Diario Sur

«La escuela y la familia aún orientan a las niñas hacia carreras en teoría feminizadas»

Ramos, con libros del legado de la profesora Iris Zavala, que donó 8.000 títulos a la UMA.
Ramos, con libros del legado de la profesora Iris Zavala, que donó 8.000 títulos a la UMA. / Álvaro Cabrera
  • María Dolores Ramos. No todos los historiadores hacen historia. Ella en su espacio empezó a reescribirla para influir en la vida pública y en los contenidos académicos. Investigación y docencia sobre la reivindicación del papel de la mujer en España tienen en esta profesora rondeña una pieza clave

De maestra rural a los 17 años en la Serranía a catedrática en 1986, una carrera dura y por libre en la que sólo iba a los exámenes. También por libre ensayó junto a un grupo la revolución del siglo XX dentro de la UMA. Creó hace 28 años el Seminario sobre Estudios Interdisciplinarios de la Mujer, una primera barricada para que la Historia dejara de estudiarse y enseñarse sólo como cosa de hombres. Ahora ese objetivo se plasma en 15 asignaturas para los diferentes grados. Su activismo feminista es abierto –«Hay muchos feminismos», sostiene–, pero tiene claro que estamos en un punto muerto en el reparto de tareas. No así en la asignatura ‘Igualdad, género y política en el mundo actual’, ya con más hombres que mujeres.

–Dígame sólo dos cosas que se deban al empeño del seminario que creó hace casi 30 años

–Hemos tenido una relación muy fluida con el Instituto de la Mujer, que creó Carmen Olmedo, una mujer muy luchadora y de ideas muy claras de lo que tenía que innovar el feminismo en el sentido igualitario. Ha habido momentos muy buenos. Hicimos, por ejemplo, un estudio a finales de los 90 sobre usos del tiempo, laboral, doméstico y tiempo libre, pero no ha vuelto a haber otro para ver la evolución. Se demostraba que el tiempo productivo favorece a los varones hasta veinte puntos por encima, el trabajo doméstico también, porque las mujeres son las que mayoritariamente lo asumen. En tiempo libre, también los varones se ven favorecidos justo por todo lo anterior.

–No ha habido nuevos estudios, pero ¿hemos avanzado?

–Estamos en un punto muerto. El reparto de roles se queda en el discurso pero no llega al día a día. Había datos muy curiosos en aquel trabajo con respecto al trabajo productivo. Los datos de Eurostat sobre la brecha salarial siguen dando en torno al 19 por ciento de diferencia. A España nos sitúa en el sexto lugar después de países bálticos, Chequia y Austria. La media europea está en 16.

–El Foro Económico Mundial ha revisado hace poco su previsión, y la igualdad dice que tardará 170 años.

–Y eso que se refiere al mundo pretendidamente opulento. Dejamos atrás tercer y cuarto mundos. Si no, los datos serían más abrumadores.

–¿Occidente tiene que aprender algo de algunos países del tercer mundo en reparto de tareas?

–El tercer mundo es peor. Eso es un poco mito. Yo explico en ‘Política género y cultura del mundo actual’, un tema dedicado a la India. Es sobrecogedor. Diferencias de etnia, casta, religión. El valor de una mujer de la casta más baja es cero. Son meros animales.

–¿Y qué tienen los nórdicos que los latinos no tengamos para liderar la igualdad?

–Estado del bienestar desde la primera década del XX. En España, la II República fue un periodo breve. Se implantó el seguro de maternidad, la coeducación...pero después vino la larga noche de la dictadura.

–La natalidad está en retroceso. España envejece. ¿Es en parte una victoria de la igualdad?

–Yo no diría eso. No lo veo en términos de dicotomía. Históricamente las políticas de los gobiernos han tenido momentos en que la han primado, como en la dictadura de Franco. La natalidad ha estado politizada. En la sociedad actual, la situación de crisis, la libertad de elección de la mujer, su incorporación al trabajo, todo eso introduce racionalidad y es una señal de modernidad.

–¿Cuál sería una buena política de natalidad en su opinión?

–Son las mujeres y las parejas las que deciden y deben decidirlo libremente en función de sus circunstancias personales, económicas y familiares.

–Según eso, parte de la cuestión está en manos de los empresarios, con acuerdos económicos y sociales que la favorecieran.

–Puede haber medidas en términos políticos, pero la decisión última es de la mujer.

–Sigue siendo uno de los ‘burkas’ invisibles en nuestra sociedad que la mujer manifieste que no quiere ser madre. Proclamarlo no está tan bien visto como lo contrario.

Yo diría que no. Es una de las conquistas de la mujer. Nuestra sociedad rural también ha cambiado mucho, y nos encontramos con mujeres muy dinámicas y emprendedoras. La sociedad agraria ha cambiado. Tengo mucha confianza en las mujeres del campo.

–Usted es de pueblo.

