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La vida (casi) eterna de una toallita

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  • Su uso como sustitutivo del papel higiénico está detrás de la mayoría de atoros en Málaga y provincia. Nos proponemos con un experimento demostrar por qué es tan peligroso que se tire al váter

Las toallitas húmedas, ésas que fueron concebidas para la higiene de los bebés pero que han pasado a serlo para toda la familia en muchos hogares, se han convertido en los últimos años en la principal oportunidad de negocio para las empresas de desatoros, pero también en un enorme quebradero de cabeza para las entidades que gestionan las redes de saneamiento. ¿Por qué? Pues porque todavía son muchas las personas que, bien por desconocimiento bien por dejadez, acaban tirando estas toallitas por el inodoro como si se tratara de papel higiénico.

Pero no lo son, como queda demostrado en la prueba realizada por SUR, consistente en grabar durante cinco días la evolución de ambos productos. Los resultados no dejan lugar a dudas. Mientras el papel higiénico se va degradando hasta volver a su origen pastoso en su camino por las tuberías hasta llegar a la depuradora (unas 48 horas), en el caso de las toallitas este proceso de disgregación puede llegar a tardar varios meses. Incluso las que son biodegradables y, en teoría, aptas para ir al desagüe, también generan problemas, ya que si bien su degradación es más rápida (en torno a cinco días), no lo suficiente como para coincidir con los tiempos del ciclo de depuración del agua.

Y es que las toallitas están hechas a partir de fibras textiles compactadas que difícilmente se rompen, por lo que dan lugar a grandes madejas que retienen a su vez otros materiales y acaban formando un tapón en la red. Sólo en el caso de Málaga capital, la empresa municipal de aguas (Emasa) retira cada año más de 300 toneladas de desechos de la red de saneamiento, sobre todo toallitas. A nivel local no está contabilizado el sobrecoste que conlleva, pero sí a nivel internacional. En Europa, la asociación que agrupa a las empresas de abastecimiento y saneamiento (EurEau) estima entre 500 y 1.000 millones de euros el gasto que ocasionan en los sistemas de depuración.