LA VERDAD EVANGÉLICA

IGNACIO NÚÑEZ DE CASTRO, SJ

Jesús habla a los discípulos. Su queja va contra los fariseos que han ocupado la Cátedra de Moisés, que ponen fardos pesados sobre los hombros de los demás, pero que no están sinceramente dispuestos en su interior a cumplir la ley. Él,que no ha venido a abolir la ley, sino a llevarla a plenitud, anima a los oyentes a «haced y cumplid lo que os digan». Y consciente de que es el «Maestro y Señor» aconseja a los suyos que no se dejen llamar maestro, porque «uno solo es vuestro Maestro»; que no llamen padre a nadie en la tierra, porque uno solo es el Padre del cielo y que no se dejen llamar jefes (líderes, guías), porque «uno solo es vuestro Señor».

Estas palabras de Jesús tienen la fuerza de un testamento, cuando Jesús sabe que su partida es inminente y quiere fundamentar la comunidad cristiana en la igualdad entre todos, en la fraternidad, porque todos somos hermanos, y en la libertad; Él había dicho: «si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis realmente discípulos míos y la verdad os hará libres» (Jn, 8, 31). El pensamiento moderno creyó descubrir la nueva organización social en el triple lema: igualdad, libertad y fraternidad, pareciendo ignorar que fue el Maestro quien, con su vida y con su muerte, proclamó la verdadera igualdad entre los hombres y mujeres, la verdadera fraternidad entre todos los pueblos y la verdadera libertad personal. Frente al endiosamiento de cualquier poder, los creyentes hemos de proclamar la humilde y sencilla verdad evangélica, la que nace del convencimiento de que todos somos hermanos, hijos del Padre del cielo.

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