–Soy rondeña, pero a una rondeña no le diga que es rural porque se enfada. (Ja,ja,ja). Es broma. Conozco muy bien la zona. Estuve de maestra al tiempo que estudiaba Filosofía y Letras. La distancia entre lo que había y hay es impresionante. Estuve en una aldeíta, Arroyomolinos, en una escuela sin luz. La ola de cambio de pautas ha sido común a la ciudad y el campo. El error sería pensar que sólo las ciudades han evolucionado.

–Sin embargo, la mujer objeto sigue bien fuerte en terrenos como la publicidad.

–Son los clichés de siempre. La mujer objetualizada aunque también vemos ahora a hombres. No podemos hablar de un solo modelo de feminidad ni de masculinidad. Habría que hablar de modelos diferentes.

–¿Tacones de 15 centímetros y escotes inverosímiles es uno de ellos?

–Es una forma. No es la feminidad hegemónica, pero es un arquetipo. La mayoría que trabajamos nos movemos en autobús y no vamos así.

–Por qué en el mundo femenino no hay referentes de éxito social como pasa en el fútbol.

–El fútbol femenino existe, pero es minoritario respecto al masculino. A mi me gusta el fútbol. En casa todos somos del Barça, incluida mi hija, y hay muchas mujeres que se incorporan a esa afición. En un viaje a Portugal a un partido con el Benfica fue una sorpresa ver qué cantidad de mujeres iban a animar el equipo. Ese proceso igualitario hace que muchos arquetipos vayan cayendo. Lo que sigue siendo más difícil es ver en deportes femeninos a varones. Los hombres defienden en el fútbol espacios que consideran que son propios, pero evidentemente no lo son.

Carreras técnicas

–¿Qué explica que en las carreras técnicas la presencia femenina sea baja, pese a que la mujer es mayoría en la universidad?

–Eso es así, pero cada vez hay más chicas que se dirigen a estos estudios. Lo que pasa es que, más que prevenciones, hay que pensar en el papel que juegan los mecanismos socializadores. La escuela y la familia aún orientan a las niñas a profesiones en teoría feminizadas por entender que están dentro de sus roles: sanidad, enseñanza, cuidados... aunque ya estén entrando muchos hombres. Ante las carreras técnicas la prevención no está en las chicas si no en la sociedad. Luego hay otro factor y es el mercado laboral en el que ser mujer supone discriminación. Ante una chica con novio, se prefiere al varón, porque se piensa que ella se va a escorar hacia su función prioritaria, de casarse y tener hijos. No se tiene en cuenta la nueva actitud ante la natalidad, que cada vez se retrasa más. Los propios ginecólogos animaban a tener los hijos pronto, y esas imágenes tradicionales pesan. En Medicina, donde dí clase de historia de la medicina, todas tiraban por puericultura, medicina de familia, pediatría. Qué curioso, pensaba, ¿quién mejor que una mujer para problemas de mujer? Esa inercia se ha roto. Otro problema es el techo de cristal, poder desarrollar el trabajo para el que te has preparado. Entrar y ascender en puestos de responsabilidad y poder. Ahí empiezan a quedar por debajo de los varones. Ahí cuenta también el reparto de papeles en la pareja, el papel con los hijos.

–Pero ambición y competitividad se asocian más al hombre, y la evaluación de ventajas e inconvenientes, a la mujer, más práctica.

–Obviamente no solo es el sistema, la organización familiar, la doble presencia, la doble jornada... Todo eso influye, y por eso hace falta romper con muchas dinámicas y condicionantes para que ese proceso igualitario se lleve a cabo. En los países nórdicos esa revolución sí se ha llevado a cabo. Hay mujeres, más que competitivas bien preparadas, que no han renunciado a ocupar puestos de responsabilidad, a autolimitarse. Es común, también que allí haya hombres en funciones no tan importantes y sin embargo cuidando la familia. Eso es una verdadera revolución cotidiana hacia una vida más igualitaria y yo pienso que más feliz.

–Prohibirla, regularla, o mirar para otro lado, como hace España. ¿Qué piensa sobre la prostitución?

–Es un problema complejo y no se puede despachar en pocas palabras. Es un oficio que va a más bajo formas más sutiles y más salvajes. Noticias frecuentes sobre redes demuestran que es uno de los grandes negocios, junto a la droga. Hemos hecho estudios sobre el siglo XIX en coyunturas muy concretas, y también en la II República cuando tuvimos a Federica Montseny partidaria de acabar con ella. Creó los liberatorios de prostitución, donde las mujeres iban libremente, se las atendía médicamente y se les curaba el alma, como decía, porque es una profesión que degrada y humilla. Se las preparaba para algún trabajo. A comienzos del siglo XX había también redes de tratas de blancas, mujeres engañadas, que se embarcaban a América. Nada nuevo.

–Pero está la mujer que quiere ejercer ese oficio.

–En eso hay un debate de las propias feministas. Hay quien propone que se considere un trabajo, con unas condiciones. Otra posición, la del feminismo histórico, es la de acabar con la prostitución.

–Y a usted, ¿qué le dicta su corazón?

