Los que vigilan las entrañas de Málaga

Los agentes de la Policía Nacional vigilan la ciudad por debajo de su cota cero. /Fernando González
Los agentes de la Policía Nacional vigilan la ciudad por debajo de su cota cero. / Fernando González

Los agentes del grupo de Subsuelo del Cuerpo Nacional de Policía actúan bajo la cota cero de la ciudad para garantizar la seguridad

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Cada día, se enfundan el uniforme y se ponen a trabajar. Sin embargo, lo hacen en un medio nada agradable, ya que su única compañía suelen ser ratas, cucarachas, un olor a humedad que se incrusta en los pulmones y gases que pueden llegar a acabar con la vida de una persona. Así es el trabajo de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) que vigilan las entrañas de Málaga. Conforman la Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental de la Comisaría Provincial.

Bajo la cota cero de las ciudades hay una serie de infraestructuras que son de vital importancia para los servicios de las ciudades, como pueden ser la red de alcantarillado o instalaciones eléctricas, entre muchas otras. Se trata de espacios confinados que son susceptibles de poder ser utilizados para cometer actos delictivos.

La vigilancia de estos espacios es el principal objetivo que tiene la citada unidad, que forma parte de los diferentes grupos de Seguridad Ciudadana. Por ello, Juanmi, que es el responsable de este equipo en Málaga, elabora diariamente un recorrido por diferentes puntos de la provincia que deben revisar.

Son puntos de interés a nivel policial, que, por ejemplo, suelen encontrarse cerca de edificios oficiales, viviendas de personalidades e instalaciones de las administraciones o aquellos en los que pueden producirse un evento, como un mitin político o un partido de alguna destreza deportiva.

Uno de los agentes del grupo se prepara para entrar en un colector.
Uno de los agentes del grupo se prepara para entrar en un colector. / Fernando González

Estos últimos son los denominados servicios especiales. Suponen un nuevo reto para los agentes, que, a su trabajo habitual, deben sumar la revisión de otros puntos, coincidiendo con fechas como la Semana Santa, la feria de la capital o la cabalgata de la noche de Reyes.

Juanmi insiste en que la unidad de Subsuelo es «la gran desconocida de la Policía Nacional». Pocos conocen que trabajan a diario para evitar, por ejemplo, que algún intruso se cuele en un edificio oficial a través de estas infraestructuras, que se lleve a cabo un sabotaje de las mismas, o, incluso, que algún terrorista las utilice para cometer un atentado.

Estos agentes patrullan esa otra ciudad que hay bajo tierra en la capital malagueña. Una zona en permanente oscuridad, pero «tranquila» en la que el principal riesgo para estos agentes se encuentra en lo hostil del medio en el que trabajan.

Por ello es indispensable estar bien equipado. Estos agentes toman numerosas precauciones antes de perderse bajo la superficie de la ciudad. Dejan atrás su vorágine para introducirse en el silencio de sus entrañas, donde su principal enemigo no se ve.

Son gases tóxicos, que pueden llegar a acabar con la vida de una persona, y que suelen encontrarse en las zonas por las que estos policías nacionales patrullan. Por ello, en su equipo no falta un medidor de estas sustancias y también llevan consigo equipos de respiración.

Así lo explica Juanmi mientras sus compañeros se preparan para introducirse en el interior de un estrechísimo colector, que son los puntos que recogen las aguas fecales y pluviales de las ciudades para llevarlas hasta las Estaciones Regeneradoras de Aguas Residuales.

Actúan siempre en equipo, ya que, mientras unos bajan al subsuelo, otros se quedan atentos para asistirles y un último agente se encarga de la vigilancia de la calle y de la zona que han acordonado para actuar.

«Si le tienes fobia a los espacios pequeños, este no es tu trabajo», insiste Juanmi, a la vez que precisa que muchos de los agentes que integran esta unidad han podido unir sus aficiones, como la espeleología, con su labor en el Cuerpo Nacional de Policía. Apunta que, para formar parte de la unidad de Subsuelo, hay que realizar un curso de formación.

También deben aguantar las bromas de los compañeros. Esos que les tienen puesto el apodo al grupo de las Tortugas Ninja o que les preguntan cuando se cruzan con ellos en comisaría cuántas ratas han detenido ese día, reconoce Juanmi mientras sonríe.

Pero lo cierto es que su trabajo sirve de ayuda a sus compañeros a la hora de esclarecer los asuntos. Por ejemplo, en los caso de tráfico de drogas, logran localizar sustancias que los narcos han tirado a la red de alcantarillado para deshacerse de ella, o algún arma con la que se podría haber cometido un delito. También, echan una mano cuando hay una persona desaparecida, revisando puntos a los que solo ellos tienen acceso por su destreza.

Hallazgo de personas

De hecho, los agentes de esta unidad han llegado a encontrarse a personas en el submundo que hay bajo la ciudad de Málaga. «Fue en el interior de un arroyo embovedado. Era un grupo de cuatro o cinco jóvenes que habían hecho pellas en el instituto y se habían adentrado en la oscuridad apoyados solo por las luces de sus teléfonos móviles», recuerda Juanmi. «A los chavales se les cambió la cara cuando nos vieron», señala el policía nacional, a la vez que recuerda la peligrosidad de realizar acciones como la de estos jóvenes, que incluso llegaron a estar en peligro ya que en la zona había una alta concentración de un gas tóxico. Finalmente, no pasó nada.

Aun así, insiste en que es raro encontrarse a alguien por las zonas en las que los agentes se mueven. «Cuando estaba en Madrid, sí llegamos a tropezarnos con un tío que se recorría los colectores buscando oro, porque a quién no se le ha caído alguna pieza de este material alguna vez, y hasta un butrón en una galería para acceder a las cajas fuertes de un banco, en las que robaron», relata Juanmi.

Mientras los policías nacionales recogen todo el dispositivo que han montado para inspeccionar uno de los colectores de la ciudad, Juanmi es contundente a la hora de asegurar que las entrañas de Málaga «están muy tranquilas». La puerta de la furgoneta en la que se desplaza el grupo cierra, el vehículo arranca y los agentes se marchan al siguiente punto. No hay tiempo que perder.

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