Los 'guiris' se vuelven a su tierra

gráfico

Residentes extranjeros en la terraza de un restaurante de la provincia (archivo). / Josele-Lanza -
  • Municipios costeros como Torrox pierden en un año hasta el 40% de su población empadronada extranjera

  • El envejecimiento,la pérdida de poder adquisitivo y la presión fiscal provocan el retorno de europeos que llevaban décadas afincados en la provincia de Málaga

La situación más típica es la de una persona octogenaria británica o alemana que lleva al menos una década afincada en la Costa del Sol pero que, tras perder a su cónyuge, decide volver a su país porque allí tiene familia en la que apoyarse. En la oficina de atención al extranjero del Ayuntamiento de Mijas conocen cada día casos como los que nutren la estadística difundida ayer por el INE. «Los británicos que vinieron a vivir a la Costa del Sol en la época del boom, en los años 80 y 90, estaban entonces recién jubilados pero ahora ya son muy mayores», explica la coordinadora de este servicio, Anette Skou. Según los últimos datos del Padrón Continuo, la provincia perdió población por primera vez en 17 años entre enero de 2013 y enero de 2014 –unos 31.000 habitantes– y lo hizo por la marcha masiva de extranjeros. De hecho, la población de nacionalidad española aumentó, pero no pudo compensar la pérdida de casi 43.000 empadronados de otras nacionalidades.

Esta disminución afecta a 88 de los 101 municipios de la provincia, pero son los de la costa los que más sufren esta sangría. Mijas, el pueblo con mayor colonia extranjera, se lleva la palma con 8.000 vecinos menos en un solo año. Le siguen Marbella con una caída de 3.300; Torrox con 3.000 (que protagoniza la mayor bajada proporcional: pierde el 16% de su población); Nerja con 2.269; y Benalmádena y Torremolinos con unos 2.000 vecinos menos cada uno. En contraste, el municipio que más población gana es Vélez-Málaga (897 vecinos), casi empatado con Rincón de la Victoria. Les siguen Benahavís, Alhaurín de la Torre y Cártama.

Británicos y alemanes

La colonia británica, que es la más numerosa en la provincia, es también la que más está debilitándose por este fenómeno. Casi la mitad de la población extranjera perdida entre 2013 y 2014 (es decir, 20.000 personas) corresponde a esta nacionalidad. Les siguen los alemanes, con 5.425 empadronados menos; y a mayor distancia Francia, Italia, Suecia y Dinamarca, con descensos de entre 1.200 y 1.500 vecinos.

Los 'guiris' se vuelven a su tierra

Pero ¿es posible tal éxodo en un solo año? Fuentes de diversos municipios matizan que puede ser algo que ha estado ocurriendo en los últimos años pero que hasta ahora no se había reflejado en el padrón. Y es que los ayuntamientos tienen la obligación de renovar el empadronamiento cada cinco años en el caso de los ciudadanos de la UE y cada dos los no comunitarios. Así que puede darse el caso de que extranjeros se hayan ido sin comunicar su baja y hasta que no ha llegado el momento de la renovación de su empadronamiento no se ha constatado su marcha. También hay personas ya muy mayores que se olvidan o no se molestan en hacer ese trámite aunque sigan residiendo en el pueblo en cuestión.

Se haya producido en un año o en varios, el fenómeno es innegable. Y para Anette Skou apunta a otros motivos aparte del principal, que es el envejecimiento de estas colonias formadas mayoritariamente por jubilados. «La libra ha bajado y los precios y los impuestos han subido, así que su poder adquisitivo se resiente», explica. Además, el colectivo escandinavo, por ejemplo, ha perdido muchas ventajas fiscales, por lo que muchos residentes «prefieren cambiar ese estatus por el de turista», añade.

Ante este retorno, los ayuntamientos redoblan esfuerzos en sus campañas para fomentar el empadronamiento. Y es que la pérdida de población afecta directamente a sus arcas, puesto que el dinero que reciben del Estado depende de su número de habitantes. En cambio, hay otras nacionalidades que están aumentando su presencia en la provincia. El caso paradigmático es Rusia: 528 ciudadanos de este país se empadronaron en municipios malagueños en 2013. Un ascenso que está directamente relacionado con el auge en la compra de viviendas de segunda residencia en la costa por parte de rusos de alto poder adquisitivo. También China continúa su flujo migratorio hacia Málaga, aportando otros 238 vecinos al padrón.

En Málaga capital se observa una tendencia diferente. También pierde población (1.566 empadronados menos en un año), y también se debe a la marcha de vecinos extranjeros. Pero en su caso no se trata de jubilados europeos que vuelven a sus países, sino de emigrantes marroquíes, sudamericanos o rumanos que se van por la falta de oportunidades.