–Que hay que acabar con la prostitución, racional y emocionalmente es lo que creo. Es verdad que hay otro elemento de racionalidad en quienes defienden mantenerla y regularla en tanto que va a ser una actividad que siempre estará ahí. Por ahora es una cuestión insoluble.

–En la violencia machista tenemos una de las leyes más avanzadas. Se trabaja en un pacto de Estado, pero parece que la solución no vendrá sólo a través del BOE.

«La escuela y la familia aún orientan a las niñas hacia carreras en teoría feminizadas»

–El sustrato de la violencia machista es el de una sociedad muy violenta en general. La violencia de género es muy importante, pero también la hay en las escuelas. Hay una pérdida de valores, y la violencia de género es de un carácter muy específico, la ejerce quien considera a la mujer un bien propio al que se puede manipular no sólo físicamente. Se necesita trabajar desde la base, desde los colegios, los institutos, en la publicidad porque subliminalmente conduce a un modelo de dominio del varón, sutil o descaradamente. La sociedad es lo que construimos, formamos parte de ella, pero también se puede deconstruir en una línea humanista, de tolerancia y respeto. Es una labor titánica, sin resultado a corto plazo. Está claro. Son políticas varias. Esta la legislación y el control de si se lleva a la práctica. Desde luego es un cáncer.

–Pocas veces el machismo entre los más jóvenes tuvo herramientas tan potentes para reafirmar su control sobre la mujer como la tecnología digital.

–No me gusta hacer análisis tan generales. Mi profesión me obliga a hacer análisis. Mis alumnos y alumnas saben que no hago grandes propuestas en un sentido u otro. La era digital tiene una parte oscura y tiene que haber elementos de control. La realidad es muy complicada, incluso cuando hablo de feminismo lo hago en plural. Está el de la igualdad, el de la diferencia, el multicultural, el blanco, el negro...

–También hay un feminismo que aspira a la igualdad pero desde planteamientos contra el varón.

–Sí. El feminismo radical. No diría tanto en contra, como de exaltación de la mujer, que parte de una situación de debilidad.

–Pero incurre en formas de orgullo genital propias del machismo más rancio.

–De nuevo, ni sí ni no. Nos estamos moviendo en parcelas que a veces se comunican, otras no, que pueden tener dinámicas que tienen todo el sentido para esas mujeres y que pueden o no ser asumidas por otras sin que eso signifique que todo el feminismo esté de acuerdo. No olvidemos que es un fenómeno blanco, con riesgo de etnocentrismo o eurocéntrico.

–¿Hay feminismos que hacen daño al feminismo?

–Betty Friedan, en los 60 y 70, en la segunda gran ola del feminismo, tuvo la idea de entender que las mujeres eran plurales, igual que los varones. Su gran revolución iba en contra la mística de la feminidad –esposas y madres sin proyecto propio– y creo la organización nacional de mujeres norteamericanas. Su idea fue sumar. Había afiliadas en posiciones más radicales que se extrañaban de ir junto a republicanas elegantes. Siempre decía: las queremos. Todas pintan. Si queremos cambiar la sociedad, nadie sobra, con independencia de debates muy intensos. También surge el feminismo lésbico, que históricamente tuvo sus más y sus menos.

–¿El feminismo puede ser derechas?

–Está segmentado por las culturas políticas. Lo explicamos en nuestras clases. Hay feminismo republicano, incluso un feminismo católico, las más progresistas dentro de sus planteamientos. María Cambrils, socialista, ya pedía agrupaciones femeninas.

–Al escuchar conciliación, ¿qué piensa?

–Nuestras antepasadas trabajadoras ya hablaban de esto en el siglo XIX, y seguimos. Se pedían guarderías, cantinas..

–¿Defiende las cuotas?

–Es una herramienta.

–¿Con fecha de caducidad?

–Depende, si se pone el acelerador en marcha porque se trata de sacar a la luz a a las mejor preparadas. Así debería ser en puestos de responsabilidad. Como tal herramienta, debería llegar el momento en que no fuera necesaria, naturalmente.

–¿Sería más eficaz un feminismo del día a día desde los puestos de decisión que desde abajo?

–El feminismo institucional es otro de esos feminismos diferentes. Si no existiera, los institutos de la mujer no existirían. Ese feminismo debe recoger los planteamientos de la base, de los colectivos diversos, empresariales, juveniles...

–Parte de la debacle de Clinton ha sido precisamente, para una parte de los votantes, el ser mujer.

–Puede ser. De hecho el presidente electo escribió en su web que preferiría una hija con cáncer antes que feminista. Trump representa lo peor de los valores patriarcales: misoginia, machismo, racismos.

–Si Trump representa lo peor, ¿su bella mujer?

–Él podría tener un problema en casa. Ella no es americana, y tiene una formación de un país con estructuras opuestas al mundo occidental. Habrá que ver sus inquietudes. En principio, es una mujer objeto. Me ha parecido leer que se iba a dedicar contra el acoso a la infancia. Habrá que verla. Es el modelo opuesto a Clinton, una mujer preparada y luchadora.