Aquel verano de Macarena Regueira

Tardes de playa. Las tardes las pasaba junto a ‘El meren’ como ella llamaba a Antonio Martín, jugando con su hermana en la arena de la Malagueta.

La presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias de Málaga recuerda la gran aventura de su niñez: su primera escapada fuera de casa a un campamento

Almudena Nogués
ALMUDENA NOGUÉSMálaga

Hija de hosteleros, en plena temporada alta Macarena Regueira tenía más que asumido que la llegada del verano era sinónimo de rutina. Su familia tenía que echar horas en el merendero y a su hermana y a ella les quedaban los planes de siempre. Que no por ello peores. Nada de grandes viajes. Disfrutar de las pequeñas cosas. Saborear su Málaga querida en época estival, que no es poco. Así, recuerda, pasó su niñez. Vecina de la Malagueta, la presidenta de la Asociación de Mujeres Profesionales y Empresarias de Málaga (Amupema) tenía la playa justo al bajar de casa. Y así todo era más fácil. «Cuando mi madre preparaba la comida cogíamos las toallas y nos íbamos a dar un baño. Por la tarde, ya con la fresquita, montábamos en bicicleta hasta el Paseo del Parque y si teníamos ganas llegábamos hasta Casa Mira a tomarnos un helado de turrón, mi favorito. Así eran nuestros días de verano. Con planes sencillos», explica la directora de ‘Makyre. Eventos con dos tacones’.

Entonces llegó SU VERANO. En mayúsculas. Ese en el que conoció la sensación de libertad. El estar por primera vez alejada un tiempo de sus padres. Para una niña de 11 años aquello fue toda una aventura que, de hecho, quedó tan grabada a fuego en su memoria que hoy, 27 años después, es capaz de bucear en aquellos recuerdos como si fuera ayer. «Siempre he estado en grupos de catequesis y ese año, cuando mis padres consideraron que tenía la edad suficiente, me dejaron ir a un campamento que organizaban en Los Sauces. Era la primera vez que salía de casa y estaba emocionada. ¡Imagínate! Irme con mis amigos sola... aquello sin duda me marcó», admite entre risas.

«Por las noches contábamos historias de miedo y luego me tiraba días sin dormir»

«Ya apuntaba maneras: siempre estaba organizando cosas o coordinando juegos»

De aquellos días, para Regueira inolvidables, recuerda las noches en tienda de campaña bajo las estrellas, las confesiones entre amigas, las caminatas al aire libre con sus walkman rosa escuchando los éxitos de Mecano... y las historias de miedo de los monjes sin cabeza. «Los niños me aterraban contando historietas sobre una casa derruida y como era tan miedica me pasaba luego noches en vela sin poder dormir», admite. Y continúa: «Fue un verano muy especial. Tengo grabados los desayunos en aquella mesa de madera infinita donde comíamos todos juntos y los juegos que hacíamos con los platos y los vasos que llevaban nuestros nombres escritos. Al que perdía le tocaba ir a por la fruta», señala.

Hija de hosteleros, la directora de ‘Makyre, eventos con dos tacones’ tenía asumido que en temporada alta tocaba quedarse en casa y disfrutar de planes sencillos. ¿Sus favoritos? Pasear en bici por el Parque o tomar un helado de turrón en Casa Mira

La magia de ese campamento marcó su infancia convirtiendo aquel verano de principios de los noventa en uno de los más especiales de su niñez... Ya por entonces apuntaba maneras de por dónde iría su futuro profesional. Y es que Macarena llevaba la organización de eventos en la sangre. «Siempre estaba maquinando con mis compañeros, organizando cosas en las tiendas de campaña, coordinando juegos nuevos. He sido inquieta desde muy pequeña», confiesa la directora de Makyre.

Tan inquieta, que no paraba. Dentro ni fuera del campamento. Con sus amigas –los fines de semana era parada obligada la casa de su íntima María Adriana– o con su hermana Rocío. Cada verano, antes de acabar el colegio, tocaba preparar uno de esos eventos clásicos en su agenda estival. De esos que se convierten en tradición y, sin quererlo, acaban marcando el inicio de las vacaciones. «La bechamel de mi madre se hizo famosa entre mis compañeras. Tanto, que antes de que finalizaran las clases mi madre cogió la costumbre de invitar a mis amigas a tomarla en casa. No la perdonaban», advierte la representante de las empresarias malagueñas.

Y entre plan y plan, también había tiempo para afianzar los conocimientos aprendidos durante el curso e hincar los codos. Aunque a Regueira, que siempre ha sido buena estudiante, aquello no le pesaba lo más mínimo. Así, con la llegada del mes de julio entraban a su casa los míticos cuadernillos Santillana, otros de los reincidentes en los recuerdos de verano de su infancia. «Todas las tardes mi madre nos sentaba a hacer unas páginas y nos venía bien. Desde pequeña he tenido buenas notas pero hay una anotación que no faltaba en los boletines de mis profesores: el ‘Se distrae mucho’ y es que no lo podía evitar, así era yo», apostilla.

Hechos los deberes, tocaba bajar a ‘El meren’ como llamaban en su casa a Antonio Martín. Por aquel entonces el restaurante estaba rodeado de muchas rocas y su principal entretenimiento era lanzarle piedras a los gatos que merodeaban la zona. Así pasaba las tardes. Como ella misma ha advertido al principio de esta charla, con planes sencillos. ¿Otros de sus preferidos? Pasear hasta el Café Central con su abuela a visitar a su tío. «Ha trabajado toda la vida en la zona de dulces y nos encantaba ir a tomarnos algo o comprar caramelos» e ir al Tivoli, excursión obligada cada año.

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