Un milagro por Navidad en la calle Larios

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Carlos tocó para SUR en una calle Larios desierta. / Ñ. SALAS / P. J. QUERO / A. PEÑA

  • Carlos Aguilera, el paciente que tocaba el saxofón mientras le extirpaban un tumor cerebral en Málaga, graba una felicitación para SUR en la que será su Nochebuena más feliz

El reflejo del escaparate iluminado no le devuelve la imagen de un héroe. Al menos Carlos Aguilera no quiere verse así. «Por suerte y vivo más tranquilo si nadie me reconoce por la calle», dice este músico de 27 años. Es la una de la madrugada y la gente que pasea por la calle Larios no reparan en el joven que salió por la tele hace una semana: Un paciente que tocaba el saxofón mientras le extirpaban un tumor cerebral. Pese a un tour mediático tras la presentación de una operación pionera en España, Carlos es aún tímido. Habla despacio, va aún al logopeda y a veces se le atasca una palabras. Pero hay una frase que se sabe como una melodía: «Tengo la vida por delante: he vuelto a nacer».

Carlos detiene su lento caminar y alza la vista a este artificial cielo estrellado que ahora le ilumina. Recuerda que hace justo un año, en este mismo sitio, también fue feliz. Como hoy. «Tocaba con mi orquesta ahí al fondo», señala al escenario de la plaza de la Constitución. Era la fiesta de Nochevieja. «Después de eso, este maldito 2015 no ha traído nada bueno», sentencia. Han sido muchos problemas «también en la familia» y cruza una mirada con sus padres, Dionisio y Rosa. «Lo importante es que ahora él está bien, eso nos da fuerzas», y Dionisio no puede contener las lágrimas.

la operación

Todo empezó unos días antes de la Semana Santa. «Era mi primer año como becario en la Banda Municipal de Málaga y me hacía mucha ilusión», pero todo se torció. Mientras cuenta su historia, suelta su maletín en un banco y comienza a armar el saxo con mimo. Recuerda que al principio eran ausencias, incluso mientras estaba tocando. «Me he mareado o algo», le decía a los compañeros de la banda cuando le preguntaban. Nunca dejaría el saxo, entre pruebas, visitas a especialistas y hospitales. «Por suerte nunca lo he llegado a echar de menos -y lo acaricia-, pero tenía ganas de volver como ahora». Aún le flaquean las fuerzas.

No va a regalar ningún villancico esta Nochebuena. «Bastante toco el resto del año por obligación como para torturar a la familia también por Navidad». Sus padres sonríen. Que comparta con ellos la mesa es suficiente. Es el regalo. «Empezó con nueve añitos y no ha parado desde entonces», dice Dionisio. Se merece también en esto unas vacaciones. Pero, como última concesión a la Navidad y, antes de tomarse un merecido descanso, Carlos va a interpretar 'Noche de Paz' en la calle Larios. Aprovechando la calma que da la madrugada y mientras unos pocos exprimen las cenas de empresa y hacen bromas los amigos. Al pasar prestan oído a ese chico que una semana atrás salía por la tele, pero al que casi nadie pone rostro.

«Hace dos meses estaba en una camilla y ahora tengo la vida por delante», repite Carlos acariciando un recorte de SUR de aquél 16 de diciembre en que saltó a las portadas. El joven pide a 2016 que las cosas se queden como están. También un trabajo, ¿por qué no? Como cualquiera. Pero, sobre todo, que el próximo año no se parezca a este. Que tras su giro de 360 grados, la vida no de más vueltas. «En esta noche de paz...», hay alguien que lo mira y susurra el final. Acaba su villancico. Mientras recoge el saxo el cielo de Larios comienzan a apagarse. La urgencia la imprime también ese camión de la basura allá al fondo, pero hay una pregunta que tiene que ser respondida: «¿Crees que cualquier cosa es posible en Navidad?». Tampoco se lo había cuestionado, pero el héroe que no quiere serlo, dice sin dudar: «De lo que estoy seguro es de que los milagros existen».