachos o en la calle.