El flechazo en Torremolinos de Paz Hurtado

Un paseo en barca . Paz Hurtado, en el verano de 1981, en el que fue a Torremolinos y conoció al que hoy es su marido, Gregorio López.
Un paseo en barca . Paz Hurtado, en el verano de 1981, en el que fue a Torremolinos y conoció al que hoy es su marido, Gregorio López.
Aquel verano de

De Dos Hermanas a la playa con dos amigas en un Seiscientos; y una alineación de astros, el destino, provoca que un dulce encuentro en el hotel acabe cambiando su vida para siempre

Pilar R. Quirós
PILAR R. QUIRÓSMálaga

Cuentan que los que llevan ciertos años a sus espaldas, años bien vividos, que uno, sólo uno de ellos marca la diferencia. El destino es caprichoso, sin duda, pero como las circunstancias mandan, a veces se produce esa conjunción de astros, que marca un antes y un después. Los que conocen esa vivencia, los que aciertan a colocarla en sus días como un hito tienen constancia de lo que supone. Esa experiencia vivida, fruto de reflexiones de lo que pudo ser y fue y que ahora disfrutan. En esta tesitura, afortunadamente, está el cruce de destinos entre Paz Hurtado y Gregorio López en el verano de 1981. Un matrimonio feliz que lleva 38 largos años juntos, de ellos 24 gestionando una empresa que crearon un común. Años que no se hacen largos aunque sí son intensos. Ellos comparten su vida personal y profesional. Ella como presidenta ejecutiva de Hutesa Agroalimentaria y él como consejero delegado. Ahora, cuando echa la vista atrás y recuerda cómo empezaron a trabajar juntos en la fábrica de aceitunas de Fuente de Piedra, que quebraba y que ellos compraban, espeta jovial que eso sí que es una medalla al trabajo compartido. Sin duda.

La mejor década de la música pop, los 80. Torremolinos, en la cresta de la ola del turismo internacional. El seiscientos como turismo al alcance de los bolsillos de algunos trabajadores y la Costa del Sol como lugar de peregrinación de todos aquellos que tenían algo más que tres duros de los entonces –cuando la peseta dominaba nuestro sistema monetario, tiempos aquellos…– para gastárselo en unas vacaciones en el rebalaje.

Paz Hurtado

A los quince días le avisaban en la fábrica de Dos Hermanas que un señor preguntaba por ella. Salía intrigada. Yahí estaba él. Con un elegante Chrysler rojo. Era el director financiero del Meliá Costa del Sol, que había conocido en Torremolinos. Ya nunca más se separarían. Hoy dirigen juntos Hutesa Agroalimentaria.

Y era precisamente en aquella época, 1981, el verano en el que la actual presidenta de Hutesa, la veinteañera Paz Hurtado decidió junto a sus amigas Ana y Paqui, compañeras de la fábrica de aceitunas de Dos Hermanas, venir a Torremolinos a pasar unos días, al Meliá Costa del Sol .

Y en esas que las tres intentaban hacerse una foto con la cámara de toda la vida (hasta entonces). Con carrete. Sin el artilugio ese de palo selfie que tanto romanticismo hurtó a las fotos demandadas a extraños. En esas que el director financiero del hotel donde estaban alojadas, Meliá Costa del Sol de Torremolinos, Gregorio López, se hacía cargo de la situación y se ofrecía gentilmente a inmortalizar el momento. Eran otros tiempos en los que las nuevas tecnologías no dominaban, subyugaban nuestras vidas, en los que un cara a cara era el principal baluarte de cualquier relación que se preciara.

Después de la instantánea, Gregorio, que les pareció muy amable, les aconsejaba encarecidamente ir a La Carihuela a comer pescaíto, y ellas tres con su Seiscientos, el mismo con el que habían llegado del interior, de Sevilla, cogían para cumplimentar el consejo. «Íbamos felizmente parando con los pies que sacábamos abriendo las puertas», cuenta jocosa entre risas, «porque el maldito coche no frenaba ni a la de tres». Esta historia le encanta. Se le nota. Cuenta divertida la casi rebautizada malagueña que preguntaban por el restaurante La Carihuela hasta que finalmente alguien se apiadó de ellas y les informó de que no era como tal un restaurante, sino toda una zona de restauración, a la que finalmente llegaron para comer pescaíto. Todo les parecía nuevo. Tiempos aquellos. Más primitivos, más auténticos.

Yaquel señor estupendo, como explica sonriente, les preguntaba al día siguiente qué tal el yantar y entablaba con ellas una conversación sobre sus trabajos y sus vidas. «Fue un rato muy agradable, pero ahí quedó la cosa», añade Paz con un punto misterioso. Se acababan las vacaciones en Torremolinos y volvieron a Dos Hermanas. A los quince días alguien la esperaba en la fábrica de aceitunas en la que trabajaba. ‘Paz, hay aquí un señor que pregunta por ti’, le decían. Ella salía intrigada a la puerta. Yahí estaba él. Apuesto. Con un elegante Chrysler rojo.

«Terminaba su trabajo y venía a Dos Hermanas a verme, tres horas ida y tres vuelta. Eso es amor»

Desde entonces, como cuenta la protagonista de nuestro verano en Torremolinos, Gregorio no dejó de faltar a la cita dos veces a la semana en Dos Hermanas. «Terminaba su trabajo e iba ya de noche a verme, tres horas de ida y tres horas de vuelta de entonces. Eso es amor y así sigue», cuenta con una sonrisa sincera que surca las comisuras de sus labios. Sus ojos, vivarachos, se encienden. Al año siguiente, en 1982, con 21 años venía a Málaga a seguir la historia con su ya novio. «Málaga ha sido el germen de mi proyecto de persona, de vida, de mi proyecto empresarial. Nació una ilusión, una nueva vida distinta, en un lugar diferente, un hombre delicioso y muchas posibilidades a mis pies», cuenta la exitosa empresaria que ahora, precisamente, sale cada día a las 7.45 horas desde Málaga, donde vive, hacia Fuente de Piedra, donde la producción de aceituna de mesa está a tope para surtir al turista. Un día turista en esta tierra, la misma que luego eligió para vivir y para conformar el proyecto empresarial que rige toda su familia. El pequeño Javier, su hijo, que aprendió a montar en bici alrededor de la fábrica, es hoy CEO junior de una empresa que acaba de ampliar su maquinaria para poder producir 17.000 toneladas de aceitunas de mesa, las mismas que se sirven, por ejemplo, en el Torremolinos de su flechazo, pero que también volarán a destinos tan exóticos como Tanzania, Kenia, Camerún y Nepal de la mano de esta compenetrada familia de empresarios de pura cepa. Una vida, una familia, una empresa.

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